España
Hermann Tertsch afirma que «España tiene este gobierno» gracias al dinero del narcotráfico
El eurodiputado de Vox Hermann Tertsch ha cargado duramente contra la decisión del Gobierno de tipificar como delito la exaltación del franquismo. En un tuit publicado este lunes, el eurodiputado verde ha asegurado que el gobierno formado por el PSOE y Unidas Podemos «pretende prohibir la opinión y la verdad».
«Los comunistas, los de Podemos, IU y sus amigos, estos que en Venezuela exterminan al discrepante como Franco no hizo ni en la más dura posguerra, pretenden prohibir la opinión y la verdad», ha comentado. «El PSOE ya es lo mismo que ellos. Los que callen y no se resistan serán pronto esclavos», ha añadido.
El eurodiputado del partido de Abascal se hace eco de una información aparecida en OKDiario, según la cual el Tribunal Supremo de Venezuela en el exilio investiga ya otra ruta de financiación ilegal al partido de Pablo Iglesias procedente de un programa que contó con 54 millones de dólares y que fue dotado por Rafael Correa con el supuesto propósito de atraer académicos, científicos y talento en general al país.
El programa entró en contacto con la organización Celag —impulsada por Podemos a través de Íñigo Errejón, Juan Carlos Monedero o Alfredo Serrano Mancilla— y acabó convirtiéndose en una vía de contacto y adoctrinamiento cruzado permanente entre formaciones de extrema izquierda financiada con el dinero que debía haberse dirigido a lanzar el talento en Ecuador, tal y como ha confirmado el presidente del Supremo, Miguel Ángel Martín Tortabú.
El programa incluyó en una primera fase un cuarto sesgo hacia la atracción de talento científico a Ecuador: las matemáticas, estadística, tecnología, etc. primaban por encima del resto. Pero pronto se vio la naturaleza y objetivo real del programa Prometeo. Porque el Gobierno de Rafael Correa decidió crear toda una subdivisión centrada en las denominadas ciencias sociales, donde pronto fueron los estudios políticos el centro de atención. Y dentro de ellos, los procedentes de la extrema izquierda española.
Por otra parte, opina Testch que «lo grave es la prueba de la relación de dependencia y obediencia del gobierno de España con la narcodictadura criminal de Nicolás Maduro».
En ese sentido, denuncia que «Sánchez ya vuelve a llamar a Guaidó ‘jefe de la oposición’ después de haberlo reconocido con la UE como presidente legítimo». «No hay mejor prueba de su obediencia a la narcodictadura que Vox denuncia en Estrasburgo. Ese gobierno como cabeza de puente del NarcoForo de Sao Paulo», añadió el eurodiputado.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
