Opinión
La casta política o los intereses creados
Es cierto que el señor Rajoy fue un buen mandatario de Bruselas, pero sólo hizo lo que le convenía a la “clase” política, no lo que sería más beneficioso para el pueblo español.
Se realizaron diversas reformas, posiblemente insuficientes, destinadas a reducir el gigantesco déficit público, pero no se abordó la verdadera solución del problema, que consistía y consiste en la supresión de varias de las administraciones existentes, que duplican y triplican competencias.
El español cada día cuando se levanta tiene que trabajar para mantener cinco administraciones distintas:
- Ayuntamientos.
- Comarcas, Veguerías y otras estructuras creadas para “hinchar” el empleo público.
- Diputaciones Provinciales.
- Gobiernos autonómicos.
- Gobierno Central.
(Y eso sin contar con las aportaciones que ya tenemos que realizar a esa sexta y mastodóntica administración, llamada la Unión Europea, de la que ahora somos contribuyentes netos).
¿Realmente son necesarias tantas administraciones?
Posiblemente con tres, la local, la autonómica y la nacional, andaríamos más que sobrados. Y la de la UE, por supuesto.
Pero claro, se trata de facilitar empleo, que no ocupación, a tantos miles de parásitos profesionales, llamados políticos. Sólo en las 38 diputaciones provinciales existentes hay más de un millar de diputados provinciales, todos cobrando, y alrededor de otro millar de asesores, de libre designación, y que en nada asesoran, pues la mayoría son unos incultos de tomo y lomo, “liberados” por los partidos políticos respectivos para que hagan funciones de comisarios políticos, en sus pueblos y comarcas.
Y una plantilla de más de 60.000 funcionarios, en esas administraciones totalmente prescindibles, pues son parte del cascarón vacío de un Estado centralista, previo a la Constitución, y que solo “justifican” su existencia por la presencia de varios artículos en la ley fundamental que les dan vida.
De las comarcas, para que hablar. Sólo en Aragón, dónde según el inefable señor Biel no nos iban a costar ni un duro, tienen ya más de dos mil personas en nómina, que se dice pronto. Y todas las cuales cobran a final de mes, faltaría más.
Sobran administraciones; sobran políticos, y sobran televisiones y radios públicas. Sólo cuando la elefantiásica administración adelgace podría pedirse al pueblo los esfuerzos que ahora se le imponen.
Pero no es de recibo que mientras nosotros tenemos que apretarnos el cinturón hasta quedarnos casi sin cintura, se siga derrochando alegremente el dinero público, empezando por esos 20 impresentables del consejo general del poder judicial, que se niegan a hacer públicos sus gastos suntuarios y viajes por todo el mundo, pasando por la televisión pública que paga sueldos millonarios a supuestas estrellas o los centenares de radios y televisiones autonómicas y locales.
No podemos ni debemos tolerar que se siga apretando las tuercas al pueblo mientras la casta política sigue despilfarrando nuestro dinero.
Y no me extraña el apoyo del PSOE a las reformas del PP. Al fin y al cabo ambos defienden lo mismo: los privilegios de la casta política, sus privilegios.
No lo hacen por un –desconocido- sentido de Estado, sino como forma de evitar la reforma y desaparición de algunas administraciones públicas y la consiguiente pérdida de “empleos” políticos para la “clase” política.
La realidad es que los dos partidos políticos hasta ahora “reinantes”, son los mismos perros, pero con distintos collares.
Abogado y escritor.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.

Carmen
07/07/2019 at 13:21
Los políticos lo único que quieren es SOLUCIONAR SUS PROPIOS PROBLEMAS, ponerse los salarios más elevados de los organismos públicos de los que gorronean, y CREARNOS PROBLEMAS A LOS DEMÁS.
En otras palabras: no son la solución a los problemas, SINO PARTE DEL PROBLEMA. Y una parte muy grande…
Carmen
16/04/2019 at 16:20
Los políticos lo único que quieren es SOLUCIONAR SUS PROPIOS PROBLEMAS, ponerse los salarios más elevados de los organismos públicos de los que gorronean, y CREARNOS PROBLEMAS A LOS DEMÁS.
En otras palabras: no son la solución a los problemas, SINO PARTE DEL PROBLEMA. Y una parte muy grande…