España
Guardias civiles celebran que el Supremo esté estudiando imputar a Marlaska por cesar a Pérez de los Cobos
Algunos guardias civiles expresan su satisfacción con la posibilidad de que Marlaska sea imputado
Este viernes, informabamos que Fernando Grande-Marlaska está más cerca de ser investigado después de que el Tribunal Supremo haya trasladado al Ministerio Fiscal una pregunta sobre si debe investigarle o no por cesar al coronel Diego Pérez de los Cobos como máximo responsable de la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil.
El Tribunal Supremo ya medita si imputa al ministro Marlaska por cesar a Pérez de los Cobos el pasado mes de mayo después de que el coronel se negase a informar sobre lo que había escrito en el informe que preparaba la Guardia Civil sobre el delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco, por su actuación en el 8-M.
El coronel habría sido cesado por cumplir las órdenes de la jueza Carmen Rodríguez-Medel, que emitió una orden judicial que exigía mantener la confidencialidad.
La noticia ha alegrado a numerosos guardias civiles, que en su día ya mostraron su indignación con el cese del coronel de Pérez de los Cobos como máximo responsable de la Comandancia de Madrid de la Guardia Civil.
Muchos de ellos están deseando que Marlaska sea imputado, siendo «una gran noticia» que el Supremo estudie abrir una investigación contra el ministro del Interior. «El cese de Cobos fue injusto. Debe ser investigado», no dudan en afirmar algunos agentes de la Benemérita.
Incluso desde Jucil, uno de los sindicatos más destacados de la Guardia Civil, se ha celebrado que Marlaska pueda ser imputado. Desde el sindicato ya criticaron la decisión, asegurando que se trataba de un movimiento realizado para «proteger al Gobierno». «Si estos son los motivos que han llevado al cese del coronel de los Cobos, supone un nuevo ataque a la división de poderes del Estado por parte de este Gobierno y un nuevo intento de hacer un uso político de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado», dijeron desde Jucil.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
