España
García Albiol: «Si el Estado no reacciona, Cataluña será independiente en 15 años»
El presidente del PP catalán, Xavier García Albiol, ha anunciado este viernes que dejará el acta de diputado en el Parlament y la presidencia del partido en Cataluña con el fin de competir por la alcaldía de Badalona (Barcelona), municipio del que ya fue alcalde, en las elecciones municipales del próximo mes de mayo.
En el último año, ¿ha sentido miedo?
Miedo no es la palabra pero los días 6 y 7 de septiembre estuve muy preocupado. Un Puigdemont enloquecido nos empezó a llevar a todos hacia el desastre.
Y el desastre llegó el 1 de octubre.
El 1 de octubre marcó un antes y un después en la política española. El Gobierno fue víctima de una gran trampa y los independentistas tuvieron la foto que querían.
¿Fue víctima o fue ingenuo?
Es cierto que lo que pasó era previsible y que quienes tuvieron que tomar las decisiones no se creyeron que los Mossos desobedecerían.
¿Las cargas policiales fueron un error o una línea roja que España marcó en el suelo?
Son imágenes que hubiera sido mejor que nos las hubiésemos ahorrado. Si los Mossos no hubieran traicionado al Estado, nos las habríamos ahorrado. A partir de ahí, también es verdad que quienes ordenaron las cargas policiales podían haber tomado otras decisiones.
Hubo urnas, papeletas y la policía pegando porrazos a las abuelas.
El independentismo tuvo una victoria mediática pero el Estado lanzó el mensaje inequívoco de que no iba a permitir la separación.
El Partido Popular hizo el trabajo sucio y los votos se los llevó Ciudadanos. ¿Está dolido?
Me esperaba otra reacción de la sociedad catalana ante el esfuerzo que hizo el gobierno del Partido Popular. Pero Ciudadanos supo y sabe modular el discurso según la temperatura ambiental. El 3 de septiembre del año pasado, en una entrevista a El País, reclamé la aplicación del artículo 155. Aquel mismo día, en El Mundo, Albert Rivera decía que era una barbaridad aplicarlo.
El drama del PP en Cataluña viene de lejos.
Seguramente no siempre hemos acertado. Y además, el mensaje de lo que propone el PP nacional llega siempre distorsionado a Cataluña. No sé, igual tenemos que ser menos efectivos y más simpáticos, como Ciudadanos.
Su presidencia ha coincidido con la peor etapa del PP catalán.
Me voy con la sensación del deber cumplido.
Están al borde desaparecer del Parlament y del ayuntamiento de Barcelona.
Hemos vivido circunstancias excepcionales en la política catalana que han marcado la política nacional.
Y ahora llega Manuel Valls.
Cuando uno se presenta para alcalde de una ciudad como Barcelona tiene que conocer los barrios y los distritos.
El candidato del PP, Alberto Fernández Díaz, los conoce mejor que nadie y sólo tiene tres concejales.
Valls desvía el objetivo de la alcaldía.
Además de usted, ¿no tendría que marcharse más gente?
Todo el mundo tiene espacio en el PP de Cataluña. No sobra nadie y falta mucha gente.
¿El independentismo es un problema judicial o político?
Es un problema social. Es la consecuencia de haber dejado que el nacionalismo haya hecho lo que ha querido en los últimos 40 años. El gran error de la Transición fue actuar de buena fe con los nacionalistas. Si el Estado, en toda su dimensión político-administrativa no reacciona y no toma en Cataluña las medidas correctoras adecuadas, dentro de 15 años no habrá 155 que valga contra el independentismo y Cataluña logrará su independencia.
Pues ahora la moda es pedir que los presos del 1 de octubre salgan de la cárcel.
Si alguien tuviera la tentación de contentar al independentismo sería una estafa a la democracia. Los que dieron un golpe al Estado tienen que tener el castigo que la Justicia decida -y que se corresponda con la gravedad de lo que hicieron.
¿Es partidario de volver a aplicar el artículo 155?
Si ha de ser el mismo 155, nos lo podemos ahorrar porque no sirvió de nada. No sé si la solución es volverlo a aplicar, pero lo que está claro es que el independentismo no ha de poder utilizar las instituciones para hacer el indio, y si el Estado no quiere evitar la secesión tiene que recuperar las competenciad de Educación y Seguridad, y tener una mucho mayor presencia en Cataluña.
¿Cuál ha sido el peor momento de su mandato?
Desde el punto de vista social, los días 6 y 7 de septiembre, porque vi que íbamos a un abismo de consecuencias imprevisibles en la calle, en los bares, entre personas que siempre habían sido amigos. Desde el punto de vista político, mi peor momento fue cuando supe que las elecciones autonómicas convocadas por el presidente Rajoy serían el 21 de diciembre. Fue un error aplicar un 155 tan breve y superficial.
Pero lo aplicaron ustedes.
Yo estuve en reuniones de mi partido donde contemploe escenarios distintos. Un 155 más largo y profundo, que incluyera, por ejemplo, TV3.
¿Cómo se interviene TV3? ¿Cómo se hace para que unos periodistas digan lo que no quieren decir?
Se controlan los contenidos. Las direcciones de los programas. Y si no es suficiente y hay que poner 14 horas de música, pues se ponen. TV3 se ha convertido una maquinaria propagandística intolerable y hay que hacer algo.
¿Y qué pasó? ¿Por qué no se hizo?
PSOE y Ciudadanos sólo quisieron pactar un 155 lánguido que sirviera casi exclusivamente para convocar elecciones.
¿Cuál ha sido su momento más feliz?
Lo que más feliz me ha hecho fue poder vivir en primera fila la manifestación del 8 de octubre.
¿Volverá a presentarse a la alcaldía de Badalona?
Tengo muchas ganas, sí.
En las anteriores elecciones ganó claramente pero no pudo gobernar. ¿Contará a partir de mayo con alguna alianza?
Tres años de gobierno de la CUP gracias a los socialistas han sido el mejor ejemplo de cómo una decisión errónea puede comportar la inmediata decadencia de una ciudad. El PSC es consciente de su error histórico y espero que acepte el resultado y contribuya al buen gobierno de Badalona.
*Entrevista de Salvador Sostres
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
