Connect with us

España

La desobediencia civil masiva haría estallar otra guerra civil en España. Por el Teniente Coronel Enrique Area Sacristán

Avatar

Published

on

La mejor forma de desarrollar la ficción de una nueva guerra civil es comenzar por los dos conflictos que se viven más intensamente en nuestro país: el territorial, y el de clase que es el que vamos a tratar.

El primero es aparentemente el más visible. Efectivamente, hoy está centrado en Cataluña, pero no se trata solamente de este actual, no por falta de antigüedad, movimiento independentista, sino también los que se extienden a Basconia y Galicia.

En el segundo, ejemplos de desobediencia civil no han faltado en los últimos años. El 15M inauguró una fase de protestas callejeras, como las Marchas de la Dignidad o Rodea el Congreso, que reavivaron el repertorio tradicional de huelgas y manifestaciones. Sin duda, el ejemplo más espectacular fue el referéndum frustrado del 1 de octubre de 2017, donde el gobierno catalán y el central se enfrentaron en una lucha de legitimidades.

El último momento similar dentro de la democracia actual lo encontramos a mediados de los años 70. Como relata Emmanuel Rodríguez en Por qué fracasó la democracia en España, la Transición estuvo marcada por una participación masiva de obreros de todo el país en asambleas, huelgas, grupos, asociaciones…

Ahora, no hace falta que imaginemos otra crisis económica global que imposibilitase, todavía más, tener una vida digna porque la estamos viviendo como efecto de la pandemia. No sería descabellado pensar, por tanto, en un retorno de esta movilización total de los trabajadores y las clases más humildes de la sociedad, quizá impulsada ahora por nuevos movimientos.

Advertisement

Justo en la segunda mitad de los 70 se empezó a entender mucho mejor la «fábrica social»: el trabajo invisible de las mujeres que mantenía el resto del trabajo visible y remunerado. Hoy, el movimiento feminista ha demostrado que la situación subordinada que las mujeres ocupaban ya ha pasado; marcadas por la violencia física y económica. La movilización del 8 de marzo de 2018 fue todo un éxito.

Igualmente, los pensionistas demostraron gran capacidad de organización. La recuperación del empleo aumentó la afiliación sindical; pero las condiciones sociopolítico-sanitarias no han mejorado con la pandemia, sino todo lo contrario. Esto puede acelerar las reivindicaciones sociales imposibles de atender dada la situación de precariedad económica en la que se encuentra la Nación. Y es factible que en algún momento estas luchas convergiesen: ya fuese dentro de la estructura actual de Unidas Podemos, o en nuevas organizaciones de diferente cariz político o, simplemente como revuelta social sin ningún tipo de ideología preestablecida sino sólo por el motivo más antiguo de las revoluciones: el hambre que va a provocar en el pueblo llano la pandemia.

La otra alternativa o incluso una añadida a este frente unido implicaría una persecución seria de la vía unilateral a la independencia en Cataluña. Sí, es muy poco probable. Pero los líderes catalanes han llegado a apelar a «vías eslovenas» y hemos visto como ciertos sectores profesionales organizados, como bomberos o estibadores, realizaron acciones muy efectivas durante las movilizaciones del otoño que coincidió con el referéndum de autodeterminación.

En cualquier caso, el factor necesario sería una escalada creciente de las movilizaciones.

Podemos imaginar algo parecido a la insurrección de los gilets jaunes franceses, pero sumado a colectivos organizados más o menos permanentes. Es decir, la creación de una suerte de «sociedad paralela» como la de los socialistas de principios del siglo XX: cooperativas, ateneos, medios de comunicación, escuelas…

Advertisement

Algunas pinceladas de este entramado se pueden ver hoy, por ejemplo, en los diferentes Centros Sociales Ocupados Autogestionados (CSOA) repartidos por todo el país. ¡Las noches veganas que organizan los okupas de tu barrio son un comienzo!

