España
Iglesias amenaza a Pablo Casado con acabar «un día en la cárcel»
Pablo Iglesias ha pasado por ‘Los Desayunos de TVE’ para ser entrevistado por Xabier Fortes. Una entrevista donde se habló de la devolución de inmigrantes en Melilla, de derechos humanos, del nuevo decreto que regula la publicidad de casas de apuestas, o de la celebración del 8 de marzo entre otras cosas.
Uno de los temas por los que ha sido preguntado el líder de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno, ha sido la futura mesa de negociación de Cataluña. Sobre este asunto ha sido preguntado sobre los miembros que compondrán esta mesa entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el de la Generalitat de Quim Torra. Sobre si Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republinaca de Catalunya (ERC), condenado por sedición y malversación a 13 años de cárcel, formaría parte de esta mesa, Iglesias ha tendido ‘puente de plata’ al líder catalán: «No podemos decidir quiénes son nuestros interlocutores, y Junqueras, esté o no fuera de la cárcel, es el jefe de ERC, porque así lo ha querido ERC. Y además ese señor ha recibido muchos votos. Un Gobierno no tiene la capacidad de vetar a nadie y tiene que asumir quiénes son los interlocutores».
Pablo Iglesias junto a Oriol Junqueras
El comentario amenazador de Iglesias a Pablo Casado y un futuro entre rejas
Aprovechando estas palabras, el vicepresidente segundo del Gobierno, ha lanzado un mensaje amenazador a Pablo Casado con la cárcel como protagonista. Cuando era preguntado por Xabier Fortes, que no le ponía en ningún aprieto con sus cómodas preguntas, sobre si se volvería a reunir con Junqueras en presión, repitiendo la imagen que se dio en octubre de 2018, Iglesias ha defendido que sí, y que «si el señor Casado acaba un día en la cárcel, y sigue siendo el jefe del Partido Popular, y tengo que hablar con él, pues iré a la cárcel a ver al señor Casado», decía ante un Fortes que asentía gustosamente.
La queja de los trabajadores de TVE
Estas declaraciones no han pasado desapercibidas para los trabajadores del propio ente público. La ‘Plataforma TVE libre’, formada por los empleados que denuncian los vicios de la Administradora Única de RTVE, Rosa María Mateo, han denunicado en redes sociales estas declaraciones: «¿Puede un vicepresidente decir eso en la RTVE pública?, ¿Compara Pablo Iglesias a Pablo Casado con el condenado y encarcelado Oriol Junqueras?».
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
