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Opinión

¿Hasta cuándo tendremos que aguantar la violencia izquierdista?

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En esta España nuestra se ha generalizado el escrache por doquier, y se ha convertido en práctica habitual en los últimos días, desde que estamos en campaña electoral (aunque no es exagerado decir que España y los españoles estamos permanentemente en campaña electoral desde hace meses, años, lustros…). El que se haya acabado considerando que está justificado “escrachar”, o sea, acosar y violentar a otros, inevitablemente acaba invitando al “ojo por ojo, y diente por diente”; y como decía Mahatma Gandhi, como resultado, la mitad de la gente tuerta o desdentada… la situación ha llegado a ser tal que, si le preguntas a alguien al azar, muy posiblemente acabe diciendo que no le parece tan mal.

Cada día que uno hojea un periódico, o pone el telediario, lo primero que se sale de ojo son los innumerables casos de corrupción, protagonizados por multitud de bichos vivientes, y especialmente miembros de la casta política, de caciques y oligarcas: La familia real, políticos de todos los signos, ERES andaluces, Gúrtel, Noós, comisiones de las ITV, paraísos fiscales, Bárcenas, plan E, aeropuertos fantasmas, jubilaciones súper millonarias, bancos rescatados con presidentes con retiro de lujo, dineros en colchones, golpistas catalanes.

Y mientras tanto el común de los mortales se ve abocado a situaciones más y más penosas, terribles; la mayoría de los españoles ve como su poder adquisitivo disminuye día tras día, aumenta el desempleo, disminuyen las prestaciones sociales… y la casta política se queda tan pancha.

Evidentemente es mucha la gente que ha llegado a la conclusión de que de nada vale tener la oportunidad de votar cada cuatro años. También es cada día mayor el número de personas que apenas o nada tiene confianza en que los jueces y fiscales acaben poniendo orden, y en los casos en que algún golfo acaba condenado, el gobierno de turno acaba indultándolo.

Estando así las cosas, pese a la capacidad anestésica, narcotizante de la que, hasta ahora ha sido capaz el régimen del 78, tiene cierta lógica (lo ilógico sería lo contrario) que, mucha gente se haya acabado echando a la calle y saltándose barreras que hasta ahora eran impensables. Y, también es lógico que, a río revuelto, surjan grupos de gente autoritaria, totalitaria que, se erigen en “vanguardias revolucionarias” que, se arrogarán la representación de la mayoría (“una incontestable mayoría”, de “las mayorías sociales de este país” se hacen llamar) que, considerarán legítimo el uso de la fuerza, de cualquier clase de estrategia de tipo coercitivo, antisistema, y cuyas soluciones son fórmulas añejas, ya sobradamente fracasadas, que se resumen en “más Estado, más burocracia, más impuestos”. Y todo aquel que ose oponérseles, será considerado contra-revolucionario, será considerado inmoral e injusto, un enemigo público que “ha declarado la guerra a las mayorías sociales del país” y por lo tanto merece ser castigado; y por consiguiente no se le puede permitir que siga viviendo en situación de impunidad.

Esos que pretenden erigirse en los nuevos gestores de la moral colectiva y decidir acerca de todo lo que nos concierne, y, por supuesto, destruir nuestra actual forma de vida, generalmente son gente ignorante, aparte de golfos, gánsteres, mafiosos, estalinistas y fascistas (al fin y al cabo apenas tienen diferencias, aunque su ignorancia les lleve a “pensar”, es un decir- pues dudo que piensen- que, son diferentes e incluso son alternativa unos de los otros). Esos que pretenden erigirse en los nuevos gestores de la moral colectiva, son gente cobarde que se esconde en el anonimato, y actúan cuando van en manada, y lo último a lo que están dispuestos es a un debate abierto, con público… Es por ello que ponen todo su empeño en que no haya debates, ni libre exposición de ideas, etc.

¿Hasta cuándo tenemos que soportar a la izquierda macarra, maporrera que actúa con completa impunidad que, incluso cuenta con el aplauso entusiasta de algunos jueces y fiscales y el silencio cobarde y cómplice del gobierno?

