Opinión
Homosexismo y feminismo, almas gemelas

El grave, gravísimo problema con los homosexistas (y feministas, abortistas y demás) no es lo que dicen, por mucho que desbarren. No es que pretendan que la particularidad íntima de algunas personas (una sexualidad desviada y estéril) sea equivalente a la sexualidad normal o incluso superior, un motivo de orgullo. Nadie puede evitar que sostengan lo que quieran, no deja de ser su derecho. Lo intolerable e inadmisible es que pretendan hacer de esa particularidad y modo de pensar el eje de la moral, la libertad y la democracia, e imponer sus particulares ideas a toda la sociedad, con persecución abierta o solapada a quienes discrepen., tratando de sumirlos en la muerte civil. Que intenten impedir la política a quienes no se les dobleguen, como acaba de ocurrir con Fernando Paz. Esto lo hacen mediante el escándalo histérico, victimista y cargado de odio. Y muy subvencionado, por cierto, con dinero de todos usado fraudulentamente con tales fines.
El homosexismo, como el feminismo, el abortismo, los separatismos, etc., al igual que los nazis, utilizan la democracia contra la democracia, su libertad particular contra la libertad de los demás, imponiendo leyes totalitarias como las de género o las de memoria histórica. Y vienen imponiéndose porque no chocan con un discurso contrario coherente. La propia Iglesia se va doblegando, incluso en relación con el aborto: el actual papa ha ordenado dejar el asunto en sordina y puesto por las nubes a una representante del abortismo radical. Y el homosexismo y la pederastia parecen bien instalados en el Vaticano. La Iglesia parece haber renunciado a orientar moralmente a la sociedad, orientándose en cambio por algunas tendencias de ella.
Contra estas ideologías totalitarias y liberticidas no pueden oponerse dogmas religiosos (aunque tengan utilidad para quienes los compartan, desde luego), sino una posición bien articulada intelectual y políticamente. Llevo años en este blog exponiendo argumentos coherentes al respecto, sin encontrar apenas eco. El primer ensayo en España (y no sé si en Europa) contra el feminismo secundario (el primario se limitaba a reclamar igualdad de derechos, cosa lograda hace tiempo) lo escribí en 1989 en la revista Tanteos, del Ateneo de Madrid. Lo hice aprovechando un informe de Shere Hite increíblemente publicitado por los grandes medios en Usa y Europa. Y lo titulé La sociedad homosexual, porque el fondo del feminismo es la abolición de las diferencias naturales, físicas y psíquicas, entre varón y mujer, que los feministas quieren considerar como un hecho “cultural”, perfectamente manipulable y ajeno a la biología.
El feminismo es realmente una ideología homosexista, de ahí que mantengan una misma “lucha”, que todos pagamos.
Al respecto han desplegado lo que llaman “teoría feminista”, perfectamente disparatada y de orientación suicida, ya que corroe el sostenimiento del género humano: su abortismo no es en modo alguno casual. Es una especie de “pensamiento histérico”, común al homosexismo, tan afín. Como toda histeria, es contradictoria, y al mismo tiempo que niega las diferencias sexuales está obsesionado con ellas. Como alguien ha dicho, “el feminismo no piensa con el cerebro sino con la vagina, a la que quiere esterilizar”.
Lo importante del caso es que aquel ensayo, que luego he publicado en otras ocasiones, no ha tenido el menor efecto, mientras que la “teoría feminista”, como la homosexista, está por todas partes, disfrutando de grandes medios y recursos, e inspirando políticas cada vez más demenciales y totalitarias. Porque en lo que convencionalmente llamamos derecha, tanto la que se dice de centro como en la llamada extrema, existe en España una aversión profunda hacia el esfuerzo intelectual y más ampliamente cultural.
Combinada con la aversión a la democracia, abierta en la extrema y disimulada en la “de centro”. No sé si esto puede superarse.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






