Internacional
Italia y Polonia se juntan para combatir la Unión Europea: “Hartos de la dictadura de la burocracia europea”
El primer ministro polaco Morawiecki aseguró que está en conversaciones con Giorgia Meloni para hacer frente al intento de Francia y Alemania por eliminar la “regla de unanimidad”.
El día 22 de diciembre, el primer ministro polaco Mateusz Morawiecki hizo pública una conversación que tuvo con la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, y aseguró que ambos países están “hartos de los dictados de la burocracia europea”, y que están formando una “alianza informal” para impulsar la “renovación de la Unión Europea”.
“Una Europa de patrias en lugar de un superestado europeo: ambos estamos de acuerdo con esto”, dijo Morawiecki en una entrevista publicada el jueves con el diario italiano La Stampa, cuando se le preguntó sobre los puntos de vista comunes de Italia y Polonia.
“Polacos e italianos están hartos de los dictados de la burocracia europea y quieren una democracia real. Queremos renovar la Unión volviendo a sus principios fundacionales”, dijo en su primera entrevista con un periódico italiano desde que asumió en Italia el gobierno de derecha de su amiga personal, Meloni.
Recientemente Meloni acusó que las decisiones de Alemania y Francia cuentan más que otras dentro de la Unión Europea, a pesar de que todos deberían tener la misma influencia en el organismo supranacional. El mandatario polaco apoyó la declaración y lanzó un duro ataque contra los alemanes.
“Ya estamos pagando un alto precio por los errores de la política alemana en particular, y si el gobierno con sede en Berlín decidiera todo, el precio del gas sería aún más alto”, lanzó, señalando la política energética de Alemania, que por un afán pseudo-científico para impulsar las energías verdes, fue sometido a la dominación rusa dependiendo de las entregas de gas ruso.
A pesar de las críticas constantes de los dos gobiernos derechistas a las razones que desembocaron en la guerra de Ucrania, Morawiecki aseguró que son los países que más apoyan a la causa ucraniana. “Otra cosa que los dos países tienen en común es su fuerte apoyo a Ucrania“, dijo el premier polaco, y recordó que ambos países están más cerca que Alemania o Francia del conflicto. “La política neoimperialista de Vladimir Putin es un grave peligro no solo para Kiev, sino para toda Europa”, concluyó.
Morawiecki y Meloni están presionando para que los gobiernos de Macron y Scholz no revoquen la regla de unanimidad, que le otorga a cada país miembro un voto que vale lo mismo que el resto. Francia y Alemania han dicho que consideran esto un obstáculo para el proceso de toma de decisiones de la Unión.
“O existe la regla de la unanimidad o existe la tiranía del más fuerte”, dijo Morawiecki, y aseguró que si se elimina la estructura igualitaria de la Unión, “es probable que haya una nueva ola de renuncias a la unión“, dijo recordando el Brexit.
De todas formas, Italia y Polonia no podrían mover el amperímetro sin ayuda de otros países. Hungría y los países del visegrado, que incluye también a Eslovaquia y República Checa, y otros aliados como Eslovenia, Serbia y Croacia, están intentando generar la presión necesaria para evitar una dictadura europea.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
