Sociedad
Rumanía no se pronuncia en el referéndum sobre el matrimonio homosexual
El referéndum con el que se pretende bloquear las uniones de parejas del mismo sexo en Rumanía comenzó hoy su segundo día tras una escasa participación y un desinterés palpable durante la jornada de ayer, aunque se espera que el flujo de votantes aumente en las próximas horas.
La consulta pretende modificar la Constitución para que el matrimonio no se defina, como ahora, como una unión entre dos personas sino entre un hombre y una mujer, para impedir así una hipotética legalización futura del matrimonio homosexual.
Los colegios electorales volvieron a abrir sus puertas a las 07.00 hora local (4.00 GMT) sin incidentes reseñables, según el Ministerio de Interior, y se cierran a las 21.00 horas (18.00 GMT), momento en el que se dará a conocer el sondeo a pie de urna.
Sólo un 7,24 % de rumanos se había desplazado a las urnas hasta las 10.00 hora local de este domingo, informó la Oficina Electoral Central (BEC), lo que hace peligrar la validez de la consulta, ya que necesita al menos el 30 % de los votos de unos 19 millones de ciudadanos.
No obstante, se prevé un incremento considerable después de la misa de domingo, escribió el sociólogo Barbu Mateescu en su perfil de Facebook.
El experto cree que la participación debería alcanzar al menos un 16,2 % a las 13.00 horas para que la consulta tuviera alguna oportunidad de ser válida. Un sondeo reciente de la empresa demoscópica CURS colocaba la participación probable en el 34 %, aseverando que un 90 % de los participantes votaría a favor de cambiar la Constitución.
Los movimientos religiosos que han convocado el plebiscito llegaron a reunir hace tres años unos 3 millones de firmas a favor de la consulta.
Orban sí lo ve trascendental
Aunque algunos diputados del Partido Nacional Liberal (PNL) expresaron su oposición a la consulta, el líder de esta formación, Ludovic Orban, consciente de la importancia del voto rural en las elecciones, depositó ayer su papeleta al considerar que la cuestión del referéndum «es extremadamente importante».
«El referendo es la opción más fuerte de la democracia a través del cual cada ciudadano puede expresarse directamente sobre las decisiones que toma la sociedad», declaró Orban a su salida del colegio electoral.
El presidente de la Unión Salvad Rumanía, Dan Barna, aseguró en Facebook que la baja participación ha demostrado que los «ciudadanos piensan que es un referéndum inútil» y que «es un tema con el que la sociedad no se identifica en gran medida».
A pesar de que no se ha pronunciado de manera oficial respecto al referendo, está previsto que vote también el presidente, Klaus Iohannis, en Sibiu, su ciudad natal, según declararon fuentes cercanas a la agencia Mediafax.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
