Connect with us

Sociedad

Humanismo, luces, odio a la civilización europea

Redacción

Published

on

François Desouche.- Entre las corrientes de pensamiento que han contribuido al nacimiento en el seno de la sociedad europea de un sentimiento de rechazo hacia nuestra propia civilización al tiempo que un deseo de autodestrucción, la ideología del Humanismo y de las Luces ha jugado un papel predominante.

La Modernidad: una ideología de ruptura

En el siglo XVIII el movimiento filosófico de las Luces desemboca en la Revolución Francesa. Al favor de las guerras revolucionarias y napoleónicas, las ideas de las Luces se imponen en Europa y trastocan las sociedades francesa y europea: establecida desde cerca de mil años, la sociedad tradicional cede el lugar a la modernidad. La ruptura alcanza cada uno de los cinco pilares que constituían su armazón.

La sociedad tradicional estaba centrada en el grupo. El individuo no estaba ausente pero debía tener, en su lugar, su papel en la organización social, la cual reflejaba las voluntades divinas. La modernidad, por el contrario esta centrada en el individuo, del cual celebra la libertad y los derechos y promueve su desarrollo. Abriendo el camino a las Luces, el Humanismo del Renacimiento había ocasionado la ruptura inicial, atribuyendo al Hombre la posición central que Dios ocupaba hasta ese entonces.

La sociedad tradicional, “orgánica”, era por su propia naturaleza no igualitaria: cada uno tenía un papel específico, conforme al interés del grupo, los unos combatían para defenderlo, otros rezaban por su salvación, otros más trabajaban para alimentarlo, la dominación de la élite se justificaba por la misión que le correspondía y le imponía deberes. La modernidad por su parte rechaza la inscripción de los individuos en categorías cerradas y hereditarias: reivindica un objetivo de igualdad.

Advertisement

La sociedad tradicional se caracterizaba por su enraizamiento territorial y físico. El individuo estaba inscrito en unas comunidades de pertenencia, constituidas en circulos concéntricos: familia, parroquia, provincia, patria. Los hombres de la sociedad tradicional tenían igualmente conciencia de que los diferentes Estados europeos, a pesar de las guerras entre soberanos, pertenecían a la Cristiandad. La modernidad, por su parte, no reconoce pertenencia alguna de grupo: los grupos humanos son ciertamente necesarios pero son meramente funcionales y no tienen ningún carácter sagrado. Por ella, la modernidad conduce al rechazo de las patrias, que encierran ilegítimamente a los individuos: la modernidad es necesariamente universalista.

La sociedad tradicional estaba abocada a la transmisión de la herencia. Los hombres que vivían el tiempo presente se percibían a si mismos como los eslabones de una cadena: se inscribían en un mundo que preexistía a ellos mismos, que no se podía ignorar y menos poner en cuestión, sino que por el contrario había de ser preservado y transmitido. La modernidad promueve, por el contrario, un individuo independiente, autónomo, libre de toda tradición y de toda moral, adepto del cambio como un valor en sí positivo.

La sociedad tradicional era cristiana. Este elemento religaba e implicaba a todos los demás: la herencia que había que transmitir era la de la moral cristiana: grupos e individuos se ponían al servicio del proyecto divino; los círculos de pertenencias físicas (profundas, entrañables) prefiguraban el Reino por venir. La modernidad es anticristiana y atea: el individuo libre no ha de someterse a un Ser trascendente.

Señalemos que esta evocación sintética de los dos tipos de sociedad no rinde necesariamente cuenta de su funcionamiento concreto y del comportamiento de los individuos, que pueden, claro está, alejarse, y mucho, del modelo ideal: apunta a presentar la lógica intrínseca de cada uno de los dos sistemas y el universo mental en el cual los individuos se insertan poco o mucho. Quedémonos con este punto central: los sistemas de pensamiento tradicional y moderno son, tanto el uno como el otro, coherentes… y profundamente antagónicos.

La Revolución Francesa: un proyecto de destrucción de la sociedad tradicional

Advertisement

La Revolución, pues, será una empresa de demolición de la sociedad tradicional. La Revolución está provocada y conducida por la burguesía, clase social entregada a las Luces (y constituida en “francmasonería”): fuerte por su riqueza, por la cultura que ha adquirido, de las magistraturas que le han sido confiadas, ya no soporta más su posición subordinada. Sin embargo la burguesía esclarecida no ambiciona únicamente el poder: quiere destruir una organización social y un universo de representaciones mentales que la colocaban en una situación inferior, el resentimiento convertido en odio, constituyendo un resorte mayor del fenómeno. Se trata de destruir las órdenes, los castillos, la organización territorial, los idiomas locales, pero sobre todo la religión cristiana, base de la sociedad tradicional. Nada puede ser conservado del antiguo sistema, en el cual todos los elementos estaban articulados y ensamblados a los demás.

