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Idioteces «animalistas»

Redacción

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Los animalistas sectarios son una ralea de majaderos integristas que se han erigido como inquisidores de una supuesta defensa animal. Como cualquier ideología totalitaria y fanática, han creado su propio insulto para señalar a los que no acepten todas sus extravagancias: “especista”.

 

Debe de haber pocas cosas más peligrosas que un tonto con dinero y tiempo libre. Porque, como es inherente a su naturaleza tontuna, se dedicará a hacer tonterías. La cosa no es nueva en la historia de la Humanidad, lo que pasa es que parece que, en estos últimos tiempos, los tontos se han multiplicado como setas tras una tormenta.

Al calor de generosas subvenciones y ayudas -que, no lo olvide, no las paga “el Estado”, sino que las abonamos usted y yo a costa de nuestro trabajo-, florecen multitud de entidades, asociaciones, ONGs e instituciones de lo más variopinto que abren el paraguas todo lo que pueden para recoger la lluvia del dinero del contribuyente.

Ahí es cuando ya toca más las narices saber que el sudor de tu frente se destina a financiar todo tipo de chiringuitos regentados por caraduras, fanáticos, arribistas, aprovechados, tarados, aburridos y tontos del bote que quieren imponer sus chaladuras al resto de la sociedad.

Los cerdos y las ovejas, no hace falta decirlo, pasaban absolutamente de sus plañideras subvencionadas y seguían a lo suyo

Hoy me refiero en concreto a los animalistas sectarios, esa ralea de majaderos integristas que se han erigido como inquisidores de una supuesta defensa animal. Y digo “supuesta” porque, cualquier persona en su sano juicio, no desea que se le inflija un mal gratuito y arbitrario a un animal. Si alguien lo comete, se le aplica le ley, paga por ello y punto.

A partir de aquí, empieza la ideología, las bobadas, las chorradas, los cuentos chinos y el victimismo que apela a los sentimientos para que la Administración pública abra al grifo de las subvenciones. Porque son hábiles: te bombardearán con imágenes de toros sanguinolentos en el ruedo de una plaza, o del perro que ha sido apaleado salvajemente por su amo, o de las condiciones “terribles e inhumanas” que supuestamente sufren los animales que viven en granjas.

Recientemente, hablando con un ganadero, me comentaba que tenían que llevar de madrugada en camiones a los animales a sacrificar para que no aparecieran animalistas cerrándoles el paso y despidiéndose de cerdos y ovejas con lágrimas, hipos, convulsiones y sollozos. Los cerdos y las ovejas, no hace falta decirlo, pasaban absolutamente de sus plañideras subvencionadas y seguían a lo suyo.

«Vigilia vegana»

Sin embargo, los animalistas nunca te pondrán una imagen de animales matándose entre sí (cosa que lleva ocurriendo desde que el mundo es mundo y seguirá ocurriendo hasta el final de los tiempos) o de ganaderos lamentándose porque, por las rígidas y absurdas leyes ecologistas, los depredadores se han quedado prácticamente sin comida y tienen que atacar al ganado vivo e incluso a las personas.

Si lo hicieran, su fábula sensiblera perdería las tonalidades rosadas y su cuento de la indefensión animal llegaría a su fin. Porque los animales son precisamente eso: bestias. Y “bestia” no es un término despectivo si se aplica a un animal. Sencillamente, lo define.

Si usted cree que la vida de un hombre tiene más valor que la de una pulga, un perro, una cucaracha silbadora o un antílope acuático, además de fascista, es usted un “especista”

No hay cosa que indigne más al mundo rural que el típico urbanita ecologista que apenas ha pisado el campo y que vive cómodamente en la ciudad pero que legisla y ordena medidas absurdas que están al servicio de una ideología y no de la realidad. Lo que Alfonso Ussía ha venido llamando desde hace años el “ecolojeta” o el “ecologista coñazo”. En el fondo, les han adiestrado para comportarse como agentes medioambientales al servicio de una ideología. El enemigo de la Naturaleza es el hombre, y por tanto hay que limitar al máximo su actuación. Y, si es posible, echarle.

Como cualquier ideología totalitaria y fanática, han creado su propio insulto para señalar a los que no acepten sin ambages todas sus extravagancias: “especista”. Básicamente, si usted cree que la vida de un hombre tiene más valor que la de una pulga, un perro, una cucaracha silbadora o un antílope acuático, además de fascista, es usted un “especista”.

Pero, además, no están nada contentos con algunas expresiones coloquiales que usamos habitualmente y quieren erradicar lo que llaman “el lenguaje anti-animal” . Si usted no lo hace, ya sabe que se expone a que le cuelguen el consabido sambenito de “especista”. Por ejemplo, no se puede decir “matar dos pájaros de un tiro”. Ahora, para que los animales no se sientan ofendidos, hay que cambiarlo por «alimentar a dos pájaros de un bolillo». «No seas gallina» es denigratorio para esas aves galliformes. “Mejor diga: ‘No seas cobarde’”, nos indican. «Poner toda la carne en el asador» suena muy violento y carnívoro. Sustitúyalo por un sencillo “echarle todas las ganas”. “Llevarse como el perro y el gato” estigmatiza a estos animales. De nuevo, recurramos a la sencillez: “No llevarse bien”. Por último, la más estrambótica de todas: nada de “agarrar al toro por los cuernos”. Lo correcto, para estos guardianes de la pureza del lenguaje, es «agarrar la flor por las espinas» (lo que podría interpretarse como una agresión al mundo floral, pero de esto no dicen nada).

