Sociedad
La división del centro-derecha daría la victoria al PSOE en 29 provincias
Los mapas políticos son ahora mismo como radiografías del estado político español, con una fragmentación de voto que será crucial en las urnas el 28 de abril. Si el centro derecha se presentara unido a las elecciones, su predominio sería rotundo en la mayor parte de España. Pero la división del voto de ese segmento de la población cambia de forma sustancial el color del mapa político, al favorecer de forma directa al PSOE. Los socialistas, gracias a la división del voto del PP, Ciudadanos y Vox, controlarían la mayoría del Senado, la Cámara que puede aprobar el 155, según los datos del último barómetro de GAD3 para ABC.
La división del centro derecha marcará las elecciones generales. Es una fragmentación inédita, que si se mantiene hasta el final podría dar un vuelco al escenario político nacional. Cuando Pedro Sánchez adelantó las elecciones sabía perfectamente que jugaba esa carta a su favor, y ahora se está comprobando en todas las encuestas. Los votantes de centro derecha tienen más oferta que nunca, y eso hace que su voto se disperse, lo que le hace perder fuerza.Pero además sube el nivel de indecisión en ese sector del electorado, que en buena parte no se decantará por una de las tres opciones hasta la recta final de la campaña.
En este momento, a cinco semanas justas del domingo electoral, el centro derecha sería el más votado en un total de 36 provincias, siempre que se presentara en un solo bloque. En esa situación de hipotética unidad del PP, Ciudadanos y Vox, una alianza de PSOE y Unidos Podemos tendría que conformarse con ser el bloque más votado en 12 provincias. La izquierda solo conseguiría superar al bloque de centro derecha en el País Vasco, Cataluña, Canarias y tres provincias andaluzas (Huelva, Sevilla y Jaén). En otras dos circunscripciones habría empate entre los dos grupos: Badajoz y Córdoba.
Castigo a la dispersión
Pero ese escenario por bloques se queda en una hipótesis, pues el centro derecha se presenta a las elecciones generales dividido en tres partidos. El voto disperso se castiga en el Congreso, pero aún más en el Senado, donde hay un sistema de elección mayoritario.
Con la fragmentación del centro derecha, el PP solo sería el partido más votado en ocho provincias (Orense, Zamora, Salamanca, Ávila, Segovia, Burgos, Palencia, Murcia), más Navarra, donde los populares se presentan en la candidatura «Navarra suma», con UPN y Ciudadanos.
La división de voto del centro derecha daría la victoria al PSOE en 29 provincias, a las que sumaría otras ocho donde ganaría igual. En total, el partido de Sánchez pasaría a ser el más votado en un total de 37 provincias.
En el mapa del partido más votado en cada circunscripción, se desmarcan del «bipartidismo» cuatro provincias españolas: Vizcaya y Guipúzcoa, donde ganaría el PNV; y Lérida y Gerona, donde ERC sería la formación política con más votos.
Como se ve, la diferencia entre un centro derecha unido y otro fragmentado es abismal. Son dos escenarios políticos totalmente diferentes. Los llamamientos del PP a la unidad de voto están siendo constantes en esta precampaña. El último en echar una mano a Pablo Casado en ese mensaje ha sido José María Aznar, quien apeló a reunificar el voto derechista para frenar a Sánchez y los separatistas. Casado llegó a plantear a Ciudadanos listas conjuntas en el Senado, pero su propuesta recibió un sonoro portazo por parte del partido de Albert Rivera. Solo ha habido un acuerdo de candidatura de unidad en Navarra, donde Unión del Pueblo Navarro (UPN)y PP revalidaron su alianza tradicional, y luego se unió a ellos Ciudadanos, en una lista llamada «Navarra suma».
El impacto de la fragmentación del centro derecha en el conjunto de España tiene un efecto muy claro en el Senado. En cada circunscripción se eligen cuatro senadores (salvo en las islas, Ceuta y Melilla), y los electores pueden dar hasta tres votos. Es decir, el partido más votado suele llevarse tres senadores, y el segundo, uno. Ser primero en las urnas adquiere aquí una importancia fundamental, más aún que en el Congreso.
Si el centro derecha se presentara unido, sería el más votado en 36 provincias. Es decir, obtendría un mínimo de 109 senadores en esas circunscripciones: 105 escaños por 35 provincias peninsulares, dos más por Mallorca (isla mayor), otro por Ibiza-Formentera y uno más por Menorca.
El bloque del PSOE y Unidos Podemos ganaría en 12 provincias, y sumaría en ellas 39 senadores: 30 en la península, cuatro en Gran Canaria y Tenerife, y cinco más repartidos entre Fuerteventura, Gomera, El Hierro, Lanzarote y La Palma.
Es decir, en unas elecciones donde se presentaran un bloque unido de centro derecha y otro del PSOE y Unidos Podemos, el primero obtendría 109 senadores en las circunscripciones donde ganara, frente a los 39 de sus adversarios.
Pero en unas elecciones sin bloques, es decir con el centro derecha dividido en tres, el mapa cambia de color y se pasa al rojo predominante. El PP solo sería el más votado en ocho circunscripciones más Navarra (con UPN y Ciudadanos), así que solo sumaría en ellas hasta 27 senadores.
Habría 29 provincias donde el PSOE pasaría a ser el partido más votado: 27 que se las quita a la derecha por ir dividida, más Badajoz y Córdoba, donde el PSOE rompe un eventual empate y también se beneficia de la fragmentación. Esto le daría a los socialistas 59 senadores más.
A todos estos datos hay que sumar los de Ceuta y Melilla, donde en principio el PP parte como favorito en las dos ciudades autónomas, que tienen dos senadores cada una.
El PSOE, en toda España
En la situación actual, el único partido que tiene garantizado sumar escaños al Congreso en todas las circunscripciones es el PSOE (ver mapas superiores). Los socialistas se ponen por delante así del resto.
El PP, sin embargo, tendría cuatro provincias en blanco. El partido de Pablo Casado lograría escaño en toda España menos en Guipúzcoa, Tarragona, Lérida y Gerona. Los populares hacen agua así en tres de las cuatro provincias catalanas.
Mucho peor lo tiene Ciudadanos. El partido de Albert Rivera logra representación en todo el litoral, desde Cádiz hasta Barcelona. También está fuerte en el centro de España y en parte del norte, pero en zonas del interior flojea con claridad.
Podemos tiene una presencia muy irregular en todo el territorio nacional, y no existe en comunidades como las dos Castillas, Extremadura o Cantabria. A Vox se le ve más fuerte en Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
