España
Interior se desentiende de la operación armada de Marruecos contra la inmigración ilegal: «No tenemos nada que decir»
«No tenemos nada que decir». Es la respuesta que el Ministerio del Interior trasladó a este diario en relación a las tres operaciones contra presuntas organizaciones dedicadas a la inmigración ilegal, que en un gesto fuera de lo habitual, Marruecos ha hecho públicas en las últimas 48 horas y que han tenido como resultado la muerte de al menos una mujer de nacionalidad marroquí por disparos y la detención de varios ciudadanos españoles.
Estas actuaciones, llevadas a cabo entre el pasado sábado por la noche y el martes, parecen mostrar la voluntad de Rabat de intentar reducir la salida de pateras hacia el Mediterráneo, si bien Interior ha rehusado confirmar ese supuesto, comentar si hay algún tipo de acción coordinada o siquiera si ha tenido conocimiento previo de estas intervenciones.
El número de embarcaciones que han salido de las costas del Reino vecino rumbo a España en lo que va de año se acerca a las 1.300 y han transportado en conjunto a más de 32.000 hombres, mujeres y menores a bordo. Las autoridades marroquíes aseguran que, por su parte, han abortado el intento de partida de otros 54.000 inmigrantes más hacia la UE. En las últimas fechas, además, las agencia de noticias dan cuenta de la acumulación noche tras noche de cientos de personas en las playas del norte marroquí que, siguiendo un rumor difundido por las redes sociales, aguardan a ser llevados de forma gratuita a tierra española. «El pueblo quiere patera gratis», puede leerse en una de las pancartas que aparece en un vídeo difundido por internet según mencionó este miércoles Efe, que indica que el gobierno alauí ha tratado hasta ahora de minimizar el alcance de este «hrig», la emigración clandestina de sus jóvenes, que estarían intentando huir masivamente del país acuciados por la represión -particularmente intensa en el Rif un desempleo asfixiante.
En la misma zona
A lo largo de este verano, Salvamento Marítimo ha informado de que cerca de la mitad de los rescatados de las embarcaciones que cruzan el Mediterráneo son marroquíes, y muchos de ellos menores. El descontento y las ansias de éxodo ya no se oculta ni en los estadios de fútbol. «Lo siento patria mía, nos han machacado y hemos preferido emigrar» podía leerse recientemente en el campo del Berkane, al noreste del país.
Precisamente en la zona próxima a la playa de Martil, en aguas jurisdiccionales marroquíes al sur de Ceuta, una de las que acogen las concentraciones nocturnas de los «candidatos a la emigración» -como les denomina Marruecos en sus comunicaciones oficiales- es donde se han sucedido los incidentes que implican a súbditos españoles. El primero de ellos, patrón de una lancha rápida que fue tiroteada el martes por la Marina Real Alaui cuando transportaba una veintena de inmigrantes, permanecía ayer arrestado en Tetuán, si bien webs de información insisten en que junto a él se encontraban otro español y un marroquí residente en nuestro país que tripulaban la embarcación.
El Ministerio del Interior dijo a este diario no tener conocimiento más que de la detención del piloto de la embarcación. Se tata de un individuo con antecedentes que le señalan como autor de 25 delitos, que ha sido detenido 16 veces con anterioridad y sobre el que desde febrero pesa una orden de alejamiento por violencia de género.
En la operación que desembocó en su arresto resultaron heridos cuatro inmigrantes, una de ellas una mujer de 22 años que falleció en el hospital de Mdiq-Fnideq, cerca de Tetuán. Otro es un joven de Alhucemas que, según el sitio M24, que fue trasladado a Rabat en estado crítico después de que fuera necesario imputarle un brazo. Todos los pasajeros, que diversas fuentes calculan en un grupo de entre 18 y 20 personas, eran marroquíes.
«Candidatos»
Aparte de este episodio, la Dirección General de Seguridad Nacional de Marruecos difundía ayer la captura el día anterior en Tánger de otro ciudadano español como «principal sospechoso» de pertenencia a una red criminal «especializada en fraude y el tráfico de inmigrantes», que era arrestado por la policía judicial junto a un «compinche marroquí».
Hay un tercer incidente revelado por el Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas del país vecino, que el lunes notificaba que la Marina y la Gendarmería habían frenado la noche del sábado al domingo «una operación de emigración clandestina» cuando lograron alejar de la ya mencionada playa de Martil a una lancha que trataba de llegar hasta ellas para embarcar personas.
Las «narcolanchas» diversifican el negocio
Los medios marroquíes están identificando las lanchas rápidas contra las que Marruecos está actuando estos días como «Go fast», esto es, las embarcaciones utilizadas por los narcotraficantes de la zona del Campo de Gibraltar, que ultimamente también están empleando para transportar inmigrantes clandestinos desde las costas marroquíes hasta España. La voz de alerta la dio la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC), que hace varias semanas ya difundió un vídeo para denunciar precisamente esta práctica. En la grabación podía apreciarse una de estas «narcolanchas» con varios inmigrantes a bordo en el momento en el que eran trasladados a escasos metros de la playa de Los Lances, en Tarifa (Cádiz), donde el piloto de la embarcación conminaba a sus pasajeros a al agua de uno en uno ante la presencia y la sorpresa de algunos bañistas.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
