Sucesos
La amenaza del ‘Pollo’ Carvajal que asustó a Pedro Sánchez: «Si caigo, no caeré solo»
El exjefe de inteligencia chavista debió haber sido extraditado este miércoles a EEUU, pero la Audiencia Nacional suspendió el traslado luego de que el acusado amenazara con «lanzar una una cerilla desde el avión para que arda» España.
La extradición a Estados Unidos del exjefe de inteligencia del chavismo, Hugo el ‘Pollo’ Carvajal, anticipa el inicio de una novela judicial en la que el gobierno español del socialista Pedro Sánchez comienza a entrar en escena ante las amenazas del protagonista de “hablar” y hacer «caer» a otros con él.
Después del episodio de la detención en un apartamento de la calle Torrelaguna en Madrid, tras permanecer dos años prófugo, correspondía concretarse su traslado desde el aeropuerto internacional de Barajas a suelo norteamericano este miércoles 15 de septiembre para enfrentar los cargos de narcotráfico, lavado de dinero y cooperación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) ante un juzgado de Nueva York. Pero el libreto cambió.
«Si caigo, no caeré solo. Caerán varios países. Con la gasolina que hay en España, si soy extraditado tiraré una cerilla desde mi avión para que arda», fue la amenaza con la que el ‘Pollo’ Carvajal logró que la Sección Tercera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional suspendiera cautelarmente su entrega a Estados Unidos, asegura Libertad Digital.
La instancia judicial alega que primero el Ministerio del Interior debe resolver la petición de asilo que solicitó la defensa en medio de un proceso que Carvajal dice que lo tiene «harto». Y en su fastidio vocifera a su entorno que cuenta con “numerosa información sensible, que afecta al Gobierno español actual y a altísimos cargos de otros gobiernos socialistas del pasado”.
¿Cuánto sabe el ‘Pollo’ de Podemos y el PSOE?
El exjefe de inteligencia chavista no da el brazo a torcer pese a la evidente posición de debilidad que enfrenta. Él se siente con poder de amenazar con la valiosa información que asegura tener. Ahora Hugo el ‘Pollo’ Carvajal permanece en la cárcel madrileña de Estremera y, aunque por el momento no se espera que recupere la libertad provisional ante el alto riesgo de fuga, ha trascendido que la Administración de Pedro Sánchez lo protegió durante su clandestinidad.
Según Primer Informe, cuando Carvajal arribó a Madrid en 2019, lo recibieron en Barajas dos espías del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), quienes por órdenes de Pedro Sánchez y su exvicepresidente segundo, Pablo Iglesias, lo ubicaron en un apartamento del barrio de Valdebebas, al norte de Madrid.
Con esa información expuesta “en Podemos –el partido ultraizquierdista de Iglesias– hay mucha gente que tiembla porque no hay nada más incómodo que vivir pendiente del silencio del tipo que amasa los secretos”, publica VozPópuli.
Ese clima raro de inquietud deriva de la información oculta en el teléfono móvil de Carvajal, que ahora está en manos de la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA). “Podemos teme que salga información comprometedora sobre el partido” porque «el ‘Pollo’ sabe todo, tanto de Podemos como del PSOE”. Es probable que ese manejo de información motiva la petición de Carvajal de querer ser juzgado en España por los delitos que EE. UU. le imputa. Un deseo improbable en la realidad pero con una oportunidad en una novela como esta, donde los giros de las historias tumban quijadas como la del eurodiputado de Vox, Hermann Tertsch, quien en su cuenta en Twitter se pregunta: «¿Qué ha pasado?»
Los polémicos magistrados
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
