España
¿Necesita Galicia a VOX? La respuesta es NO
Begoña Vila.- La formación de Santiago Abascal nace como emergencia nacional para defender la soberanía y la unidad de España en aquellos sitios dónde esta premisa está en riesgo. Pero este no es el caso de Galicia, por lo tanto, Vox en Galicia serviría únicamente para introducir en el gobierno gallego a un tripartito igual al que tenemos en Madrid y me explico… Al presentarse los de Abascal en esta comunidad autónoma no harían más que dividir el voto que llevaría de la mano al sanchista del Partido Socialista gallego Gonzalo Caballero junto con Podemos y el Bloque Nacionalista al sillón de mando de la Xunta de Galicia.
VOX, en Galicia no tiene a estas alturas líder conocido ni reconocido para competir con Núñez Feijóo. Sin contar con la poca estructura que hay en Galicia, con el descontento de muchos afiliados en todas las provincias principalmente en la de La Coruña, donde el presidente de la gestora Miguel Ángel Fernández ha fracasado dos veces en su intento por ocupar un sillón en el Palacio de los Leones y dónde no han conseguido meter a ningún concejal en ningún ayuntamiento.
Es esta falta de estructura, que unido a la desidia que parece presentar la dirección nacional de Vox para poner en marcha el partido en Galicia, la que hace el cocido perfecto para que sigan sin representación alguna en esta comunidad.
Otra de las razones por las que Galicia no está en emergencia es que su formación nacionalista tiene ya cubierto su techo de votos …¿Por qué? porque a los gallegos nos preocupa más la industria, la pesca, la agricultura, la ganadería, el emprendimiento, la sanidad, la educación, las infraestructuras, la unidad, en definitiva, la prosperidad y no estar enzarzados en milongas de independentismo, ni de autodeterminación que eso aquí no cuela.
Se han dado cuenta de esto los de Arrimadas, que para no seguir fracasando en Galicia han de unirse o integrarse en el Partido Popular ya que tampoco han conseguido representación en el Parlamento gallego y tienen pocos concejales dispersos por algún ayuntamiento.
Así que estos son parte de los motivos por los que la formación política Vox, al menos de momento, no tiene cabida en Galicia.
Esta es una comunidad muy dispersa en cuanto a población, Vox no tiene mensaje en Galicia porque no lo sabe hacer llegar, no sé si es que los medios de comunicación no les llamamos; o es que les llamamos y lo rechazan por miedo escénico o por falta de preparación. Con lo que si los medios locales de todos los pueblos gallegos no pueden difundir el mensaje que Vox tiene para Galicia difícilmente y sólo a través de redes sociales pueden llegar a los potenciales votantes para que les hagan aterrizar en San Caetano.
Por eso todo apunta a la cuarta mayoría absoluta de Alberto Núñez Feijóo, porque como digo siempre, no tiene competencia ni por la derecha ni por la izquierda. Y “no” -les digo a los chicos de Vox Galicia- no es el feudo del Partido Popular, Galicia es el feudo de sus habitantes mujeres y hombres que cuando llega el momento deciden libremente depositar su papeleta en las urnas a quien consideren oportuno y conveniente.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
