España
Guerra, sobre el acuerdo PSOE-ERC: «Es como si a los niños se les da una granada explosiva»
El exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra ha confesado sentirse «triste» tras las diferentes fórmulas elegidas por los diputados para jurar o prometer su cargo. «No solo es ridículo, es también grave», ha manifestado.
En una entrevista en ‘Herrera en COPE’, el histórico socialista ha dicho que es «escalofriante» que «un 35 % de la Cámara no acate la Constitución». En este sentido, ha dicho que el acuerdo entre PSOE y ERC «no es fácil de aceptar» porque «no va a funcionar» debido a la falta de «estabilidad».
«Es como si a los niños se les da para jugar una granada explosiva», ha señalado sobre los acuerdos para la investidura de Sánchez. Por eso, ha afirmado que le parecería «lógico» que PSOE, PP y Cs se sentaran a hablar. Sin embargo, ha criticado que «los dirigentes políticos de la mayoría de partidos son demasiado adolescentes», aunque a su juicio «todavía están a tiempo de hablar», ya sea para acuerdos parlamentarios, de legislatura o para abordar grandes temas. Ello con el fin de «evitar que la gobernación de España quede en manos de gente que no tiene responsabilidad».
Guerra ha arremetido contra el PSOE y contra el PP por mirar a los «extremos» en lugar de dialogar entre ellos. «El PP mima a Vox y el PSOE a populistas e independentistas», ha dicho.
Sobre la decisión del PSOE de meter el conflicto catalán en la vía política, Guerra ha dicho que es «ambiguo» porque no solo hay cuestiones políticas, también «violación de las leyes y traición al país». «Hay una repetición de lo que hicieron en 1931 y en 1934», ha dicho.
Guerra ha recordado que si bien hubo «una emnienda a la Constitución para el reconocimiento de la autodeterminación, los nacionalistas no la votaron». Sin embargo, «al cabo del tiempo están hablando de la autodeterminación como si fuera algo que se les ha robado».
El exvicepresidente del Gobierno también se ha pronunciado sobre el PSC y la España plurinacional. En este sentido, ha criticado al PSOE por no decir cuántas naciones hay en España. «Es un Estado federal que le hemos llamado de las autonomías». Se «está jugando con trampa».
Guerra ha dicho que el PSOE siempre ha actuado como dique frente a los nacionalismos. Sin embargo, «cuando una parte del PSOE no está haciendo de valladar sino que, en cierta medida, enarbola la bandera, tenemos mucho problema, que es lo que pasa con el PSC», ha lamentado.
Del mismo modo, ha criticado a Bildu por «no estar en la línea de la democracia» y al PSOE por no aislarlo, como sucede en Europa. «No considero aceptable que se quiera blanquear a los asesinos o pagadores de asesinos, en el caso de Bildu, o los grupos que quieren la recuperación del Franquismo», en referencia velada a Vox.
Guerra, sin embargo, se reconoce en el PSOE. Ha dicho que «este no es el nuevo PSOE, es otro PSOE» porque «las direcciones de los partidos son contingenciales, lo que queda es la historia».
El exdirigente ha preferido no hablar de Amparo Rubiales, la histórica socialista que dijo que era «terrible que este tipo siga en el PSOE», en relación a él.
También se ha pronunciado sobre la sentencia de los ERE y la condena a Chaves y Griñán. Ha dicho que es «muy difícil de aceptar» y ha recordado que «estas personas condenadas no se han beneficiado ni solamente de un euro. No hay beneficio personal. Por tanto, la corrupción hay que ponerlo muy en paréntesis». Por eso, el fallo le parece «injusto y que arrastra por el fango a gente que no lo merece».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
