Opinión
¿Hubieran consentido a Miguel Bernad presentarse a las elecciones europeas?
La respuesta es tajante, NO, NO, NO.
Miguel Bernad y Manos Limpias representan un peligro para el Régimen del 78. No se le perdona que pusiera en evidencia la corrupción institucionalizada, de sindicatos, partidos políticos y de las Instituciones del Estado.
Para Miguel Bernad la presunción de inocencia no vale, esto es válido para los imputados por rebelión, incluidos los huidos de la justicia.
La autorización a poder presentarse a las elecciones europeas a imputados y huidos de la justicia ha estado avalada ni más ni menos que por el Tribunal Supremo, pues la presunción de inocencia está por encima de imputados por los delitos más graves como la rebelión, según el Tribunal Supremo.
Esta doble moral de los Tribunales, se ha puesto de manifiesto en uno de los sucesos más graves de nuestra democracia. Las reacciones de la sociedad, de los medios de comunicación, de las redes sociales han sido de mínimos. PP y C´S anuncian recurso ante el Tribunal Constitucional.
No quiero ni pensar los ataques desde todos los flancos si Miguel Bernad, imputado en la “operación Nelson”, hubiera presentado candidatura a las elecciones al Parlamento Europeo.
La lapidación hubiera sido terrible y a los tribunales les hubieran puesto de “chupa domine”. Pero esto para Miguel Bernad y Manos Limpias es pura utopía, nunca, nunca jamás, se le hubiera autorizado no ya a encabezar una candidatura, sino figurar en las mismas.
La criminalización y lapidación que se ha hecho a Miguel Bernad y Manos Limpias es de tal magnitud que las imputaciones que se han formulado son mucho más graves y relevantes que el delito de rebelión.
El juicio a Miguel Bernad pondrá en evidencia la gran “canallada” que se confabuló para destruir la única voz que denunció a las Instituciones, incluida la familia de la Casa Real, y en esa confabulación el poder judicial quedó contaminado de la lapidación y criminalización feroz de lo que se conoce como penas del telediario.
Jurista y secretario general del sindicato Manos Limpias
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