¿Hasta cuándo hay que aguantar su actitud violenta, vejatoria, sus modos mafiosos hacia todo aquel que no comulga con sus ideas y acciones? ¿Hasta cuándo va a continuar la “omerta”, hasta cuándo van a seguir aplicando algunos medios de información y creadores de opinión la ley del silencio? Pues sí, la izquierda española cada día es más canalla, corrupta, y mamporrera; sí hablo de esa izquierda que dice ser heredera de la izquierda de la segunda república española, de aquella izquierda que se opuso mayoritariamente a que se le concediera el voto a las mujeres, y persiguió, maltrató y vejó, con saña a Clara Campoamor y ahora dice ser la defensora de los “derechos de las mujeres”.

Sí, hablo de la izquierda que dice ser heredera de aquella izquierda que hasta hace bien poco consideraba a los homosexuales gente depravada, pequeñoburguesa a la que había que psiquiatrizar, reeducar, y encarcelar, sí aunque parezca mentira, la izquierda fue durante la segunda república la principal promotora de la perversa “ley de vagos y maleantes”, en la que luego, transcurridos los años se inspiró el régimen del General Franco para aprobar la “ley de peligrosidad social” de 1970.

“Casualmente” gente de tanto predicamento y prestigio como Enrique Tierno Galán –sí, aquel de la “movida”- fue favorable a reprimir y rehabilitar a los homosexuales, y no fue el único de entre los “progresistas”; tampoco podemos olvidar que don Carlos Marx y sus seguidores también eran partidarios de perseguir y rehabilitar a ese tres por ciento de la población, tal es así que todavía en la actualidad sigue habiendo presos en Cuba por su condición de homosexuales.

Pues sí, hablo de esa izquierda que dice ser progresista (en castellano progresar es avanzar para mejorar) y a la vez adopta actitudes liberticidas, como lo hizo la izquierda de la que se considera heredera, esa izquierda que pretende implantar un sistema político, un régimen de partido único en el que no haya discrepantes, no haya posibilidad de disentir; y a la vez dice ser la representante del pueblo trabajador, de la “gente”, de la voluntad popular, y una larga ristra de palabras “talismán” que nadie osa discutir, esa izquierda que dice ser la máxima defensora del librepensamiento y de la libre expresión, a la vez que persigue, acosa, violenta a sus disidentes y monta bronca continua a quien osa oponérsele.

Pues sí, hablo de esa izquierda que no tolera que nadie le rechiste y practica el mobbing, el bullying, y violenta y acosa duramente a todo quisqui, aunque ahora lo llamen “escrache” y digan que es una forma de más de ejercer el derecho de manifestación y libre expresión y, dado que ya está feo eso de contratar los servicios de un sicario y asesinarlo con un piolé, tal como hicieron con un tal León Trosky, procuran asesinar socialmente y civilmente a los que no se pliegan a su conveniencia, con procedimientos más “suaves”.

Sí, hablo de esa gente de izquierda que se solidariza con los terroristas vascos y terroristas de toda clase –incluyendo a los musulmanes- y les muestran comprensión y apoyo, e incluso les desean los mayores éxitos, y reclama para ellos libertad de expresión, de manifestación e incluso la posibilidad de que concurran a las elecciones y estén presentes en las instituciones.

Hablo de esa gente de izquierda que, nunca aceptan los resultados de las urnas, salvo que les sean favorables, y en el pasado recurrieron a la insurrección y llamaron a la gente a desobedecer al gobierno salido de las urnas (aunque lo llamaran “gloriosa revolución del 34) y ya en tiempos más actuales acaban rodeando el Congreso de los Diputados o cercan la sede partido gobernante porque no aceptan su derrota, y durante las campañas electorales tratan de impedir que se celebren mítines, conferencias, y actos diversos cuando quienes pretenden llevarlos a cabo no son de su cuerda.

Hablo de esa gente que diferencia entre “guerras” y guerras, dependiendo de quién sea el agresor y quién el agredido; y que cuando gobierna un partido “progresista” y declara la guerra a otra nación o se suma a la guerra, entonces sí es legítimo, pues “es una guerra justa, de liberación, progresista”.

