España
Fiestas de La Elipa (Madrid): madrugada sangrienta a machetazos e injurias a la Policía
El descontrol más absoluto hizo que la penúltima jornada de las Fiestas de La Elipa, en Ciudad Lineal (Madrid), se convirtiera en escenario de salvajes reyertas entre los más jóvenes; un bochornoso espectáculo de niños bebiendo alcohol, dos coches quemados, denuncias por malos tratos e injurias y calumnias contra la Policía por parte de algunos de los grupos musicales que subieron al escenario. Incluso se desplegó una pancarta pidiendo la «absolución» de un miembro del grupúsculo Distrito 14, uno de los más activos de la ultraizquierda y que en otros festejos, como en Moratalaz, llegaron a partir literalmente la boca a militantes de Cs. La madrugada acabó con tres adolescentes acuchillados y seis arrestados. Los investigadores, sin embargo, creen que en un principio no se trata de enfrentamientos entre miembros de pandillas conocidas.
El ambiente, enrarecido desde primera hora de la noche por el masivo consumo de alcohol, fue tornándose peligroso a medida que avanzaban las fiestas. La Policía Municipal tuvo que emplearse a fondo para dispersar a cuadrillas de jóvenes, en su mayoría latinos, con más ganas de bronca que de disfrutar de los conciertos. El caos fue tal que, alrededor de las 3:30 de la madrugada, los agentes recibieron la orden de «cerrar» el recinto e impedir la entrada en todos los accesos. «Solo se puede salir», advertían a aquellos que trataban de burlar el control. Minutos antes se habían producido dos apuñalamientos que, unido al resto de incidentes, motivaron el fin de fiesta anticipado. Hubo, incluso, que mandar refuerzos de las Unidades de Apoyo a la Seguridad (UAS).
Aunque el Samur-Protección Civil mantuvo desplegado un contingente especial desde las ocho de la tarde y ya había atendido a decenas de chavales por intoxicaciones etílicas y caídas, el primer caso grave llegó con un muchacho latinoamericano de 16 años atacado a machetazos. Al intentar defenderse, le cortaron en la mano izquierda, por lo que sufre la semiamputación de tres dedos, precisaron fuentes de Emergencias Madrid. Fue trasladado con pronóstico reservado al Hospital de La Paz.
Pero hubo otros dos hechos importantes, prácticamente simultáneos -de hecho, se investiga su más que probable relación-, en el entorno de la calle de Santa Genoveva. Un dominicano de 20 años (aunque nacionalizado español) se acercó a dos policías y, con un hilo de voz, les pidió ayuda: «Me acaban de apuñalar». Los médicos le atendieron de una herida por arma blanca penetrante y grave en el tórax. Ya estabilizado, ingresó en el Doce de Octubre. Cuatro agentes, dos de paisano y los otros uniformados, detuvieron a dos latinos por su presunta implicación en este hecho, en unos jardines de la calle de Santa Prisca.
Aun así, en esa misma área y a igual hora, la víctima más joven fue un adolescente de 14 años y procedente de El Salvador, al que le habían hecho una brecha en la cabeza y, además, le habían acuchillado, sin que su estado presentara importancia, en el abdomen y la espalda. Acabó en el Gregorio Marañón.
Micciones en la tapia del cementerio
En el entorno del parque Arriaga y el parking de La Almudena, cientos de jóvenes improvisaron un macrobotellón en el que la presencia de menores resultó tristemente alarmante. A medida que las botellas de alcohol se vaciaban, la tapia del cementerio se convirtió en un urinario callejero cuyo hedor se hacía insoportable. «Da igual que te muevas de sitio, el olor a meado está en todas partes», apuntaba una pandilla de amigos, varios de ellos con vasos de mini. «Es increíble que nadie haga nada», protestaba otra pareja, sin entender que niños de 12 años estuvieran de juerga a esas horas de la madrugada. Los vecinos no entienden la dejadez de la Junta de Distrito, que preside Yolanda Rodríguez (IU).
Dentro de la zona acotada para los festejos, la contrariedad más reseñable tuvo lugar en el escenario. Allí, uno de los grupos de rock invitados dedicó así una de sus canciones: «Para los que nos reprimen, nos torturan, nos asesinan, destierran a nuestros compañeros… Para los que se ocultan detrás de una máscara, los que se ponen uniforme y se creen que son los dueños del mundo». Mientras tenían lugar los conciertos, la Policía logró dar caza a un grupo de menores que habían robado al descuido media docena de móviles. Sus dueños podrán recuperarlos en la comisaría del distrito, con la correspondiente denuncia.
Pese a todo, los asistentes pudieron disfrutar de una de las actuaciones estrella de la noche. Revólver, con un Carlos Goñi entregado, deleitó al público durante más de hora y media. «Ha estado genial», comentaba una chica, aún con la emoción en el cuerpo. «Hacía años que no venía alguien así. Es una pena llegar luego a casa y seguro que te enteras de todo lo malo», remarcaba otra. Lo cierto es que la premonición no tardó en cumplirse.
(ABC)
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
