Sociedad
Juana Rivas de nuevo: A pesar de estar condenada a 5 años de cárcel, vuelve a secuestrar a sus hijos.
El último movimiento de Juana Rivas ha sido persistir en el delito: aparentemente no contenta con la sentencia que la condena a 5 años de cárcel -en la que aún no ha ingresado, no sabemos porqué- y 6 años de pérdida de Patria Potestad, este Domingo se ha negado a devolver a los hijos que tiene en común con el italiano Francesco Arturi y ha procedido, además, a denunciarlo por presuntos «malos tratos» al hijo mayor, al descubrirle, al parecer, un moretón en la espalda del menor.
Arturi, absolutamente indignado, ha declarado mediante su abogado, que niega categóricamente el menor maltrato, que se trata de un accidente doméstico que esta señora -criminal sentenciada culpable- aprovecha para continuar su estrategia mediática y exprimir al máximo todas sus campañas de «extracción de fondos» a través de diversas organizaciones feministas que, mediante herramientas de «crowfunding» están financiando la estancia de la convicta en Italia.
No sabemos en que parará esta historia, pero lo que sin duda tenemos claro es que si la situación fuera totalmente inversa, y fuera el señor Arturi el que, por segunda vez, y con una condena de cárcel en firme, secuestrase a sus hijos, nos tememos que a estas horas estaría encarcelado y sin fianza.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Ramirp
07/07/2019 at 13:38
Si estuviera en la cárcel, que es dónde debería estar, NO SEGUIRÍA MONTANDO CIRCOS POR EL MUNDO…
Ramirp
24/10/2018 at 10:48
Si estuviera en la cárcel, que es dónde debería estar, NO SEGUIRÍA MONTANDO CIRCOS POR EL MUNDO…