Sí, hablo de esa gente que se dice progresista, demócrata, y tras la caída del muro de Berlín, y el fracaso de la socialdemocracia sueca, ha sustituido aquello de la “lucha de clases” por la “lucha de sexos” y tiene como libro de cabecera el “Manifiesto Scum” de Valerìe Solanas, y promueve leyes para perseguir a los varones, destruir la institución familiar y tiene como objetivo último la destrucción de la civilización occidental judeocristiana. Es por ello que aplican en su quehacer cotidiano la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”… así se entiende su apoyo entusiasta al terrorismo de origen musulmán, ya sea de forma disimulada o de manera entusiasta.

Sí, hablo de esas gentes que llevan décadas fomentando la ignorancia y el odio, desde que se hicieron dueños de todos, o casi todos, los centros de enseñanza -desde el parvulario a la universidad- así como de los medios de información y creadores de opinión, y que han llegado con intención de quedarse, y no paran de jactarse, pavonearse, gloriarse de ello.

Sí, hablo de esas gentes, de izquierda que cuando tratas de conversar con ellas, no tardan ni un minuto en ponerles etiquetas a quienes con ellos discrepan, tales como “fascista”, sin haberse leído, ni tan siquiera un poquito de la historia del siglo XX y especialmente lo referido a la época de los totalitarismos, y en particular lo concerniente a Benito Mussolini, Lenin, Stalin, y Adolf Hitler… Gente que si leyera, descubriría que sus ideas están más próximas de lo que imaginan a las de Benito Mussolini, del cual demuestran con sus comentarios que lo ignoran todo o casi todo.

Hablo de gente que puestos a ignorar –pues, no leen, ni falta que les hace- ignoran que un tal Lenin se manifestó ferviente admirador de las ideas de Benito Mussolini que, tal como él proponía un programa “socialista”. Sí, hablo de gente que también ignora que la mayoría de las “soluciones” que proponen los partidos políticos a los que pertenecen y apoyan con su voto coinciden mayoritariamente con el programa del “Partido Obrero Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes”, cuyo líder, “casualmente” fue un tal Adolf Hitler. Ni que decir tiene que el tal Adolf era antijudío, tal como lo es la mayoría de la gente que en España dice ser de izquierda. Stalin y Lenin, y Marx también lo eran.

¡Curiosas coincidencias! y todos, sin excepción se hacían llamar socialistas y pretendían acabar con la economía de mercado y la democracia liberal… ¡Qué cosas, ¿verdad?!

Y, claro, de semejantes incultos y analfabetos se puede esperar uno de todo, posiblemente muchos de ellos hasta ignoran que el muro de Berlín desapareció en 1989, y que el fascismo y el nacionalsocialismo fueron vencidos hace más de medio siglo.

Por cierto, para los que no lo sepan: Hitler llegó al poder a través de las urnas. Seguro que para algunos eso legitima que hiciera lo que luego hizo.

Por el contrario, los camaradas Lenin, Stalin, Mao, Pol-Pot, los hermanos Castro, y el argentino con boina que no cantaba tangos, y un largo etc. no lo hicieron precisamente de forma pacífica, luego implantaron “democracias populares” en las que todo aquel que disintiera era encarcelado, psiquiatrizado, e incluso eliminado (como el camarada Troski); resultado; más de cien millones de asesinatos en los países de “socialismo real” en menos de un siglo… Al lado de las bondades de quienes admiran los que en España se hacen llamar de izquierdas, lo sucedido en el régimen hitleriano, que dieron como resultado algo así como 6 millones de muertos, es pecata minuta.

La izquierda mostrenca y mamporrera siempre dirá que hay “violencias” y VIOLENCIAS, y que la que ellos practican es “revolucionaria”, y por lo tanto, legítima.

Y ya para terminar: han sido muchos los “pensadores” que han afirmado que, generalmente la maldad acaba triunfando, se acaba imponiendo, porque la gente buena no hace nada para evitarlo, se pone a silbar, o mira para otro lado, o se cruza de brazos.

