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MotoGP: Jorge Lorenzo, hospitalizado tras una durísima caída

Redacción

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Jorge Lorenzo ha sufrido una durísima caída en la segunda sesión de los entrenamientos libres del Gran Premio de Tailandia. El piloto español perdió el control de su Ducati en la curva tres, se cayó al suelo y su moto terminó dando varias vueltas de campana hasta llegar a partirse. Jorge Lorenzo no perdió la conciencia pero el accidente le ha obligado a retirarse en camilla del circuito de Buriram. La cuenta oficial de MotoGP ha anunciado que tuvo que ser sometido a pruebas en el centro médico del Chang International Circuit, primero, y en un hospital de Buriram después.

Lorenzo llegaba a esta carrera tras el accidente que sufrió en el Gran Premio de Aragón que terminó con una fractura en su segundo dedo del pie. Paolo Ciabatti, director deportivo ducatista, ha dicho en ‘Movistar’ lo siguiente: «Parece que se corta el motor. Es una caída muy extraña». Después de la caída se sacó la bandera roja por la existencia de aceite en el trazado.

Pese al susto a casi 150 kilómetros por hora, y tras las pruebas realizadas, el balear ha asegurado a la salida de la clínica «estar bien», y su director de equipo, Davide Tardozzi, ha explicado que Jorge Lorenzo no tiene «fracturas».

«Desde dirección de carrera dicen que está apto para correr. Un gran golpe, un impacto muy grande, hay que ver si será capaz de correr mañana o no, lo valoraremos después. Pero no hay fracturas», apuntó a los medios.

«Creo que Lorenzo es un luchador y lo intentará. Espero que pueda correr, si no, veremos cómo está mañana. Por suerte no se ha roto nada pero habéis visto la volada y el impacto contra el suelo, el tiempo dirá qué ocurre», ha aportado al respecto.

Por el extraño que hizo la moto justo antes de la caída, podría parecer que se había roto algo pero Tardozzi lo ha negado. «Me han dicho que según los primeros datos no hay nada raro evidente, pero hay que ver en los próximos minutos a ver is hay algo, pero parece que no hay nada en la moto. Si fuera motor o algo grave se hubiera visto rápido. Parece que no es nada».

Por su parte, el doctor del Mundial Ángel Charte, explicó tras atender a Lorenzo que éste sería trasladado de inmediato a un centro hospitalario para concluir mejor el diagnóstico, aunque se mostró optimista: «Tiene una fuerte contusión a nivel de la muñeca izquierda, y fuerte contusión en el tobillo del pie derecho. No apreciamos ningún tipo de fractura, pero voy a acabar la exploración en el hospital de Buriram. Está magullado, venía lastrado, pero no son más que golpes, aunque no está al cien por cien. Tras las pruebas diremos si está preparado o no para correr».

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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