España
Hermann Terstch, sobre María Jesús Montero: «Farruquita, estrella de la corrupta Junta andaluza socialista y trincona de las putas y la cocaína»
La ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, repetirá al frente de esta cartera pero deberá compaginar el cargo con el de portavoz del Gobierno. Así lo han anunciado desde Moncloa, ratificando que Montero es la escogida para relevar en el cargo a la actual ministra portavoz Isabel Celaá. Los motivos, según Presidencia, es que para el nuevo gobierno “la gestión económica será prioritaria” y “se situará en primera línea”. La reacción no se ha hecho esperar. El eurodiputado de Vox Hermann Terstch, en su habitual tono sardónico, ha opinado lo que sigue sobre la nueva portavoz del gpbierno socialcomunista: «Es sin duda un acierto que sea la Farruquita, estrella de la corrupta Junta andaluza socialista y trincona de las putas y la cocaína, el rostro del nuevo gobierno».
Terstch también ha insistido en el potencial peligro para España que supone la relación de los futuros ministros de Podemos con dictaduras como las de Cuba y Venezuela: «Ya hay que ser muy miserable para elogiar la penosa y esclavizada existencia de los cubanos bajo el nauseabundo régimen criminal de La Habana». Y agregó: «Pero hay que ser muy, muy especialmente miserable e hijo de mala madre para desear imponernos ese régimen ahora aquí a los españoles».
El eurodiputado del partido verde alerta asimismo contra el «estafador Sánchez» y también «contra un gobierno traidor con comunistas serviles a narcodictaduras, con golpistas, separatistas y otros enemigos de España», por lo que insta a los españoles a que exijan «un gobierno digno».
Terstch cree también que la ahora vicepresidenta de Transición Ecológica y Reto Demográfico, Teresa Ribera, «va a causar mucho paro y miseria». Como ministra para la Transición Ecológica, las mayores polémicas de Ribera han llegado a costa de los proyectos de restricción a la circulación de automóviles y de sus posiciones contrarias a la caza y los toros.del Gobierno de España, lo que a juicio del eurodiputao de Vox la conviete en «enemiga de millones de españoles». Y añade: «Eso no importa a la jet roja. Esta es nuera de Bacigalupo acusado de coger 200.000 de soborno de Prisa/ElPaís en el Supremo».
Por último, el europarlamentario pide a LaSexta que investigue «el fascinante caso de las conexiones de los carteles de la droga con los amigos comunistas y mecenas de Podemos». «Anímense. Los bolivianos luchan por la verdad contra sus criminales y los aliados españoles de estos», remacha.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
