España
Isabel Díaz Ayuso, vicesecretaria de Comunicación del PP, sin complejos: «Estoy a favor de romper con la dictadura de las feministas radicales»
“Estoy a favor de romper con la dictadura de las feministas radicales”; “Lo que viene es un frente popular que quiere llevarnos a una dictadura encabezada por Podemos”; “Los independentistas permiten que los profesores desprecien a los alumnos por pedirles ir al baño en castellano”. Son manifestaciones hechas por la vicesecretaria de Comunicación del PP, Isabel Díaz Ayuso, durante una entrevista a El País, en la que dice estar «a favor de romper con la dictadura de las feministas radicales».
Isabel Díaz Ayuso (Madrid, 1978), asegura que le gusta “hablar claro” y se ha convertido en la mejor embajadora del discurso “sin complejos” que reclama el presidente del partido, Pablo Casado.
“Para ser mejor mujer no tengo que ser feminista”, declara a El País. Para ella, la ley es “mejorable”. “El 65% de las agresiones son entre hombres. Creo en los protocolos específicos de violencia de género, pero ante un juez todos debemos ser iguales. Las mujeres no tienen presunción de inocencia”. Sobre el aborto, cree que “no es un derecho de la mujer”. “Mi madre sufrió muchos abortos, algunos de embarazos muy avanzados y puso su salud en riesgo para tenernos”, explica. “Me preocupa que nunca se considere al padre y que se use casi como método anticonceptivo. No criminalizo a nadie, pero un porcentaje muy alto son de inmigrantes o mujeres sin recursos que lo hacen por segunda vez o tercera vez. Faltan educación y ayudas de verdad. El problema más importante de España es la baja natalidad”.
Explica Díaz Ayuso a El País que ella y Casado se conocieron siendo veinteañeros, antes de que él fuera elegido líder de Nuevas Generaciones de Madrid. “Congeniamos enseguida. Es muy creativo, un liberal puro, muy ideológico. Y siempre he estado en su equipo. Ahora algunos dicen que soy una traidora y una chaquetera, pero yo siempre he sido de Pablo”.
La vicesecretaria de comunicación se refiere a los compañeros del complicado nido del PP madrileño que la critican por haber trabajado con Aguirre y Cifuentes antes de Casado. “Estoy muy orgullosa de las dos”, afirma el nuevo valor al alza de los populares. Licenciada en periodismo, casi siempre ha trabajado en el área de comunicación y redes sociales de la formación. “Isabel jamás habría cometido el disparate del vídeo deseando la muerte de Pedro Sánchez”, afirma Aguirre. “Escribía mis tuits y jamás metió la pata. Me parece fantástica. Habla claro, sin complejos, y eso le gusta a la gente”, añade.
Comparte con Casado, Aguirre y Aznar —fue becaria en su fundación, FAES— la idea de que en la etapa anterior, la de Rajoy, el partido renunció a sus esencias, apartó el debate ideológico para priorizar la gestión y lo pagó con la fragmentación de su electorado. “Yo me sentía desgastada. Ya antes de la moción de censura. Y entonces Pablo dio el paso y decidí apostar por él. Para mí era o Pablo o nada. El partido necesitaba una regeneración profunda. Habíamos renunciado a muchas banderas. Lo de Cataluña nos hizo mucho daño porque las elecciones fueron muy rápido —Casado aboga ahora por aplicar el 155 “el tiempo que haga falta”—. Nos relajamos”.
Ese apoyo a Casado la alejó del actual presidente madrileño, Ángel Garrido, que en un principio apostó por María Dolores de Cospedal, y que ha mantenido que el PP “no debe parecerse a Vox”. “Hay planteamientos de Vox que yo no comparto”, afirma Díaz Ayuso, pero la inmensa mayoría de sus votantes vienen del PP y no podemos machacarlos. Es como si tienes un establecimiento desde hace 20 años, dejas de atender bien a los clientes, a subir los precios, a cerrar cada día antes y un día ponen un establecimiento igual que el tuyo, con gente más simpática y bajando los precios. No te queda otra que mejorar”.
Su carrera ha estado siempre vinculada al PP madrileño, salvo el año que trabajó como voluntaria en la campaña de María San Gil en el País Vasco. La política vasca dejó después la presidencia del PP vasco por discrepancias con Rajoy y reapareció el pasado verano para apoyar la candidatura de primarias de Casado —la abultada quiniela de candidatos para Madrid incluye también su nombre—.
“Ha sabido estar en el lugar adecuado en el momento idóneo”, afirma al citado medio un veterano cargo del PP madrileño que la conoce desde hace 20 años. “Se ha adaptado a todo y a todos, pero es amiga de Pablo desde hace mucho y una persona de su total confianza. Es ambiciosa, lista, tiene ganas de hacer carrera política y yo creo que la va a hacer, aunque no sé si a tan corto plazo como para una candidatura ahora porque le falta experiencia”, añade.
Casi toda su carrera política ha estado vinculada al área de comunicación, aunque fue diputada en la asamblea de Madrid en dos legislaturas y viceconsejera de presidencia y justicia. De aquella etapa, Alfonso Serrano, compañero de escaño y vicesecretario de organización y electoral del PP Madrid, recuerda: “Sacaba de quicio a Podemos. Y ahora mismo es un gran valor en el partido”.
Dice estar orgullosa de haber tenido que ganarse la vida “desde muy joven”. “Mis padres se dedicaron a un bar en el pueblo (Sotillo de la Adrada, Ávila), luego, a una papelería, a una empresa de impresoras y a otra de material hospitalario que quebró con la crisis”. Y si vuelve a desilusionarse en política, asegura que regresará al periodismo. Antes de zambullirse en el PP, trabajó en agencias de comunicación y fue becaria en varios medios. “Hasta estuve en Radio Marca unos meses, pero era muy mala”, señala.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