Permítanme recordarles el poema de Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, (injustamente atribuido al escritor estalinista Bertolt Brecht):

“Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a por los judíos,
no pronuncié palabra,
porque yo no era judío.
Cuando finalmente vinieron a por mí,
no había nadie más que pudiera protestar”.


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Franco, El Cid Campeador y Pedro Sánchez

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“La memoria es como un mal amigo: cuando más falta te hace, te falla” (Proverbio) El lunes día 10 se cumplía la fecha prometida por Pedro Sánchez para exhumar los restos de Franco. Una más de las promesas con las que Pedro Sánchez atontó al personal, una más de las muchas promesas que esparcía por España sabiendo que no la iba a cumplir.

Fue en los días aciagos del gobierno del, para olvidar, Zapatero; cuando surgió la farsa de la memoria histórica. Farsa porque la historia es la que es y no se puede cambiar, mucho menos en una sola dirección. Los que perdieron la guerra civil, la perdieron, y por más que se empeñen, no la van a ganar de forma retroactiva debido a que todavía no se ha inventado aquella máquina del tiempo que surgió de la mente de H. G. Wells. Los que estamos avisados sabemos que esa milonga de la memoria histórica es una de las tantas historias falaces que la izquierda se inventa para mantener alimentados a sus fanáticos con los sucesos de hace más de 80 años, mientras los verdaderos problemas del país permanecen sin resolver.

El Cid Campeador (1048 – 1099) fue un caballero castellano que luchó contra los moros que ocupaban la península Ibérica. Su fama era legendaria y sus enemigos le tenían temor sabiendo de su valor y su inteligencia militar.

Cuentan las crónicas que, siendo herido de muerte en Valencia, se hizo subir a su caballo y, saliendo de la ciudad al frente de su ejército, derrotó a las huestes moriscas que huyeron despavoridas al ver capitaneando sus tropas a quien creían muerto. De ahí la leyenda de que el Cid Campeador ganó una batalla después de muerto.

El señor Pedro Sánchez, presidente del gobierno en los ratos libres que le dejan los independentistas, Bildu y demás partidos que quieren fraccionar a España, nada más llegar a la Moncloa prometió y se prometió a sí mismo desahuciar a Franco de la tumba en la que descansa. Pedro Sánchez y sus conmilitones, con tal de conseguir sus propósitos estúpidos de cambiar la historia, quieren devorar a los muertos. Yo les recuerdo que tan solo los cuervos y las alimañas devoran a los muertos. Pero hete aquí que Franco, al igual que El Cid Campeador, le ha ganado después de muerto todas las batallas de esa guerra gilipollas y estúpida que tan solo sirve para echar carnaza al odio, el rencor, el resentimiento y la mala baba de todos los que aún creen – en un ejercicio de imbecilidad supina – que pueden ganar la guerra de hace 80 años. La última batalla ganada por Franco después de muerto la ha confirmado el Tribunal Supremo: No se exhuman sus restos.

Desconozco en cuantos países de Europa ha habido una guerra civil, pero puedo asegurar que en los que la haya habido, en muy pocos, los ciudadanos seguirán empedernidos en un enfrentamiento que parta a su país en dos. Son inteligentes. En España y tras 80 años, los españoles, haciendo demostración de una estupidez de manual trufada de odio, rencor y resentimiento, seguimos en guerra civilismo; mirando al pasado como estatuas de sal en vez de mirar al futuro que es lo que hacen los pueblos medianamente inteligentes.

Termino con una frase de Mahatma Gandhi dedicada a Pedro Sánchez y con él a todos los que miran hacia atrás con rencor: “No dejes que muera el sol sin que antes hayan muertos tus rencores”.


