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Opinión

Inmigración, la guerra cuya existencia negamos. Por Roberto Pecchioli

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por Roberto Pecchioli

 

Fuente: EreticaMente

Y así hay cuatrocientas. Esa es la cantidad de iglesias quemadas en Francia (a fecha de 2024). Se suman a la cantidad de lugares de culto cristianos abandonados o vendidos en todo el viejo continente, es decir, el continente vejestorio. Cambio de uso: se convierten en lugares comerciales o turísticos. Una civilización y una tradición religiosa reducidas a un mercadillo de sí mismas.

En nuestro país, los liberales de centroderecha quieren ius scholae, un ius soli disfrazado, para beneficiar a los estudiantes extranjeros que completan sus estudios en las desastrosas escuelas italianas. Según Antonio Tajani, huérfano de dos reyes —la Casa de Saboya y Berlusconi—, ahora casado con Ursula von der Leyen, es la solución al problema demográfico. De hecho, se ha dado cuenta de que los italianos no tienen hijos. En treinta años de actividad política, no se había dado cuenta. En extraña sintonía con el huérfano de Arcore, los centristas (Azione o Italia Viva, indistinguibles, dejando de lado las disputas personales) proponen reducir a la mitad el tiempo que tardan los extranjeros en adquirir la ciudadanía, lo que significaría transmitirla a sus hijos por los efectos del ius sanguinis. Un cóctel devastador que acabará con la nación italiana en una generación. La nacionalidad, no la ciudadanía, un simple sello en los documentos. Pero ¿qué les importa a los italianos y a los europeos?
Hay una guerra en curso cuya existencia fingimos ignorar. De vez en cuando nos despertamos con la noticia de que alguien ha sido apuñalado por un «invitado» en este o aquel país de la envejecida Europa. Aquí y allá, alguna iglesia arde. Las calles están invadidas por inmigrantes ilegales que ni siquiera respetan las normas básicas del decoro, a veces defecando o masturbándose en público. Quien no lo crea debería leer las noticias. Las agresiones sexuales son innumerables, pero solo los «feminicidios» cometidos por personas blancas nos interesan. Tras un mes de polémica, el caso de la joven milanesa asesinada ha sido clasificado como un accidente. Estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, afirma el coro benefactor, progresista e inclusivo, porque el asesino es un ciudadano italiano de origen africano. Un conciudadano, no un compatriota.

El espacio público ha sido entregado, junto con las leyes, a quienes ocupan nuestros países desfigurados, subvirtiendo nuestra cultura centenaria, nuestra religión bimilenaria, nuestra forma de ser. Blanden cuchillos y machetes sin argumentos. La policía teme confrontarlos porque cualquier acción despertará la ira del coro progresista y los llevará a ellos, no a los criminales, al banquillo de los acusados. El fin de sus carreras, la ruina financiera, quizás la cárcel para quienes la merecen. El mundo está patas arriba: ¿quién los obliga a hacer esto?
¿Por qué hemos llegado a este punto? Muy simple: los líderes europeos, no solo los progresistas, han ignorado deliberadamente lo que ha sido el mayor fenómeno del continente durante décadas. El problema de la inmigración ya era muy grave en Alemania en la década de 1990. En Francia, la situación es aún más grave. Nicolás Sarkozy llegó a la presidencia en parte porque se atrevió a entrar en barrios marginales donde ni siquiera la policía se aventuraba, solo para olvidar sus promesas una vez en el Palacio del Elíseo. En Bruselas, la burocrática capital europoide, barrios enteros escapan al control del debilitado Estado belga, y la sharia sustituye a los tribunales oficiales. En cuanto a Gran Bretaña, es mejor callar: los asesinatos y violaciones «étnicas» de niñas blancas pobres a manos de bandas extranjeras se mantienen en secreto para no alimentar, según gobiernos de todo tipo, el racismo, que, en cambio, prospera negando los problemas. Un niño de once años, culpable de ondear la bandera de San Jorge, ha sido arrestado. La ley desaparece porque los políticos —con sus magistrados en funciones— se niegan a aplicarla o reservan su severidad para sus ciudadanos. La democracia deja de existir porque no puede haber democracia que proclame la desigualdad contra sus ciudadanos. Todos los deberes pertenecen a los compatriotas —incluido el de financiar el fin de su modo de vida— mientras que todos los derechos pertenecen a los extranjeros.

