Sociedad
Una chica guatemalteca de 13 años fue violada y dio a luz a trillizas
Un chica guatemalteca de 13 años fue violada y quedó embarazada de trillizas. El parto tuvo lugar en mayo pasado en la localidad de Totonicapán, y ahora ha trascendido a la prensa de Guatemala.
Según los medios del país latinoamericano, la pequeña fue violada por un vendedor de caramelos y no se enteró de que estaba embarazada hasta que empezó a notar cambios en su cuerpo.
Las recién nacidas llegaron al mundo con un peso de casi un kilo, y aunque fueron atendidas nada más nacer, dos de ellas fallecieron a los pocos días. La bebé que se mantiene con vida depende de un respirador para subsistir, así como de constantes cuidados, y debe ser trasladada semanalmente al hospital. Según los medios de Guatemala, la bebé nació con sífilis congénita, hecho que, unido a su desnutrición, dificulta sus posibilidades de sobrevivir.
La joven mamá vive con su madre y con otros siete hermanos.
Según el Observatorio de Salud Reproductiva sobre embarazos en adolescentes, Guatemala es el país del mundo con más embarazos no deseados de jóvenes de corta edad.
De acuerdo con este observatorio, en los primeros tres meses del 2017 se produjeron 18.279 alumbramientos de madres que tenían entre los 10 y los 19 años. Durante 2016, la cifra fue de 79.622 nacimientos de madres con esas edades en Guatemala.
Datos del estudio más reciente del Fondo de Población de las Naciones Unidas, que analiza el periodo 2006-2015 de manera comparada en todo el mundo; Puerto Rico, Chile y Cuba son los países con menos embarazos adolescentes de América Latina y el Caribe; mientras que Guatemala, Bolivia y Honduras son los que más registran.
Según el el Observatorio de Salud Reproductiva de Guatemala, “la maternidad en la adolescencia es un problema que afecta y amenaza el avance de siete de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, en especial los referentes a la educación primaria, mortalidad infantil, salud materna y equidad de género”.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