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Unos en Defensa de España y otros rompiéndola entre “coalición” y “cooperación”

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He comentado alguna vez mi pertenencia desde 2013 al Aula Política del Instituto de Estudios de la Democracia, adscrito a la Universidad CEU San Pablo, que se define como “un centro multidisciplinar de investigación y estudios superiores de posgrado” y dentro de éste, la citada Aula Política “se propone congregar a un grupo de personas con preocupación por la vida pública, por el hombre y por la sociedad, con espíritu universitario capaz de analizar críticamente el pensamiento correcto, desde el respeto a los principios básicos del humanismo cristiano”, que en los diferentes cursos académicos viene desarrollando seminarios y análisis sobre temas tan interesantes e importantes para la realidad política de España como los de la posible y necesaria Reforma constitucional explicada en “Recuperar España. Una propuesta desde la Constitución” -libro presentado en 2013-; la revisión de los Valores que inspiran España y Europa; la Organización y Modelo del Estado; las también necesarias reformas de la Ley Electoral y del Poder Judicial; el estudio de la deriva de la organización territorial del Estado y las desorbitadas comunidades Autónomas o el pormenorizado trabajo recogido en el libro “España, Democracia y Futuro”, publicado en 2017, en el que se recogen diferentes aspectos sociales, políticos y económicos dentro del marco democrático que los españoles nos dimos a partir de 1978, analizados con la perspectiva de 40 años de luces y sombras de una “democracia participativa” evolucionada en “partidocracia endogámica” -esta última frase es mía-.

El pasado martes tuve el privilegio de asistir a la clausura del actual curso académico, celebrada en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Económicas de la citada Universidad, en la que el que fuera Ministro de Presidencia y de Educación con Adolfo Suárez durante la Transición, José Manuel Otero Novas, Presidente del IED y del Aula Política, presentó el documento “Propuestas urgentes a la Nación”, tras lo que se procedió a la entrega de los Premios al Mérito en Defensa de España.

Otero Novas, desde una visión retrospectiva, recogió en su discurso las conclusiones del ciclo que se ha desarrollado en el Aula durante el presente curso y que, como se hiciera con los anteriores y el conferenciante destacó, se ofrecerán a los diferentes partidos políticos que “hasta ahora, han hecho poco caso a lo que venimos enviando”. Hizo un resumen del devenir de estos cuarenta años -largos ya- de periodo constitucional, lamentando tal vez, en mi opinión, la evolución en algunos aspectos de la interpretación de la propia Constitución, así como de la triste influencia y creciente demanda que los minoritarios partidos nacionalistas han ejercido siempre sobre los diferentes gobiernos.

Ya se tratara del Partido Socialista Obrero Español o del Partido Popular, ambos han venido “pagando” excesivas prebendas, siempre y “especialmente en el caso del País Vasco”, muy superiores a las que corresponderían a su escasa representación electoral considerada a escala nacional -seguramente evitable si una nueva Ley Electoral estableciera un límite porcentual mínimo, por ejemplo del 3% referido al censo global, para tener representación en el Congreso, añado yo también- y nada indica que esto vaya a cambiar, “es ingenuo pensar que no van a seguir así” decía Otero Novas, y mi experiencia vital -porque creo que es un fenómeno no exclusivo de la política sino comprobable en la vida diaria- me dice que esa política de “Ceder siempre en algo que eleva el suelo desde el que se produce la siguiente reivindicación” ha sido un tremendo error de desconocimiento o infravaloración del nacionalismo y sus fines, porque no hay más que observar un poco para ver que su deseo de poder es insaciable por mucho que se les dé y siempre pedirán más hasta que llegado el momento en el que consideren que tienen el suficiente para atentar contra el todo, lo harán sin dudar, como lo demuestran los hechos de estos años, especialmente el golpe de Estado intentado de Octubre-2017. Llegado a este punto me pregunto si no se debería haber actuado ya ilegalizando los partidos políticos que tengan como fin algo tipificado como delito -¿no lo es atentar contra “la indisoluble UNIDAD de la Nación española, PATRIA COMÚN e INDIVISIBLE de TODOS los españoles”, que dice el Art- 2 de la Constitución?-, que para el caso de las asociaciones -no otra cosa son en esencia los partidos políticos- recoge el Artículo 22.2 de la ya mencionada varias veces C.E.