La ruptura de las Luces y de la Revolución Francesa constituye el origen de los movimientos filosóficos y las doctrinas que prevalecerán durante el curso de los dos siglos siguientes: nihilismo, liberalismo, concepciones libertarias, comunismo. Esas doctrinas, aunque antagónicas, encuentran su fuente en los dos elementos centrales, libertad e igualdad, que constituyen el mensaje esencial de las Luces. Las doctrinas de la modernidad los empujarán a todas a su extremo: el liberalismo (y las concepciones libertarias) exaltan la libertad individual, despreciando el interés general; el comunismo quiere instaurar la igualdad, al precio de la libertad.

Otros dos aspectos de la concepciones modernas tienen también su fuente en las Luces. Es el caso ante todo del espíritu de resentimiento; es así que hoy, en nombre de la igualdad, una gran parte de la élite francesa y europea retoma para sí el resentimiento antieuropeo de las poblaciones del Tercer Mundo, percibido como un nuevo Tercer Estado (*1).

Asimismo nuestra élite tiene muchas veces tendencia a acusar a los “sistemas”y a exculpar a los individuos de sus responsabilidades (ya se trate de delincuentes o de los asistidos, considerados como víctimas): esas concepciones están directamente inspiradas en las ideas rousseaunianas (de J.J. Rousseau) según las cuales los individuos son buenos por naturaleza y pervertidos por una organización social deficiente.

Nosotros lamentamos la ruptura provocada por las Luces y la Revolución: preferimos las evoluciones a los trastocamientos. Pero no se trata de rechazar en bloque la modernidad, menos aún de idealizar el sistema tradicional. Algunos elementos de permanencia pueden ser señalados. Por ejemplo, la noción de Estado y de interés general no son nociones modernas, ya existían en la sociedad tradicional. Otro ejemplo: la existencia individual tenía un sitio verdadero en la sociedad tradicional (el cristianismo es una religión personal), contrariamente a lo que afirma la propaganda de la modernidad. Señalemos también que la toma del poder por la burguesía fue acompañada por una gran hipocresía, la sociedad moderna no es, en numerosos aspectos, más libre de lo que fue su predecesora.

Advertisement

La Revolución Francesa no está completada

Insistimos sobre ese punto: la modernidad surgida de las Luces y la Revolución desemboca finalmente en el odio de la sociedad europea. En efecto, la civilización europea ha surgido, en lo esencial, de los marcos de la sociedad tradicional. Destruir las pertenencias físicas (“carnales”), la familia, la patria, erradicar el cristianismo, religión milenaria de Europa, promover lo derechos del individuo hasta el extremo de ocultarle sus deberes, es en realidad hacer desaparecer la misma civilización europea.

El movimiento y los trastocamientos lanzados por las Luces y la Revolución no están completados y las fuerzas revolucionarias están aún en esa tarea. La hostilidad de la concepción tradicional de la familia lleva a los militantes de la modernidad a exigir por ejemplo la homoparentalidad (la familia compuesta por padres homosexuales con hijos propios u adoptados). La primacía que otorgan a la libertad los conduce a reivindicar la posibilidad de realizar investigaciones en materia de manipulación genética (antes de pedir, cuando llegue el momento, la legalización de la clonación humana). El espíritu universalista de las Luces y el resentimiento anticristiano conjugados conducen a favorecer la inmigración, la edificación de una sociedad multicultural o la integración de Turquía en Europa, entre otras cosas.

La ideología de las Luces y de la Revolución Francesa es la matriz de las concepciones y del estado de espíritu que son hoy los de la élite burguesa europea. Esta élite en el poder sigue la obra comenzada en el siglo XVIII: erradicar lo que subsiste de la sociedad tradicional y continuar con la construcción de un “hombre nuevo”. Cuando haya alcanzado sus fines, nuestra civilización habrá desaparecido.

Traducción: BD

Advertisement

NOTAS

(*1) El Tercer Estado es uno de los tres estamentos básicos de la sociedad propia del Feudalismo y el Antiguo Régimen. Se compone de la población carente de los privilegios que gozaban el Clero y la Nobleza, por tanto puede ser también considerado equivalente al grupo de no privilegiados. También puede denominarse estado llano, pueblo llano o pueblo a secas, plebe (por similitud a la división de la sociedad romana en patricios y plebeyos), o común.

Los sectores que componen el Tercer Estado son dos:

1- El campesinado: la inmensa mayoría de la población, sometido comúnmente a servidumbre o al régimen señorial.

2- La burguesía: los habitantes de las ciudades, teóricamente libres, de la que formaban parte:

Advertisement

a) Los artesanos de cada oficio, organizados en gremios o cofradías.

b) Los comerciantes o mercaderes, que también se organizaban de forma similar y se reunían periódicamente en ferias.

c) La plebe urbana o gente pobre de la ciudad.

Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

Avatar

Published

on

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

Advertisement

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Advertisement

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

Continue Reading