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Opinión

Quemar la parte pura de España. Por Carlos X. Blanco

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Carlos X. Blanco

El duro golpe que ha recibido “la ciencia”, primero con el COVID, después con el “cambio climático”, y, en conexión con estos fenómenos, ahora con la plaga de incendios en España, es de tal calibre, que esta institución hasta ahora sacrosanta no se va a reponer en siglos.

 ¿Quién va a seguir creyendo en “publicaciones de prestigio” que profetizan lo que sus amos –sigan la pista del dinero- van a causar, para desgracia general?

Vimos el mapa de los incendios este verano. Una barra vertical N-S, desde Asturias hasta Andalucía, una línea casi perfecta de fuego que recorrió el occidente peninsular. Extraño cambio climático, que distribuye de forma tan rectilínea sus catástrofes.

Conozco bien el occidente peninsular, especialmente el septentrión. Belleza y Tradición, dos palabras me bastan. Con rabia y frustración, ya desde joven, observé que los planes desarrollistas del R78, desde los tiempos felipistas, trazaban un arco de compás a lo largo de todo el litoral mediterráneo, aunque se podía forzar el arco por el N, abarcando las provincias vascongadas, y no solo Cataluña, así como toda la costa andaluza y sus grandes capitales, por el S. La aguja de ese compás desarrollista que la casta del R78 pactó con francos y germanos debía situarse, cómo no, en Madrid. Allí se fijaba hacia el Mare Nostrum en interés de “Europa”. Una aguja para desangrar España, en el Madrid donde las influencias se trafican, y  un arco en las periferias orientales, donde los vampiros succionan.

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La España que más salvó a España, la del occidente peninsular (que debería incluir Portugal) quedó dejada de la mano de Dios desde el gobierno de Felipe Pero Dios es bueno y, a cambio de un supuesto “subdesarrollo”, la dejó más pura. Antes de los fuegos de este infernal verano, el sur y el occidente del Principado, la montaña leonesa, el hermoso Bierzo… eran paraísos de prístina belleza. Igual que hace siglos, allí se conservó belleza y tradición. Allí más rápido y más hondamente se expandió la Reconquista (frente a un oriente hispano muy moruno y difícil de recobrar); también allí se refugió el verde de los montes la blancura sonrosada de los rostros nativos.

Antes de los incendios, en mis veranos de paseo y recreo, se veían pueblos dignos, limpios y modos ancestrales de relación con la naturaleza, sanos y equilibrados, sanos como ninguna agenducha dosmiltrenta de burócratas europeos podrá adivinar ni soñar jamás. La repoblación hizo que la Extremadura, Portugal y el occidente andaluz conservaran también esa pureza originaria de una España auténtica, libre de sarracenos, fealdades modernas y de otras influencias externas.

Esta agenducha de 2030 no va a permitir esa lección viviente de verdor y emboscadura hispana que siempre fue el Noroeste, y más en general, el occidente de la Península. Cientos de asesinos de bosques, asesinos de tradición, de animales, de economías y de personas han sido identificados o arrestados por las fuerzas de seguridad. Bien interrogados, saldrían los nombres de quienes les pagan y de quienes les animan a hacerlo. En un país normal debería ocurrir eso. La España alienada por los mosaicos étnicos, enlosada por urbanizaciones atroces, cultivos bajo plástico y esclavos sudorosos debía reemplazar –estaba sentenciado- a la economía familiar, autosuficiente y digna de quienes fueron nuestros padres, abuelos y reconquistadores. El mal se propaga al verde y frondoso Occidente. Este, no va a ser consentido por los todopoderosos fondos de inversión.

Veremos pronto cómo arañan el suelo calcinado y volverán a violar las entrañas de la tierra, buscando litio o Dios sepa qué rareza de mineral. Veremos pronto cómo llenan de espejos un suelo de cenizas, y pondrán aspas generadoras de mierda desarrollista y de economía verde que devora lo verde.

La dejadez y la desgana ante esta catástrofe no es casual. Es buscada. La España que quemó es una España que no iba a ser consentida por nuestros enemigos más furibundos: los amos del dinero y, con ellos, la casta del R78 y sus taifas, el lobby del majzén con todos sus moros, la Bruselas alcahueta y puta a la vez… Malditos sean. Hace falta una nueva Reconquista. El año 711 lo hemos revivido en 2025.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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