En relación a aquella propuesta reformista de 2013 y reconociendo que “en los seis años transcurridos, el problema se agudizó” añadió que “no podíamos esperar pasivamente a la crisis del Régimen”, para pasar a continuación a aportar algunas “Soluciones para detener ahora la deriva”, expresando cierta nostalgia porque “Los grandes Partidos nacionales… podrían haber pactado… en momentos puntuales…, unas cuantas abstenciones o votos positivos, para no tener que entregarse, en contra del resto de España, a la voracidad de los Partidos nacionalistas”, citando que “Los apoyos que hay que pactar… son realmente cinco en cada legislatura, uno para la investidura de Presidente de Gobierno y cuatro para pasar las votaciones de totalidad en las Leyes de Presupuestos”, para rematar esta parte afirmando que “No han tenido la suficiente visión de Estado para ello”, pero “Todavía pueden hacerlo ahora”, como nuevo llamamiento a los políticos.

Pasó a continuación por una referencia al posible delito de Rebelión que se juzga en el Tribunal Supremo, recomendando que “Deberíamos dejar a los Tribunales que decidan lo más procedente”, resaltando que “El independentismo no puede juzgarse acto a acto… se trata de un conjunto unitario al servicio de un fin que sus mismos autores califican precisamente como procés” y afirmando que, de acuerdo con la Ponencia presentada en su día en el Aula Política por el Fiscal en excedencia de la Audiencia Nacional, Ignacio Gordillo, “pensamos que procede estimar la existencia de un delito de rebelión” , para el que “no es preciso el uso de fuerza militar, cuando el propio precepto concibe eso como agravante”, para concluir admitiendo que “Si lo ocurrido no es rebelión, estamos invitando a que se repita y triunfe”.

Hizo después una referencia a “Los límites de los Partidos” y a determinados tipos de democracia, reflejando la necesidad de cambiar la Ley de Partidos para incluir “como causa de ilegalización la redacción o ejecución de planes de separación”, concluyendo con un “España vale la pena” refiriéndose a la Ponencia presentada por otro miembro del Aula, José Miguel Ortí Bordás, sobre “el extraordinario valor de la nación española, de las más antiguas del mundo, que ya se llamaba Hispania en tiempos de los romanos”, y reconocía que “si bien el Estado vuelve a estar desfalleciente, la nación se mantiene como realidad pujante”, que “La nación es algo que los españoles actuales hemos recibido de nuestros antepasados fruto de muchos sacrificios y esfuerzos acumulados a lo largo de los siglos, que debemos dejar a nuestros descendientes” y que “En más de dos mil años Nuestra vitalidad y cohesión decayó muchas veces, en ocasiones parecía irremediable, pero siempre la nación española resurgió”.

Finalizó su brillante conferencia con una Coda “Debemos mantener un sano y razonable orgullo de pertenencia a la Nación hispana” e invitando a los presentes a que “se asocien con nosotros, rindiendo público homenaje a cuatro ciudadanos… que destacan por su dedicación, desde diferentes campos, a la promoción y defensa de la Idea y los intereses de España”.

A continuación el Cuarteto de cuerda Arte entre amigos interpretó “La oración del torero” y se procedió a la entrega de los Premios que citaba antes, por parte del Gran Canciller de la Universidad CEU San Pablo, Alfonso Bullón de Mendoza, a cuatro representantes de la sociedad española:

Francesc de Carreras, Catedrático Emérito de Derecho Constitucional de la Universidada Autónoma de Barcelona, militante en su juventud en el PSUC –Partido Socialista Unificado de Cataluña- y fundador junto a Félix de Azúa, Albert Boadellas y Arcadi Espada, entre otros de la plataforma que acabó convirtiéndose en 2006 en el partido político Ciudadanos.

Augusto Ferrer-Dalmau, pintor y seguidor del estilo realista de Antonio López, evolucionado desde el diseño textil y los paisajes urbanos de Barcelona hasta la temática militar, en la que recoge los principales episodios de la Historia de España, en un excelente trabajo de documentación sobre armamento, uniformidad, vexilología y pertrechos militares de impecable rigor histórico.

Gloria Lago, Profesora en el Instituto San Tomé Freixeiro de Vigo y creadora de la Asociación Galicia Bilingüe, destacada en su lucha porque los padres gallegos puedan elegir libremente la lengua para educar a sus hijos en contra de la creciente inmersión lingüística que también va ganando terreno en Galicia y, desde 2017, Presidente de la Asociación Hablamos Español, que consiguió 500.000 firmas de ciudadanos españoles para presentar en el Congreso de los diputados una iniciativa parlamentaria para una Ley de Libertad de Elección Lingüística.

