Sociedad
La alcaldesa de Ámsterdam propone cerrar el Barrio Rojo por el acoso de los turistas
La alcaldesa de Ámsterdam, Femke Halsema, está considerando, según un plan presentado este miércoles, cerrar el Barrio Rojo de la zona centro de la capital holandesa ante la «situación inaceptable» por la trata de mujeres y el acoso de las multitudes de turistas a las trabajadoras sexuales.
«Estamos dispuestos a pensar en una solución de gran alcance porque han surgido situaciones inaceptables en el Barrio Rojo», advirtió la alcaldesa, de la izquierda verde Groenlinks, tras la presentación de un plan con cuatro alternativas para el futuro del distrito de la prostitución de Ámsterdam.
Una de las soluciones es la eliminación de parte del distrito, mientras que otra plantea el cierre de las cortinas rojas de los escaparates donde se prostituyen mujeres y hombres, o la más radical, la clausura de toda la zona para que las prostitutas ya no puedan ser acosadas por los turistas, que muchas veces no acuden a consumir pero sí a fotografiar y molestar a las mujeres.
La última opción es facilitar más puestos de trabajo para las prostitutas en el centro histórico de la ciudad, posiblemente en combinación con otra medida, como el cierre continuo de las cortinas para que no estén a la vista de los turistas.
Objetivos de la medida
Halsema subraya que su intención no es la persecución de las trabajadores sexuales para sacarlas fuera de la ciudad, sino que mas bien busca mejorar las condiciones de su trabajo, puesto que se han quejado los últimos años de las molestias de los turistas, que les gritan, fotografían y -como multitud- constituyen un obstáculo para obtener clientes.
La nueva política, subrayó la alcaldesa, debe combatir el turismo masivo que acude al Barrio Rojo como atracción turística, y evitar también el tráfico de mujeres y otras actividades delictivas vinculadas al distrito de la prostitución.
«Estos objetivos no son negociables. El cambio es posible, pero lleva tiempo y dinero», subrayó la alcaldesa.
La reubicación de la totalidad o de parte de los ventanales de la prostitución tendría importantes consecuencias, no solo para el centro histórico de la ciudad, sino también para las trabajadoras sexuales, los operadores que alquilan las habitaciones y las demás partes interesadas del negocio.
El ayuntamiento de la capital holandesa presentará ahora este plan a las partes involucradas, entre ellas las prostitutas y los residentes de la ciudad, para debatir el tema, antes de tomar una decisión final sobre el futuro de una de las zonas más visitadas de la ciudad.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
