Internacional
General responsable por fracaso de Afganistán conspiró contra Trump: Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto, un TRAIDOR
El general Mark Milley llamó a su homólogo chino, el general Li Zuocheng, del Ejército Popular de Liberación, después de la toma del Capitolio por parte de los simpatizantes de Trump que intentaron evitar la proclamación de Joe Biden. . El objetivo era «calmar los temores chinos» y para ello Milley explicó en Estados Unidos “estamos 100 % firmes. Todo está bien. Pero la democracia a veces puede ser descuidada».
El delito de traición que mancha la carrera de Milley
Tras la filtración de la supuesta traición, el senador Rand Paul declaró enfáticamente: «No me importa lo que piense del presidente Trump, el presidente de la JCOS que trabaja para subvertir la cadena de mando militar y coludir con China es exactamente lo que no aceptamos de los líderes militares de nuestro país. Debería ser juzgado por un consejo de guerra si es cierto».
«Si a eso le sumamos su inepto manejo de la retirada de Afganistán, está claro que el general Milley ya no es apto para ocupar el cargo de presidente del Estado Mayor Conjunto y debería ser destituido de inmediato. Las revelaciones salen a la luz en el nuevo libro de Bob Woodward «Peligro»», continuó.
Pero no actuó solo. PanAm Post reportó en el momento de los hechos sobre la complicidad entre el Partido Demócrata y el Estado Mayor.
Nancy Pelosi, la demócrata que preside la Cámara de Representantes, acudió a inicios de año al Pentágono para solicitar que le quiten al presidente Trump los códigos de armas nucleares. Ella informó que habló con el jefe del Estado Mayor Conjunto, Mark Milley, sobre «las precauciones disponibles», al tiempo que calificó a Trump como «un presidente inestable».
Con esto suman dos incidentes en los cuales el general Milley habría puesto en riesgo la seguridad de los Estados Unidos. Lo sucedido en Afganistán es la peor vergüenza que ha sufrido los EE.UU., según Trump.
El general Milley anunció públicamente que nunca tuvo señales de que Afganistán caería tan rápidamente. Por lo cual, el hombre que mató a Osama Bin Laden, Robert O’Neill, el ex SEAL de la Fuerza Naval de los EE. UU. dijo que el como jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, es «inservible».
Mamela Fiallo
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