En fin, que cuando uno habla con un africano sobre estos “dilemas” de Occidente, muchas veces se encoge de hombros y te responde que son “problemas del Primer Mundo”. En los países pobres no existen estos debates estériles. Con subsistir, conseguir algo de comida, agua potable y no contraer alguna enfermedad infecciosa, se dan por satisfechos. Mientras, nosotros, los ricos, preocupadísimos por si hay que agarrar al toro por los cuernos o sujetar la flor por las espinas. (Alex Navajas)

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¿Cómo identificar casinos online seguros en 2026? Guía completa de ciberseguridad

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El entretenimiento digital ha experimentado una transformación radical en los últimos años. Dentro de este ecosistema, el sector del juego en línea es uno de los que mayor crecimiento ha registrado, atrayendo a millones de usuarios que buscan emoción y diversión desde la comodidad de sus dispositivos. Sin embargo, este bum digital también plantea un reto fundamental para los internautas: la ciberseguridad. Encontrar plataformas que garanticen la protección de datos y fondos es hoy la máxima prioridad.

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A continuación, desglosamos los pilares fundamentales que debes analizar para garantizar que tu experiencia de juego sea tan divertida como protegida.


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  • Regulaciones locales: Cada vez más países exigen licencias nacionales específicas para operar dentro de sus fronteras. Estas normativas obligan a las empresas a cumplir con auditorías constantes y a rendir cuentas ante las autoridades del país.

Una licencia oficial garantiza que los juegos no están manipulados, que los fondos de los jugadores están segregados de los operativos de la empresa y que existen mecanismos formales para resolver disputas.

2. Encriptación de datos y protocolos HTTPS

Cuando te registras en una plataforma de entretenimiento financiero, compartes información sensible: nombres, direcciones y, lo más crítico, datos bancarios. Por ello, la infraestructura tecnológica del sitio web debe ser impenetrable.

Los operadores líderes implementan sistemas de encriptación SSL (Secure Socket Layer) o TLS de última generación (mínimo de 128 o 256 bits). Esto asegura que toda la información que viaja desde tu dispositivo hasta los servidores del operador esté completamente cifrada, haciendo inviable el acceso para terceras personas o ciberdelincuentes. Comprobar que la URL comience siempre con https:// es el primer paso que todo usuario debe dar.


3. Certificados de juego limpio (RNG)

¿Cómo saber si las tragamonedas, la ruleta o el blackjack electrónico son realmente aleatorios? La respuesta está en el RNG (Random Number Generator) o Generador de Números Aleatorios.

Los sitios web de prestigio someten sus sistemas a la auditoría de laboratorios independientes de renombre internacional, tales como:

  • eCOGRA (eCommerce Online Gaming Regulation and Assurance)
  • iTech Labs
  • GLI (Gaming Laboratories International)

Estas entidades testean millones de jugadas para certificar que el porcentaje de retorno al jugador (RTP) sea el real y que el azar dicte el destino de cada apuesta, descartando cualquier tipo de fraude informático.

4. Métodos de pago reconocidos y retiros ágiles

La variedad y reputación de las pasarelas de pago de un sitio web dicen mucho sobre su fiabilidad. Las empresas financieras de renombre mundial no asocian sus servicios con plataformas dudosas.

Tipo de Pago Opciones Populares Ventaja Principal
Tarjetas de Crédito/Débito Visa, Mastercard Universalidad y respaldo bancario directo.
Billeteras Electrónicas Neteller, Skrill, PayPal Privacidad (no compartes datos bancarios con el casino).
Sistemas Locales Transferencias bancarias, Webpay Comodidad adaptada a cada mercado.
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Además de la variedad, un operador transparente destaca por procesar los retiros de ganancias de forma ágil, sin trabas injustificadas y detallando claramente los tiempos de espera en sus términos y condiciones.


5. El Compromiso con el Juego Responsable

La seguridad no solo implica protegerse de amenazas externas, sino también de los riesgos del propio juego. Las plataformas más profesionales se toman muy en serio la salud e integridad de su comunidad.

Un entorno digital seguro siempre pondrá a disposición del usuario herramientas de Juego Responsable. Estas incluyen la posibilidad de fijar límites de depósito diarios, semanales o mensuales, alertas de tiempo de sesión, test de autoevaluación y, en última instancia, opciones accesibles de autoexclusión temporal o definitiva. El juego debe ser siempre una forma de ocio, nunca una necesidad financiera.

Conclusión

El sector del juego en línea ofrece un abanico inmenso de diversión y adrenalina, pero el éxito de la experiencia radica en la prevención. Dedicar unos minutos a verificar las licencias, comprobar los sellos de auditoría técnica y optar por plataformas de reputación contrastada marcará la diferencia entre pasar un buen rato y sufrir un dolor de cabeza digital. Prioriza siempre la seguridad y disfruta del juego de forma inteligente y consciente.

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