Por eso el concepto de democracia tiene tan poco atractivo, mientras que las reacciones que surgen del vientre del cuerpo social herido —débiles pero reales— parecen el último rasguño de un animal herido, un verano indio sin sol cálido, un recuerdo de estaciones pasadas. La invasión está en marcha, pero no puede llamarse así; la sustitución étnica —y también de valores— está en marcha. Es la guerra no declarada de las oligarquías contra el pueblo. La política envía señales débiles, cuando las envía. Giorgia Meloni es jefa de gobierno en parte porque prometió un bloqueo naval, que fue silenciado tras el veto europeo. Soberanistas de mis narices. En Francia, todo el sistema tuvo que unirse para impedir que Marine Le Pen llegara al poder –pero no olvidemos que el pueblo siguió las instrucciones del poder–; en Alemania, el avance de la AfD y de los socialpopulistas es potente, pero no consigue desmantelar el muro del establishment.

Mientras tanto, el poder industrial alemán decae, e incluso se habla del cierre de Volkswagen. Un golpe peor que la ignominiosa desaparición de Fiat en Italia. La reacción de los grandes poderes —política, economía, cultura, comunicación— es la misma. Cualquiera que se defienda es racista, fascista, etc., etc. Una señal inequívoca de que no hay intención de cambiar la agenda. Debemos avanzar hacia la extinción étnica, el empobrecimiento económico y la degradación social y civil, riendo, porque eso es lo que han decidido desde arriba. La derecha y la izquierda en el poder están de acuerdo en casi todo, incluso en la invasión, aliados en la guerra contra el pueblo. Nosotros mismos, con nuestro voto, nuestra indiferencia, nuestra absurda adhesión a las consignas impuestas desde arriba, somos responsables de lo que sucede. Se criminaliza la legítima defensa de los pueblos, al igual que la de quienes reaccionan ante ladrones, salteadores y asesinos.

