España
Fue bonito el espejismo mientras duró: Vox desautoriza a Serrano tras sus críticas a la sentencia de La Manada
El espejismo ha durado apenas dos horas. Vox ha desautorizado este sábado las críticas a la sentencia de La Manada de su líder en Andalucía, Francisco Serrano, y ha recalcado que la postura del partido corresponde al «máximo respeto» al fallo expresado por su portavoz en el parlamento andaluz, Alejandro Hernández.
Vox ha indicado que la versión oficial del partido se limita a la publicada en las cuentas oficiales de la formación y la cuenta de Twitter del portavoz en el parlamento andaluz, por lo que «cualquier comentario o valoración realizada al margen de lo oficial es lógicamente a título personal de quien los suscriba».
Esta puntualización se ha producido horas después de que Serrano, cabeza de lista del partido en las últimas elecciones andaluzas, haya considerado en sus cuentas en redes sociales que la sentencia del Supremo que condena a 15 años de prisión por violación a los cinco miembros de La Manada está «cargada de condicionantes mediáticos y políticos» y acabará ante el Tribunal Constitucional. El juez en excedencia ha escrito en su perfil de Facebook que «se nota que es una sentencia dictada por la turba feminista supremacista» y añade que a partir de esta sentencia «si una mujer dice sí pero en cualquier momento posterior dice no, inclusive varios días después, el denunciado será condenado a prisión por violación».
«Hasta un gatillazo o no haber estado a la altura de lo esperado por la mujer, podría terminar con el impotente en prisión. Esto es gravísimo. Es un torpedo directo contra la heterosexualidad, contra las relaciones libres entre hombres y mujeres. Más liberticidio progre. Nos encontramos ante la paradoja progre, en la cual la relación más segura entre un hombre y una mujer, será únicamente a través de la prostitución», prosigue Serrano en su escrito.
Tras los comentarios del juez en excedencia, el portavoz de Vox en el parlamento andaluz, Alejandro Hernández, ha expresado el «máximo respeto» a la sentencia del Tribunal Supremo y recalcado que Vox pide un endurecimiento de las condenas para los delitos de violación.
«Quiero manifestar mi máximo respeto por las resoluciones de nuestros Juzgados y Tribunales, significando que desde Vox pedimos ya hace tiempo un endurecimiento de las condenas para los delitos de violación. Seguiremos luchando por un poder judicial autónomo e independiente», ha publicado en su cuenta personal.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
