Sucesos
Hallan el cuerpo de universitario español desaparecido en un río de la Amazonia ecuatoriana
El cadáver del universitario español Manuel Tundidor Cabral, desaparecido el pasado viernes en un río de la Amazonia ecuatoriana, fue hallado este martes en el sector de Misahuallí, informaron fuentes policiales.
El cuerpo fue visible desde el helicóptero de la Policía y están a la espera de que llegue criminalística y la Fiscalía para la identificación definitiva y el levantamiento del cadáver, confirmó a Efe el coronel Fausto Buenaño, comandante de Policía de la subzona Napo 15.
Por su parte, el sargento Iván Laica, del departamento de Comunicación de la Policía en esa zona, dijo a Efe que «se trata de la persona que buscamos», el español Manuel Tundidor Cabral, quien había llegado a Ecuador el pasado 31 de marzo con seis compañeros para realizar prácticas de Enfermería.
Según otra fuente de los servicios de socorro, el cadáver fue localizado hacia las 15.00 hora local (20.00 GMT) e iba a ser trasladado a Puerto Napo para su identificación.
Ni la Embajada española ni ninguna fuente de la familia se ha pronunciado hasta el momento sobre si los restos hallados son los del estudiante y remiten a la Oficina de Información Diplomática en Madrid para cualquier detalle.
Efe ha constatado que el cadáver fue encontrado a dos metros de la orilla en un brazo del río Napo, un afluente pequeño, cerca de la vía que va desde Puerto Napo a Puerto Misahuallí, en el sector Venecia Izquierda.
El cadáver fue recogido del agua, identificado por un amigo del grupo de seis estudiantes que quedaban de la Facultad de Ciencias Sociales de Ceuta y lo están llevando a la morgue de Tena para practicar la autopsia.
«Es necesario el levantamiento del cuerpo con la Fiscalía y con el trámite legal pertinente», explicó a Efe el sargento Espinosa de la Policía local.
Tundidor Cabral desapareció el viernes por la tarde tras saltar al agua de la llamada «Laguna Azul» en la Amazonía ecuatoriana, y desde entonces decenas de efectivos de socorro lo buscaban por varios afluentes de la zona y el río Napo.
Expertos ecuatorianos habían calculado que se necesitarían varios días hasta poder dar con sus restos, dado que el agua estaba muy sucia y turbulenta y sólo cuando comenzara a flotar podría ser localizado desde el aire.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
