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José Antonio Reyes, Chicho Sibilio o Blanca Fernández Ochoa, entre los deportistas que nos dejaron en 2019

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La Fórmula Uno se despidió de uno de sus campeones más peculiares. El austriaco Andreas Nikolaus Lauda, más conocido como Niki Lauda, falleció el 20 de mayo a los 70 años mucho tiempo después de conseguir sus proezas: fue campeón Mundial de Fórmula 1 en 1975, 1977 y 1984 con un estilo inolvidable contra todos los elementos y rivales. Sobre todo uno, el accidente que sufrió el 1 de agosto de 1976 con su Ferrari en Nurburgring que envolvió en llamas su monoplaza durante unos segundos eternos.

Lauda salió con vida de aquel infierno. Sus cicatrices en el rostro perpetuaron para siempre aquel accidente. Llegó a recibir la extremaunción , pero ese mismo año regresó a las pistas para quedar en la segunda posición. Después, ganaría dos títulos más y en su retiro se hizo empresario y director de escuderías. Nunca abandonó el circo de la Fórmula Uno, del que él siempre fue un gran protagonista.

ANDRÉS GIMENO, PIONERO DEL TENIS ESPAÑOL

A los 82 años y tras una larga enfermedad, Andrés Gimeno falleció en Barcelona como uno de los pioneros del tenis español que dejó una marca aún insuperable en Roland Garros: en 1972, con 34 años, se convirtió en el jugador más veterano en ganar el torneo. Fue el segundo español en lograrlo, tras Manolo Santana, el primero en convertirse en tenista profesional y, además, fue segundo en el Abierto de Australia de 1968 y alcanzó las semifinales de Roland Garros en 1968 y en 1970.

BLANCA FERNÁNDEZ OCHOA, LA ETERNA MEDALLISTA

Hasta los Juegos Olímpicos de Invierno 2018 celebrados en PyeongChang (Corea del Sur), Blanca Fernández Ochoa era la última persona que había conseguido una medalla para España. Pero también fue la primera mujer española en subir a un podio olímpico. En concreto, ganó un bronce en Albertville 1992 en eslálon que sucedió al oro de su hermano Paco en Sapporo 1972. Desde entonces, y hasta la llegada de Regino Hernández y del patinador Javier Fernández, 26 años después, España se había ido siempre de vacío en unos Juegos de Invierno.

La esquiadora de Cercedilla también consiguió cuatro pruebas de la Copa del mundo de esquí y se destacó como una deportista de talla mundial hasta su retirada a los 29 años. Después, fue asesora en el CSD, dedicó su tiempo a una tienda familiar de esquí y a un negocio de electroestimulación muscular, se involucró en organizar torneos de golf y participó en varios programas de televisión. El pasado 24 de agosto desapareció cuando salió a la montaña. 11 días después, apareció su cadáver. Tenía 56 años. Con ella se fue parte de la historia del deporte español.

GORDON BANKS, LA PARADA DE LOS MUNDIALES

El 7 de junio de 1970, en el Estadio Jalisco de Guadalajara (México), el tiempo se paró durante un segundo en la portería de Inglaterra. Gordon Banks, uno de los mejores guardametas de la historia, hizo una estirada épica a un remate de Pelé que dio la vuelta al mundo. El jugador de Sheffield ayudó a engrandencer el fútbol desde la perspectiva del hombre que trabaja debajo de los palos.

Banks falleció el 12 de febrero a los 81 años y dejó un legado mucho más amplio más allá de su legendaria intervención a Pelé. El guardameta británico fue uno de los elegidos que ganó para Inglaterra su único Mundial, el de 1966, al que llegó después de forjarse una carrera en el Leicester en 1959 y que finalizó en 1978 en el St. Patrick irlandés. Entre medias, perdió visión en un ojo en un accidente que no le impidió alargar sus años de profesional y forjar una carrera marcada por un rematador, Pelé, y una parada, la mejor de los mundiales.

FELICE GIMONDI, EL GRAN RIVAL DE MERCKX

En una playa de Sicilia, de un infarto y mientras nadaba, el ciclista italiano Felice Gimondi desapareció para siempre a los 76 años dejando un legado imborrable en su deporte que practicó en la época que dominó casi de forma aplastante el belga Eddie Merckx y que encontró resistencia en el mítico ciclista italiano y en hombres como el español Luis Ocaña. Con 22 años, en 1965 y en su primera participación, ganó su único Tour de Francia. Después, consiguió 3 Giros (1967, 1969 y 1976) y una Vuelta, la de 1968. Nunca pudo ganar a Merckx, salvó el campeonato del mundo disputado en el circuito de Montjuïc. Gimondi fue su gran rival, «un castigo», como le definió el belga, pero vivió en un tiempo en el que «el Caníbal» se lo comía casi todo.

