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Opinión

La democracia explicada con sencillez a Pablo Iglesias

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Estimado señor: tengo entendido que es usted licenciado en Ciencias Políticas y sé que tiene una larga experiencia como comentarista, tertuliano y político en activo, por lo que imagino que alguna idea debe tener sobre el tema que paso a explicarle. Usted, ante los resultados de un partido en unas elecciones recientes ha animado a sus seguidores a que salgan a la calle a manifestarse contra estos resultados. Creo sinceramente que, en esta actitud, compartida por muchas personas, hay una carencia de conocimiento de lo que es la democracia. Más concretamente, el carácter jurídico-formal de la democracia.

Antes de desarrollar este punto, hago una aclaración previa. Cuando hablo de democracia no me refiero a la democracia orgánica ni a la democracia popular, etc. Hablo de ese sistema al que se refería Churchill, en el que “cuando uno oye que alguien llama a puerta a las 6 de mañana, sabe que es el lechero”. Es decir, aquel donde se respetan la propiedad, la vida y los derechos, con lo que dejamos fuera del concepto de democracia a algunos países en lo que hay procesos electorales, parlamento y partidos, pero en los que una llamada a estas tempranas horas supone un susto mayúsculo y un peligro real.

Ahora bien: ¿qué es la democracia? Hay muchos tratados y teorías que intentan explicar este fenómeno complejísimo, pero, siguiendo la norma de sencillez que me impongo desde el título, concibo la democracia como un conjunto de reglas que regulan de forma estable la relación entre fuerzas que son diversas y contrarias, de manera que éstas se enfrentan según una normas convencionales y convenidas. El formalismo de este mecanismo garantiza que esta lucha entre contrarios se produzca de una forma incruenta y, en todo caso, sin otro roce que no sea el de la dialéctica. Además la democracia tiene sus “contenidos”: estado de derecho, carácter social, impulso de la igualdad, etc. Pero -y aquí reside el quid de esta cuestión- esos contenidos no son posibles sin la forma a la que me refiero. Serían como un líquido que se derrama por falta de vasija.

La democracia nunca es “acción directa”, sino acción dirigida (y limitada) en los cauces de la norma. Tampoco es, como podía indicar su nombre, ejercicio directo del poder, ya que éste debe ejercerse a través de la representación. Por lo tanto, una ruptura traumática de la norma es antidemocrática por definición.

Cualquier causa que quiera defenderse, por muy justa o urgente que pueda parecer (la llegada al parlamento de una fuerza política que a usted le parece peligrosa), no puede hacerse a impulso de un voluntarismo subjetivo, sino por un procedimiento reglado. Cierto es que existen el derecho de manifestación y reunión, pero evidentemente deben estar regulados y limitados.

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Hay un matiz más en esta cuestión: puede usted manifestarse en contra de los actos de un partido o grupo, pero no puede manifestarse por el hecho de que haya un grupo de personas que lo haya votado.

Puede usted protestar por el contenido, pero las formas son intocables, a no ser que se cambien desde sus propios mecanismos.

Está usted rompiendo las normas. Es más y más grave: no se entera usted de que esto de la democracia es un asunto de normas.

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España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

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«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

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En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

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Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

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