España
Dos ex abogados de Podemos denuncian que han sido despedidos en represalia por investigar «graves irregularidades»
Los ex abogados de Podemos Calvente Redondo y Mónica Carmona Segura, que trabajaban para el partido de Pablo Iglesias como delegado de Protección de Datos y como responsable de Cumplimiento Normativo del partido, respectivamente, denuncian haber sido relevados de su cargo como «un grave acto de represalia y posibles coacciones» por estar investigando «graves irregularidades» en los asuntos de los que eran responsables, que afectarían, a varios «cargos internos», según denuncian en un comunicado.
En una carta dirigida a la cúpula del partido y filtrada a los medios, Carmona –que firma sola la misiva– advierte de una serie de «irregularidades muy graves» que podrían «comprometer seriamente al partido como entidad jurídica desde un punto de vista penal, administrativo y reputacional». Unas «irregularidades» que el partido habría cometido en materia de Protección de Datos y de Cumplimiento Normativo Penal y «en los que se verían envueltos varios cargos internos y que conllevaría graves perjuicios para el partido», siempre según la versión que ofrecen los ex abogados de Podemos.
Según explica en su escrito, al que ha tenido acceso Ep, los abogados habían iniciado «expedientes internos de investigación para aclarar los hechos y defender al partido ante una posible reclamación», y la respuesta de la dirección de Podemos fue «inventar acusaciones» contra Calvente «para justificar laboralmente su despido» y proponer la sustitución de Carmona «con la excusa de una reorganización de departamentos». Sin embargo, la versión de Carmona difiere: «El motivo del cese de don José Manuel Calvente ha sido un despido disciplinario por hechos inventados y rotundamente falsos para justificar el cese y el motivo de solicitar mi sustitución es la supuesta necesidad de ‘‘reorganizar los Equipos’’, pero la realidad de todo estos acuerdos es bien distinta».
La ex abogada defiende su trabajo de investigación y puntualiza que las «irregularidades» cometidas «por los miembros del partido» podrían conllevar «infracciones penales o administrativas». Advierte a la cúpula del partido de que «estamos hablando de irregularidades financieras, en materia laboral y de limpieza en la realización de las consultas y primarias del partido que de confirmarse pondrían en cuestión los elementales centrales de nuestra legitimidad como organización».
Carmona avisa al partido también que «si finalmente resultara la existencia de delitos», se podría considerar que sus despidos «se considerarían un intento de ocultación de pruebas y un delito de encubrimiento». Critica que el partido ha intentado «doblegar» su voluntad y que el despido se produce para «intentar puerilmente ocultar las graves infracciones legales objeto de investigación». De cara a formalizar el despido, Carmona asegura que ello «llevará inevitablemente a una demanda laboral y que en este caso la judicialización de los hechos traerá graves consecuencias para el partido puesto que saldrán irremediablemente a la luz hechos tremendamente comprometedores para algunos cargos internos y responsables del partido».
La misiva finaliza con la reclamación al partido por parte de la ex abogada de que la readmitan para continuar con sus investigaciones internas con el fin de «individualizar las responsabilidades que pudieran derivarse de estos actos, protegiendo al partido como tal». Señala que «la gravedad de estos hechos» puede terminar «afectando gravemente a la reputación de Podemos» y pide «adoptar las medidas y acuerdos necesarios» para ordenar al Consejo de Coordinación la reincorporación de José Manuel Calvente Redondo en su puesto de Delegado de Protección de Datos, al igual que, rechazar su sustitución como Responsable de Cumplimiento Normativo.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
