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Franck Ribéry ordenó un bistec bañado en oro y ahora será sancionado por el Bayern Múnich
El Bayern Múnich sancionará con una multa al delantero francés Franck Ribéry por insultar a través de su cuenta de Twitter tras la polémica generada por un vídeo en el que aparece en Dubai en un restaurante ante un bistec cubierto con láminas de oro.
«Para 2019, pongamos los puntos sobre las íes», comenzó Ribéry en su publicación: «Comencemos por los envidiosos, los rabiosos, nacidos seguramente de un condón agujereado. F… a vuestras madres, a vuestras abuelas y también a vuestro árbol genealógico».
Además, se enojó por cómo la prensa tomó la noticia: «En referencia a los pseudoperiodistas que siempre han vertido críticas negativas hacia mí, mis actos (último ejemplo, el precio de lo que me como), cuando yo hago donaciones (porque me han enseñado a dar cuando recibo mucho), ¿por qué ningún gran medio nacional lo difunde?No, ustedes prefieren hablar de las vacaciones que paso en familia, escrutar mis acciones y mis gestos, lo que como, etc. Ah sí, para ese tipo de cosas superficiales siempre estáis ahí».
Por otro lado, estalló contra la periodista Audry Pulvar, quien le recomensd que si «no sabe» qué hacer con su fortuna, que la done: «Me dirijo a Audry Puvard, o señora ‘yo hago lo que quiero con mi dinero, con unas gafas de 3.000 euros de caparazón de tortuga’, espero que os permitan adivinar un mejor futuro profesional que el de esta pseudoperiodista que usted es».
El director deportivo del Bayern, Hasan Salihamidzic, anunció este domingo desde Doha, donde el club se encuentra entrenando, que Ribéry será sancionado por sus insultos, informa el club de la Bundesliga en su página oficial.
«Utilizó palabras que no podemos aceptar como Bayern Múnich y que Franck, como ejemplo, como jugador del Bayern, no debe utilizar nunca. Ayer hablé largamente con Franck y le comuniqué que será sancionado con una multa elevada. Aceptó esta sanción», declaró.
Al mismo tiempo defendió al jugador y recordó que el francés había sido invitado durante sus vacaciones en Dubai a un bistec en un restaurante y que el video forma parte de la promoción del local.
No obstante, después se afirmó erróneamente que Ribéry había pagado 1.200 euros por el bistec, tras lo cual fue insultado en las redes sociales «de la peor de las maneras», y no sólo él, sino también «su esposa, en avanzado estado de gestación, su hijo y su mamá!», que estaba en el hospital por una operación, recordó Salihamidzic.
«Entonces Franck quiso proteger a su familia, se defendió, defendió a su familia, y tiene todo el derecho a ello, y aquí también defiendo al jugador», dijo, aunque lamentó que se le fuera «totalmente de la mano» al utilizar ese tipo de vocabulario.
A mediados de noviembre pasado, Ribéry protagonizó otra polémica al abofetear al periodista Patrick Guillou después de que éste hubiera hecho responsable al jugador de dos de los tres goles encajados por el Bayern contra el Borussia Dortmund en un partido que terminó con la derrota de su equipo por 3-2.
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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy
zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.
La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.
Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.
También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.
Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.
En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.
La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).
Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.
Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.