Una legítima defensa que debería comenzar con el rechazo a las consignas de los ventrílocuos del poder. “Los países europeos deben permitir la inmigración económica si quieren superar el desafío del envejecimiento de la población y mejorar el crecimiento de forma sostenible”. Fabio Panetta, gobernador del Banco de Italia, así lo ha afirmado. Su perfil es interesante. Un tecnócrata financiero criado en la London School of Economics (Soros y los fabianos, cuyo símbolo es un lobo con piel de oveja), donde el capitalismo se convierte en globalismo progresista en el culto a la «sociedad abierta». Panetta afirma que la inmigración es una respuesta racional desde un punto de vista económico. ¿Ha considerado otras perspectivas? ¿Por qué todos los aspectos de la cohesión social, cultural, política, civil y espiritual quedan fuera del alcance de este perfecto representante de una monocultura mercantil?
Que el mundo del dinero ha impulsado la inmigración masiva es evidente desde hace tiempo, sobre todo tras la gran crisis migratoria de 2015, provocada deliberadamente por los poderes económicos. Si alguien lo dudaba, Panetta está ahí para recordárnoslo. En el mismo evento donde intervino el gobernador, la reunión anual de Comunión y Liberación, conocida como la «Reunión por la Obsequiosidad Colonial», Tajani, viceprimer ministro, habló del ius scholae. El entusiasmo clerical, desde Zuppi hasta abajo: el resentimiento antinacional ha permeado desde hace tiempo la Iglesia italiana. Sus posturas son compartidas por el sector financiero, amplios sectores de la industria (que lucha por encontrar personal debido a que la crisis demográfica ha exacerbado su declive) y el sistema de partido único que impera en Occidente.
Abrir las puertas, dejar entrar a todos, criminalizar a los disidentes, como al pobre e imperfecto Salvini, enjuiciado por defender las fronteras marítimas de visitantes no invitados. No, fueron invitados, deseados y financiados por una potencia enemiga que odia a su pueblo. Naturalmente, el banquero y el político de Mediaset hablan de «inmigración legal» (no pueden defender abiertamente la inmigración ilegal), pero lo que pretenden es una flexibilización de los criterios: la inmigración es legal si solo se consideran los factores económicos. Después de inducirlos, claro.
Que la Unión Europea promueve la inmigración masiva es una verdad innegable, alimentada por autoridades religiosas desarmadas, como Bergoglio, que acusaba de pecado mortal a quienes no aprueban la acogida forzada de masas extranjeras, que son todo menos católicas. El suicidio, según la doctrina de ayer, era un pecado grave, pero en este mundo al revés, incluso la Iglesia está patas arriba. La UE, los sacerdotes y las finanzas son indiferentes a los dramáticos efectos de las políticas migratorias: siguen con sus asuntos. Negocios, como siempre. En Rímini, también había un prelado locuaz —admirador de Pannella y protagonista de frescos muy cuestionables en la catedral de Terni—, el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Vincenzo Paglia.
No dudábamos del papel del Vaticano como segundo al mando de las élites globalistas, y no solo en el tema de la migración; ellos lo llamarían sinergia. La bendición papal envuelve en incienso las decisiones económicas y políticas de los Panetta, los Tajani y otros venerables hermanos en los círculos secretos que han robado la soberanía del pueblo. Todo está claro: hay inmigración masiva porque eso es lo que quieren los que ostentan el poder. Y ya que está claro, recordemos algunos aspectos clave. En el ámbito económico, la inmigración tiene sentido cuando una economía crece y necesita mano de obra cualificada. Es difícil justificarlo si las economías crecen lentamente, en un contexto de alto desempleo juvenil, exacerbado por una masiva automatización y robotización que está desplazando a millones de trabajadores, categorías enteras y figuras profesionales. ¿Quién apoyará a la masa recién llegada? ¿Por qué? ¿Para crear un neoproletariado menos exigente que el autóctono? Ciertamente, a costa del empobrecimiento de la clase trabajadora y la clase media europeas.
En cuanto a la demografía, es cierto que debemos «ganar el reto del envejecimiento de la población», pero ¿qué y quién ha causado el envejecimiento de la población europea? Durante medio siglo, hemos aplicado políticas deliberadamente antinatalistas, ¿y ahora tenemos que luchar contra el envejecimiento importando personas nacidas en otros lugares? ¿No es más racional fomentar la natalidad en la población local? ¿Es tener hijos fascista si eres europeo, y en cambio es progresista si eres africano? Sobre todo, una pregunta fundamental: ¿por qué la economía es el único argumento aceptable, en este y en cualquier otro tema? El mundo no se rige únicamente por consideraciones económicas. Hay factores culturales, sociales, religiosos, históricos, comunitarios y políticos que son más importantes —repetimos, más importantes— a la hora de forjar una sociedad equilibrada. La reducción mercantil de la existencia —envuelta o no en incienso— es uno de los síntomas más evidentes de decadencia. Mientras tanto, en Alemania, los nuevos alemanes matan con cuchillos; en Inglaterra, los nuevos británicos lo hacen con hachas. En Francia, las iglesias arden y cientos de suburbios se convierten en infiernos metropolitanos. En España, ya no saben dónde alojar a los recién llegados. Estados Unidos está al borde de una guerra civil por motivos étnicos y por una inmigración que no es descontrolada, sino provocada. En el clima del fin del imperio, la contribución de Italia es la farsa del Ministro de Cultura (¡de Cultura!) y su «Boccia di rosa» [títere, N.delT.]. «O ministro nnammurato» [en dialecto napolitano, “el ministro profundamente enamorado”, N.del T.], una farsa de mala muerte. Incluso Nápoles ya no es lo que era. Tras el cómico final, cae el telón. Que el último hombre cierre la puerta.

https://www.ariannaeditrice.it/articoli/immigrazione-la-guerra-di-cui-neghiamo-l-esistenza

Traducción: Carlos X. Blanco

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Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

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