RAYMOND POULIDOR, EL ETERNO SEGUNDO

Tres veces segundo en el Tour de Francia (1964, 1965 y 1974) y cinco tercero (1962, 1966, 1969, 1972 y 1976), segundo en la Vuelta a España (1965) y segundo en el Mundial en Ruta (1974), el francés Raymond Poulidor se colgó el sambenito de «eterno segundo» del ciclismo después de rozar con la yema de sus dedos el éxito en multitud de ocasiones. La historia hizo justicia con él en 1964, cuando consiguió su único gran triunfo, la Vuelta a España, que adornó un palmarés envidiable de un hombre que falleció a los 83 años en Saint-Léonard-de-Noblat (Francia). El ciclismo, despidió a otro de sus mitos de una época dorada en la que coincidieron nombres como Gimondi, Merckx u Ocaña.

EMILIANO SALA Y EL ACCIDENTE QUE TRUNCÓ UNA CARRERA

En los primeros pasos del año, exactamente el 21 de enero de 2019, la avioneta en la que viajaba el argentino Emiliano Sala cayó en el Canal de la Mancha y truncó la carrera de un defensa que no llegó a debutar en el Cardiff, el club por el que inició el último viaje de su vida. Jugador del Nantes, después de formalizar su fichaje por el club galés dijo adiós para siempre cuando volvía a Francia para despedirse de sus compañeros.

Sala cimentó la mayor parte de su carrera en el fútbol francés, al que llegó con 16 años. El US Orléan (Tercera División), el Niort (Segunda División), el Girondins, el Caen y, finalmente el Nantes, vieron crecer a un defensa fuerte y técnico que no llegó a jugar en Inglaterra. «Impaciente por descubrir la Liga y el equipo», escribió en su cuenta personal de Twitter. No pudo. Un accidente acabó con su ilusión.

CHICHO SIBILIO, LEYENDA DEL BARCELONA Y REY DE LOS TRIPLES

El baloncesto dijo adiós a uno de los mejores de Europa en su posición en los años setenta y ochenta. El alero hispanodominicano Chicho Sibilio, ganador de cinco Ligas ACB y ocho Copas del Rey en las filas del Barcelona, falleció a los 60 años en su país natal, la República Dominicana.

El nombre de Sibilio está asociado a una palabra y a una cifra: triple y 6,25. Era un especialista y se convirtió en el primer jugador en alcanzar la cifra de 650 triples en la ACB. La mayor parte de su carrera la forjó en el Barcelona, donde jugó entre 1976 y 1989. También fue indispensable en la selección española entre 1980 y 1987, con la que conquistó una medalla de plata en el Eurobasket de 1983. Se retiró en el Taugrés en 1993.

JOSÉ ANTONIO REYES, UNA ZURDA PRIVILEGIADA

Un accidente de tráfico acabó con la vida de José Antonio Reyes, que falleció a los 35 años cuando viajaba desde Almendralejo hacia Utrera aprovechando unos días de descanso, después de no entrar en la convocatoria de su equipo, el Extremadura. Allí, Reyes apuraba una carrera marcada por su mágica pierna izquierda que disfrutaron equipos como el Sevilla, el Real Madrid, el Arsenal, el Benfica, el Atlético de Madrid o la selección española.

Irregular en sus últimos años, explotó muy joven en el Sevilla. Debutó en Primera División con 16 años y enseguida hizo las maletas con destino al Arsenal. Ganó la Premier League, jugó una final de la Liga de Campeones contra el Barcelona y en 2006 acudió a la llamada del Real Madrid, para el que marcó dos goles decisivos frente al Mallorca que valieron una Liga. En 2007, el Atlético se hizo con sus servicios y lo cedió al Benfica después una mala temporada. Regresó al conjunto rojiblanco para levantarse y conseguir dos Europa League. Logró otras tres en las filas del Sevilla, club al que regresó en 2011. Se marchó en 2016 al Espanyol y hasta 2019 lució su maravillosa zurda en el Córdoba, el Xinjiang chino y, finalmente, el Extremadura.

TAMBIÉN FALLECIERON

En el mundo del fútbol, Isacio Calleja, mito del Atlético de Madrid y jugador del club rojiblanco entre 1958 y 1972; los futbolistas del Real Madrid Antonio Iznata, Andrés Junquera y Pérez García; el entrenador del Athletic Koldo Aguirre; el ex jugador del Betis Rogelio Sosa; el expresidente de la UEFA Lennart Johansson; y el central argentino José Luis «Tata» Brown, ganador del Mundial de México 1986.

En el del baloncesto, falleció el jugador de los Boston Celtics John Havlicek y el entrenador de Estudiantes Paco Garrido. Y en el del voleibol, Miguel Ángel Falasca.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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