Opinión
La calle pone a Sánchez en su sitio. Por Jesús Salamanca Alonso

La prueba de esa consideración de vil, mezquino e infame radica en su consigna de sacar ministros a la calle y en los medios de comunicación con el objetivo de insultar y menospreciar a Alberto Núñez Feijóo.
Existe en Ferraz fundado nerviosismo por los sondeos que alertan de la pérdida de Moncloa por parte del felón y mentiroso, Sánchez. La tensión ha hecho perder los papeles al trapacero presidente. Y esa actitud no es más que la cosecha recogida de lo sembrado. Hasta el PNV ha tardado en reaccionar y en darse cuenta de que le han tenido engañado las huestes falsarias del degenerado socialismo, más conocido como «Sanchismo».
El nacionalismo aprovechado y «encabestrado» no dudó en poner la mano para recoger las prebendas que le ofreció Rajoy e inmediatamente se paso al enemigo con todo su bagaje: no dudó en apoyar al socialismo con la excusa de la corrupción del PP y la condena de un juez asilvestrado que, posteriormente, ha sufrido el correspondiente correctivo y cavado la tumba de su carrera profesional. Ahora, ese nacionalismo no duda en lanzar a las redes sociales el planteamiento de si debe seguir apoyando al socialcomunismo o retirarle ese, algo que debió hacer tras declarar el tribunal al PSOE, el tribunal de los ERE, como el partido más corrupto y mafioso de Europa.
A la vista de los acontecimientos, cada vez tengo menos dudas de que el final del sanchismo será sangriento, de ahí que se espere cualquier reacción del socialismo salvaje con tal de mantener la nula transparencia, la presencia en Moncloa y los resortes destructores de mi país, que no es otro que España. El desprecio de la ciudadanía al presidente del Gobierno comienza en la calle y acaba en las alcobas de Palacio. De momento, esa campaña de salir a la calle y de exponerse al público han tenido que anularla.
Sánchez ya no puede exponerse al público: la población lo recibe con misivas del estilo de sinvergüenza, cabestro, cab*…, hijo de pu*.. y otras «felicitaciones» dignas de quien ha arrasado la economía del país; ha abandonado a las capas más desfavorecidas; ha amenazado a los jueces y despreciado a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado; ha blanqueado a asesinos y terroristas con la ayuda y el apoyo del siempre vulgar exjuez, Marlasca, incluso no ha dudado en enmarañar y marranear la democracia hasta aprisionar la división de poderes. Montesquieu se hubiera rebelado contra las «macrogranjas» como la que está demostrando ser el actual Consejo de ministros formado por socialcomunistas en cantidad sobredimensionada. Pongan ustedes apellidos a las citadas «macro».
La mentira y la falsedad del felón y su equipo ha llegado hasta volver a mentir a la ciudadanía con la falsedad de los cincuenta ciudadanos elegidos para preguntar al presidente. Algo sin parangón en nuestra democracia. Ha querido dar la imagen de naturalidad y de estadista y se ha quedado en gaznápiro, estólido, necio, payaso de perejil y habitual mentiroso: ha caído tan bajo que no ha dudado en elegir a altos cargos de su partido como si fueran ciudadanos al azar. ¡Qué poca dignidad! ¡Tiene lo que se merece y cosecha lo que ha sembrado! En esa siembra entran el odio, la mentira, la violencia contra los profesionales, el desprecio a la ciudadanía, la tergiversación y la elección de simple animalistas de albañal para el ya mencionado y ridículo Consejo de tormentosos «menestros» y averiadas «menestras».
Una vez que la ciudadanía se ha organizado para que Sánchez sea recibido como merece en la rúa, resulta que Ferraz suspende la campaña de la calle tras ver los resultados del asalvajado animal de bellota monclovita. Nadie lo quiere cerca y toda ciudadanía disfruta tildándolo de lo que ya nadie duda que es. Llegará un momento en que, para salir a la calle, tendrá que escudarse en Felipe VI, Díaz Ayuso o Feijóo. Él no es nadie por sí solo, más que un muñeco de trapo destinado al pim, pam, pum.
Creía el ladrón que todos eran de su condición, y no, hay ladrones como los de los ERE, pero la condición de despreciable solo la tiene él de cara al pueblo: no hay más que evolucionar desde el fraude de su tesis, pasando por los fraudes durante la pandemia, el abuso del Falcón y Puma hasta llegar al engaño de los 50 ciudadanos, falsa y torticeramente elegidos.
La prueba de esa consideración de vil, mezquino e infame radica en su consigna de sacar ministros a la calle y acudir a los medios de comunicación con el único objetivo de insultar y menospreciar a Alberto Núñez Feijóo. Hay tanto miedo en Ferraz y Moncloa con la ocultación de cuanto el pueblo debe saber que hasta cabe la película de «Cadena perpetua». No lo duden, amigos lectores, tiemblan las estructuras de Ferraz y Moncloa, sobre todo si llega a conocerse el problemón generado por la «mandarina» de Sánchez en Marruecos. Pero eso para después de la manifestación por la dimisión del felón.
La primera ministra de trapo en insultar a Feijóo ha sido Isabel Rodríguez, una soldadita de tanteo captada para eso, que es su única especialidad y lo único que se le da bien: insultar al prójimo; viene a ser algo así como Adriana Lastra, pero con vuelta y vuelta de sartén. Otra que tal baila es la tal Llop, ministra de Justicia, y cuyo cometido es preparar indultos para los ladrones de los ERE andaluces e insultar a Feijóo. El patrón es igual para todos y gracias a esos insultos, el PSOE pierde votos y escaños a chorro. La ignorancia es muy atrevida.
Las ministras referidas deben saber que no hay peor ladrón que el de su misma mansión y, pensando en Chaves y Griñán, ladrones roban millones y son grandes señorones. Piensen en el mentiroso Sánchez, a quien acorralará la Justicia no tardando, y donde sus ministros se verán salpicados: sabido es que no hay ladrón sin encubridor.
En fin, nunca te fíes de un ladrón porque conocido es que, de padre bellaco, hijo caco.
España
Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».
Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.
Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.
Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?
Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.
Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.
En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.
Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.
Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.
Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.
El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.
Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.






