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Opinión

Fracaso de la coalición de izquierdas. Por Jesús Salamanca Alonso

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Esta izquierda desaborida y anquilosada, sin formación política, ni valores, ni ética constructiva, ha vuelto a incurrir en su habitual dejadez.

Hace tiempo que la izquierda andaluza descubrió el buen vivir y los sueldos excesivos de la política. Antes lo habían descubierto otros comunistas en la política nacional; no hay más que recordar a Ione Belarra y su forma de encogerse y esconderse tras comprometerse a dimitir si el Gobierno enviaba armas a Ucrania. Incluso, acuérdense de Isa Serra, condenada por agredir a una mujer policía e insultarla hasta la humillación: le faltó tiempo para agarrarse al sueldo del Ministerio de Igual Da haciendo uso de las puertas giratorias.

Podríamos seguir con una larga lista: la ME-MA (Mónica García) abandonando la medicina para cobrar el doble de la política y trabajar la mitad; Rita Maestre y su experiencia como destetada «asaltacapillas»; Garzón y su ministerio del ridículo y la vergüenza; Irene Montero con su chapucero e inservible ministerio recientemente regañada por el ministro Escrivá, a la vez que desautorizada, por los tres días que proponía de baja a costa de la regla. Hay muchos energúmenos más en esa izquierda comunista con menos ideas que un pez de colorines. Ahora invaden lo «trans» sin tener muy claro qué es eso y el daño que puede hacer a la persona a muy corto plazo. Estas chicas de la ultraizquierda comunista son simples voceadoras de mantras antiguos y está más perdidas que la cabra de Fabián en la discoteca del pueblo.

En Andalucía ha vuelto a hacer el ridículo esa izquierda ansiosa y calamitosa. La desidia ha hecho que esa agrupación de izquierdas fuera incapaz de cumplir con la ley. La propia vicepresidenta segunda ni siquiera fue capaz de aglutinar a las izquierdas andaluzas. Incapaces de registrar a tiempo la coalición vuelven a demostrar que su dejadez forma parte de la desidia y la vagancia que atenaza a la izquierda más radical y con matices comunistas. Esta izquierda desaborida y anquilosada, sin formación política, ni valores ni ética constructiva, ha vuelto a incurrir en su habitual dejadez. El intento de subsanación no ha sido más que un ridículo de tantos que les afecta y, como era natural, la Junta Electoral de Andalucía rechazó el recurso.

Bien podemos decir que ahora no son una coalición y sí un montón. Acuden amontonados a las elecciones andaluzas y mirándose entre ellos con el rabillo del ojo porque sospechan unos de otros. Ni siquiera han celebrado primarias para elegir cabeza de lista. ¡Qué torpes y qué cenizos! Todos querían ser cabeza de lista y figurar sabiendo que casi todos quedarán fuera del Parlamento andaluz, sin sueldo, sin oficio, sin beneficio y fuera del chiringuito. ¡Pobres malandrines! Ahora están de pelea en pelea, veremos cómo lo resuelven, incluido el nombre de «Por Andalucía» que ya estaba registrado. ¡Lo que se habrán tronchado los liberados como «Kichi», alcalde Cádiz, y su barragana que no volvió al instituto desde que aprobó o la aprobaron las oposiciones de secundaria!

Muchas semanas discutiendo, pero no era más que tiempo inservible. La izquierda nunca se une, salvo para cobrar y dañar los intereses y el progreso de la unidad de España. Llevan el odio a flor de piel, la venganza entre los dientes y la hipocresía entre las piernas. Para presentar cuatro documentos no han sido capaces de ponerse de acuerdo. ¿Y qué piensan que ha pasado? Pues que la Junta Electoral de Andalucía no ha aceptado la solicitud de constitución de la coalición. Ahora esas cuatro organizaciones, además de Podemos y Alianza Verde, tendrán que acordar cómo repartirse el dinero. Puede haber «más palos que en Pedrajas».

En su día, Podemos echó un cable a IU para que no desapareciera. Piensen que Izquierda Unida debía nueve millones a Hacienda y no tenía cómo pagar. Entre ellos se pagan así los favores: ahora resulta que no hay acuerdo entre Podemos e IU sobre quién tenía que ser el cabeza de cartel a la Junta de Andalucía. Unos por otros, la casa sin barrer. Cada cual apostaba por quien creía caballo ganador, más bien perdedor en todo caso. Podemos y Alianza Verde se quedan fuera. Y cuando todo eran problemas en la izquierda perdedora y avasalladora aparece Pablo Iglesias queriendo pactar con Yolanda Díaz y su SUMAR, incluso recuerda que la «Varufakis» gallega está donde está gracias a él y a los favores que le debe. No ha empezado la campaña y ya se insultan en la Universidad de Otoño que organiza la fraudulenta y cavernaria extrema izquierda.

Me da la impresión de que Yolanda Díaz nunca será capaz de aglutinar a la izquierda comunista y a la ultraizquierda, además de esa izquierda rastrera que busca mamandurria, aunque tenga que aliarse con Pedro Botero. En la izquierda sobran insultos, peleas, cuotas baratas, sillones, nombres, cargos y demás baratilla. Quienes carecen de sueldo y trabajo en esa mafiosa izquierda no pierden el tiempo y viven preocupados de esa noche de «cuchillos largos» que les abra camino para su provecho, antojo e interés.

Ahora vendrá Yolanda hablando de unidad, ilusión y esperanza, pero solo son engaños y tapaderas para ocultar el bochorno y la incapacidad. No olvidemos que es conocida como «falsificadora»: llegó al ministerio con tres másteres en su currículum que nunca había hecho; es decir, falsificó el currículum. Por cierto, me gustaría ver las calificaciones del último año de carrera. Ahí lo dejo, de momento.

  

Yolanda Díaz no tiene más recorrido. Su posible alianza, coalición o «entente cordial» la han destrozado sus presuntas coaligadas. Ada Coláu implicada en mil y una chapuzas municipales; Mónica García, sin cauce ni ideas ni perspectivas políticas, además de implicada en la apropiación indebida de 13.000€ procedentes de la Asamblea madrileña y en la presunta falsificación de actas de Más País; la «morita» melillense, desaparecida en combate y Mónica Oltra, encausada y más cerca de prisión que de la política honrada.

Ese «frente amplio» del que hablaba Yolanda Díaz no es más que un fracaso a fuego lento y las cuatro «verduleras» iniciales están en desbandada. A la «Varufakis» gallega ya solo le quedan sus dos sindicatos de botafumeiro, sin olvidar los palos diarios que le propina el antiguo marqués de Galapagar, a quien Díaz Ayuso puso en órbita y obligó a abandonar la política para la que demostró que era inservible, vago, vengativo, fraudulento y despreocupado.

Milagro será si, entre los cuatro coaligados que quedan, no se reparten el dinero que debían repartir entre seis. La casa de los líos ya está habitada. No faltarán los duelos al sol. ¿Apostamos, amigos? Tiempo al tiempo.

Y mientras la izquierda comunista se zurra la badana, el exmarqués de Galapagar anda buscando quién le regale plaza en una universidad para destrozar mentes juveniles. Por suerte, existe una alianza universitaria para que tal «paquete» no encuentre cobijo en ninguna. El tiempo se lo demostrará.

 

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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