Sociedad
Felipe VI o las facturas de la Reina Letizia: «Vergüenza», «Asco» o «¿Y esto lo pagamos todos?»
(R) El Rey Felipe VI y la Reina Letizia acudieron esta semana a un acto en París en el que, junto a Emmanuel Macron y su esposa Brigitte Macron, visitaron una exposición retrospectiva del pintor Joan Miró. Un acto en el que, como destacan varias publicaciones especializadas, Ortiz estuvo radiante.
Sin embargo, en las redes sociales no es que están dejando precisamente en muy buen lugar a los monarcas. En especial a la Reina. Y es que hace poco se supo los sueldos de los diferentes miembros de la Casa del Rey, y la polémica se ha desatado.
Los sueldos de la Casa del Rey
Tal y como informaron desde Zarzuela, este año su presupuesto se ha incrementado un 1.5 por ciento, teniendo ahora 668.952 euros por los 679.818 euros del pasado año. De esta forma, el Rey Felipe tiene un sueldo aproximado de 240.000 euros, mientras que el de Ortiz es de 133.000.
Por su parte, los reyes eméritos no se quedan cortos. Juan Carlos I tiene 194.000 euros a su disposición y Sofía una cifra cercana a las 109.000 euros.
Pero, sin duda alguna, lo que más lío ha creado en las redes es saber que, al margen de los 10.950 euros que gana cada mes la Reina Letizia, la mujer de Felipe VI cobra ni más ni menos que 1.015 euros por cada acto al que acude.
Las redes sociales arden
Una cifras que no han dejado indiferente a nadie, en especial a los más críticos con la Familia Real. En especial lo que más indignación ha causado es conocer ese ‘pequeño extra’ que gana la Reina cada vez que hace presencia en algún acto.
Tanto es así que comentarios como “Vergüenza” , “Asco” o “Escándalo” ya circulan por las redes. Es más hay quien incluso, de una forma muy irónica, se pregunta: “¿Y esto lo pagamos entre todos?”.
Un nuevo lío que sitúa a la monarquía en el punto de mira, y más tras unos meses en los que los escándalos con las filtraciones de Corinna ya había dejado muy ‘tocada’ a la institución.
(Gol)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