La participación del Partido Popular, Ciudadanos y su acercamiento a VOX en determinadas Comunidades Autónomas podrían haber propiciado también la unidad de la izquierda y radicalización de la sociedad. Hasta hace nada, la derecha más conservadora se reducía a grupúsculos o nostálgicos del régimen autoritario del Generalísimo, superado por el paso del tiempo hasta la aprobación de la Ley de la Memoria Histórica de Zapatero, hoy radicalizada con otra Ley todavía más inquina. Eso ha hecho que, hoy se hayan puesto traje y concurran a las elecciones los conservadores de VOX y aparezca un movimiento filocomunista de raspas.

Es posible que una mayor combatividad de la izquierda también alimentase las filas o motivase el apoyo creciente de intereses económicos a la causa contraria. No olvidemos a Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, que pedía en 2014 el surgimiento de «un Podemos de derechas». Finalmente, y aunque no tienen la influencia de antaño, la Iglesia y la monarquía podrían señalar y posicionarse en contra de estas izquierdas más o menos unificadas y radicalizadas.

Para las fuerzas conservadoras, es sencillo invocar los fantasmas de ETA y la «kale borroka». No se puede olvidar tampoco, que no ha existido, gracias a Dios, una derecha armada fuera del Estado que buscara intimidar a los revolucionarios desde el comienzo de la democracia y que, de haber algo de violencia estatal, esta ha sido dirigida, orientada y armada por el PSOE con los GAL, es decir, por las izquierdas.

Y, para terminar, diré que la narrativa de los años 30 está tan manoseada que es difícil acordarse de la multitud de cuestiones que hoy llamaríamos «de identidad» que giraron alrededor del conflicto. Para los más puristas y puretas se trató de una guerra de clase contra clase, pero factores como el laicismo, el republicanismo y sus respuestas conservadoras denotan la variedad de combinaciones posibles en un posible futuro conflicto agravado y causado por los efectos de la pandemia en las economías familiares.

Advertisement
Advertisement
Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

España

Elecciones autonómicas o juegos florales. Por Jesús Salamanca Alonso

Avatar

Published

on

«El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria».

Trascurrido el 8-M con división, amenazas entre las diversas «tribus» innombrables, desnudos malogrados –aunque ellas mismas se llamen feministas o «feminazistas»– esputos, amenazas e insultos a las periodistas que cubrían la noticia, parece que volvemos a la normalidad diaria que, en estas fechas, son las elecciones de las distintas comunidades, siendo las más cercanas las de Castilla y León.

Tal comunidad, decíamos hace unos días, que tenía sus revoluciones pendientes; incluso León (solo) trabaja por su independencia uniprovincial, otra revolución pendiente y que ya huele. Sigue insistiendo Fernández Mañueco que va a exigir a Vox que, si hay acuerdo, lo sea para toda la legislatura. Él tiene la impresión de que el Mediterráneo estaba sin descubrir hasta que llegó a presidente con su declaración rimbombante. Algo que es lógico y que no se cumplió la legislatura pasada por la falta de cuadros y la división interna del partido que «acaudilla» un tal Santiego Abascal y del que empiezan a mofarse sus seguidores más jóvenes y buena parte de la ciudadanía madura. En fin, si la incompetencia volara…seguramente no nos daría el sol.

Alguien dijo eso de que «éramos pocos y parió la abuela». Pues justamente es lo que está sucediendo en el partido a la derecha del Partido Popular. Abascal se ha ido quedando sin los mejores por las cacicadas que se han impuesto desde la cúpula ultraderechista. Recordarán a Macarena Olona, a Espinosa de los Monteros, la ejecutiva de Murcia y más recientemente a Ortega Smith. Quienes mejor podían conformar los cuadros de gestión están en la calle y durante la campaña electoral tan sólo se ha visto a Abascal. ¿Le molesta que otros chupen cámara? ¿Acaso piensa que le van a destronar de un plumazo por su caudillismo mal enfocado? ¿quiere seguir presumiendo de su enfrentamiento pasado con ETA?

