España
La derecha saca 2,3 puntos a la izquierda, pero logra hasta 20 escaños menos
A once días de las elecciones, el votante «antisanchista» hace caso omiso de las llamadas al voto útil. En plena Semana Santa -circunstancia a a tener muy en cuenta a la hora de elaborar encuestas-, hay un titular que se va consolidando: la fragmentación en el voto de centro derecha es cada vez mayor, con todo lo que ello supone para las aspiraciones de esos votantes de desalojar a Pedro Sánchez de La Moncloa tras el 28 de abril.
Así, según el último tracking de GAD3 -con 2.000 entrevistas realizadas entre el 9 y el 15 de abril-la suma de la intención de voto de los tres partidos nacionales del eje centro-derecha gana claramente a la suma de los dos partidos de izquierdas.
La intención de voto de PP, Ciudadanos y Vox alcanza el 45,9 por ciento de los votos, frente a un 43,6 por ciento de PSOE y Podemos. La diferencia es, por tanto, de un 2,3%. Sin embargo, al traducir esta cifra a escaños la realidad es muy distinta. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se sitúan en una horquilla de 164 a 171 escaños. Si el resultado es este último, Sánchez podrá mantenerse en la Moncloa con el apoyo de Podemos y el Partido Nacionalista Vasco, que pulula entre los cinco y seis escaños. La opción más optimista para el centro-derecha le da 161 escaños, a sólo tres del resultado más pesimista de la izquierda (164), pero en cualquier caso muy lejos de los 176 escaños necesarios para investir un presidente. Mal consuelo.
Enfrente, Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal se quedan muy lejos de la mayoría necesaria para investir a un presidente del Gobierno; la horquilla se mueve desde los 151 hasta los 161 escaños, lo que supone que en el mejor de los casos necesitarán quince votos más en el Congreso y, en el peor de los escenarios, 25 diputados más. Una inmensidad.
Del análisis por partidos de este último tracking de GAD3 se desprenden varias conclusiones: la primera, que el partido que ganará las elecciones será el Partido Socialista. La segunda, que el líder de la alternativa es Pablo Casado, muy por delante de Ciudadanos y de Vox. La tercera, que el único partido que muestra una tendencia reseñable al alza es Vox, acercándose cada vez más a Ciudadanos. Y, por último, la cuarta, el estancamiento de Podemos en el entorno de los treinta escaños, situada ya como quinta fuerza del arco parlamentario.
Repunte socialista
Desde el pasado jueves día 11 de abril, el PSOE ha registrado un leve repunte que le sitúa en su pico máximo. Con la campaña ya en marcha, Pedro Sánchez se sitúa en el 31,3 por ciento de intención de voto y los 136-139 escaños. Después de la bajada del último tracking, parece que la batalla de los socialistas está en consolidar el 31 por ciento de los escaños.
A once días de las elecciones, la segunda fuerza es sin lugar a dudas el Partido Popular. Sin embargo, Pablo Casado no logra despegar y sufre por consolidar el 21 por ciento de los escaños. En este tracking se sitúa en el 20,9% de los votos, lo que se traduce en 82-86 escaños. Su pico máximo lo consiguió el el sondeo del 24 de marzo, con 94-99 escaños y el 21,9% de los votos.
Tras PSOE y PP, la gran batalla por la tercera posición. Según GAD3, en este momento la medalla de bronce se la llevará Albert Rivera, pero su tendencia es a la baja, mientras que la de Santiago Abascal ha encontrado una senda ascendente.
En este último tracking Ciudadanos pierde 0,3 por ciento de intención de voto, hasta el 13,2 y lejos del 14,9 registrado hace tan sólo nueve días. Conclusión: Rivera sigue tercero pero pasa de luchar por el medio centenar de escaños a sufrir por garantizar los cuarenta. En cambio, Vox sube 0,6 puntos hasta el 11,8 por ciento y supera ya la treintena (30-34).
Sorpasso a Podemos
Así, Podemos pasa a convertirse en la quinta fuerza del arco parlamentario, superada hace tiempo por Podemos y en este tracking también por Vox. Pablo Iglesias no logra rentabilizar en escaños ni su vuelta a la vida política activa ni el arranque de la campaña electoral. En intención de voto sí está registrando una curva décima a décima, y ha logrado subir un punto en intención de voto desde el sondeo de GAD3 del 24 de marzo.
El reloj electoral corre hacia el ecuador de la campaña con las rutinas de los ciudadanos interrumpidas por la Semana Santa, los partidos políticos apretando el acelerador mitinero y los candidatos pisando dos y tres provincias cada día. Todo parece indicar que la semana clave será la última, con la mayoría de los españoles incorporados a su día a día, y -quién sabe- debates en TV que se presentan como claves.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