Alfonso Ussía, nieto del dramaturgo Pedro Muñoz Seca, autor entre otras fantásticas y divertidas obras de La venganza de don Mendo, del que no hace falta mucha presentación por ser de sobra conocido por sus libros, columnas periodísticas en ABC y La Razón y aquellos “Debates sobre el estado de la Nación” radiofónicos con Tip y Coll, Mingote y Antonio Ozores -todos q.e.p.d.- y creador de su personaje fantástico, el Marqués de Sotoancho, a través del que analiza con simpática agudeza e ironía el momento social y político de España.

Todos agradecieron el premio recibido con unas breves palabras, coincidiendo en lo “inmerecido del premio”, de las que las del último premiado destacaron por algunas anécdotas tales como la referida a Federico Muelas, que en 1955 fue pregonero de Navidad en el convento de la Encarnación y “empezó a las siete y media de la tarde y a punto estuvo de no poderse celebrar la Misa del gallo” y al año siguiente, Manuel Alcántara se refirió a su antecesor por cortesía, dijo: “En el Portal de Belén, habló Federico Muelas y al terminar, las pastoras eran ya todas abuelas” o, en palabras de Manuel del Palacio, poeta satírico y diplomático, explicando la facilidad que tiene el español para meter la pata en los momentos más inoportunos “Diálogo al vuelo cogido en el baile de Menchaca: Oriénteme usted querido ¿quién es esa horrible vaca que al pasar me ha sonreído? Se lo diré caballero, es doña Julia Terrón, hija del Duque de Ampuero y madre de este ternero que está a su disposición” y que dijo que “una cosa es la Nación, España, y otra el Estado”, al que definió como el “administrador de España, a veces desastroso y en estos momentos arruinando a la mitad de españoles con unos impuestos salvajes”, “la España de las autonomías se equivocó con este nuevo feudalismo”, afirmaciones que suscribo.

Cerró el acto el mismo Cuarteto con la interpretación del Himno Nacional y de los que se debaten entre la “coalición” y la “cooperación” sin saber lo que dicen, ya escribiré en otro momento. Creo que es un tema menor frente a lo tratado hoy.


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Reflexiones sobre el proceso penal

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El proceso penal español, está contaminado, de tal manera que ha puesto en evidencia una justicia cuya credibilidad, en la aplicación de los principios básicos constitucionales y procesales, han quebrado, alcanzando las cuotas más bajas de desprestigio del Poder Judicial.

Se aceptan acusaciones populares espurias de partidos políticos con objeto de sacar rentabilidad política.
Se efectúan imputaciones sin indicios sólidos que posteriormente se desvanecen por haber sido infundadas o precipitadas.

Se efectúan por la UDEF y la UCO informes no ya serios, sino atribuyéndose competencias de la Fiscalía.

Se hace un uso abusivo, arbitrario y desigual de la prisión preventiva.

Se condena ante la sociedad con la pena del telediario, en un escarnio público.

Se producen dilaciones indebidas e injustificadas que no tienen compensación posterior.

Se producen filtraciones a “determinados” medios de comunicación social, para premiar su fidelidad perruna al régimen, y cómo forma de estigmatizar a enemigos y adversarios políticos, a los que conviene “destruir”.

Se acusa con penas desproporcionadas por parte del Ministerio Público para posteriormente forzar conformidades.

La fiscalía tiene una total dependencia del Gobierno, y los fiscales no son autónomos, y estar organizados jerárquicamente, de forma que tienen que obedecer lo que les dicen sus jefes, nombrados a dedo, y con arreglo a criterios políticos, no profesionales, de formación, experiencia y competencia.

  1. No se repara el daño causado a la deshonra, prisión, en caso de absolución.

Mientras estas anomalías no se corrijan el proceso penal continúa contaminado y esa contaminación perjudica gravemente un proceso penal que debe ser escrupuloso en sus fases.

Jurista y secretario general del sindicato Manos Limpias


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