Por mucho que hable Alfonso Fernández Mañueco de exigir compromisos para toda la legislatura, eso no lo puede hacer con Vox porque hay una tremenda deficiencia en sus inexistentes cuadros de gestión. Carece de banquillo, como se dice ahora. Lo estamos viendo en Extremadura y en Aragón, aquí parece que los militantes son más sensatos. En Extremadura ha sido calamitosa la actuación del líder regional de Vox, asesorado por los de más arriba, por eso se están marchando los militantes a chorro. No olviden que los políticos son como los libros de una biblioteca, cuanto más latos están menos sirven.

Casi un 70% de la población extremeña culpa a la formación de Abascal de huir, de no dar la cara y de no haber entendido el voto de las urnas. Han aterrizado en política como podían haber planeado y caído en una vaquería. Si quieren presumir de torpeza, allá ellos, pero la ciudadanía no se lo va a consentir. No deben olvidar que los atropellos se pagan siempre en las urnas y, a veces, antes.

Advertisement

En Castilla y León de prevé un proceso parecido al de Extremadura: «aguanto como que soy fuerte, pero en dos meses te desgasto». Eso no es hacer política, sino terrorismo electoralista y con ello se parece a EH Bildu, pero desde otra perspectiva. ¡Qué poca cabeza tiene el líder extremeño de Vox, si al final acabará claudicando, como dejaba constancia de ello el 53% de los extremeños! La actitud de Vox en Extremadura se conoce en mi pueblo como «enmarranar más al cerdo». En otros tiempos le hubieran «hecho los perrillos» como hacíamos en el colegio a quienes presumían de algo o fantasmeaban demasiado. Y lo hacíamos por su mala fe, tocapelotas, imbécil e insensato.

Tan sólo el 31% de extremeños culpa a María Guardiola del bloqueo por no haber sabido atraerse a los de Santiago Abascal. Posiblemente, la peor noticia para Vox sería convocar ahora mismo nuevas elecciones porque, según las dos encuestas consultadas, esa formación ultraderechista perdería entre dos y cuatro diputados, que sumaría el PP y dos perdería el PSOE.

Si Vox no tiene más que estratagema, esa se combarte con una buena estrategia. Siempre ha sido así. Al PSOE de Extremadura le hundió los engaños del «hermanísimo», las trampas mafiosas de Garrido y la desconfianza de los socialistas. Si se hubieran convocado antes las elecciones generales sería otro el resultado, pero donde no hay mata, no hay patata.

Según veo en una encuesta de Signa Dos para El Mundo, siguen divididos los deseos de los extremeños y mientras uno de cada cuatro apoya que el PSOE permita un gobierno de la derecha pepera en solitario, entre quienes se dicen votantes socialistas, un 40% quiere ese gobierno en solitario del PP. Un 22% de extremeños prefiere que haya repetición electoral porque creen que la ultraderecha acabará de morros contra las urnas. Y créanme que no van descaminados.

El próximo domingo, salvo aprendizaje rápido de Santiago Abascal y sus huestes, en Castilla y León podemos vernos en la misma tesitura que en Extremadura. Sería Mañueco el hazmerreír y Abascal el muñeco de feria. Ni Castilla ni León van a permitir tonterías, ni se va a esperar a que caiga el higo de la higuera o a Abascal lo alumbre San Apapucio, patrón de la estupidez.

Advertisement

Cuando ese santo alumbra, la estupidez y la torpeza ya están instaladas en la persona. Y si no ceden las partes todo lo que haya que ceder, que dejen la política y se vayan a poner copas y cacahuetes a los lupanares de Pedro Sánchez y malversadora señora «catedrática» o a República Dominicana a contar los aterrizajes del Falcon sin transparencia.

Continue Reading