España
La electoral necedad de la derecha
Antonio P. Henares.- La necedad electoral de la derecha ha alcanzado su máximo esplendor en el Senado. Ha conseguido ahí el cenit del despropósito de manera aún más ejemplar que en el Congreso, donde no es que haya sido pequeño.
En esta cámara, donde el PSOE no ganaba desde 1996 a la «conjura de necios» de unos dirigentes que pregonaban su intención de desalojar a Sánchez de Moncloa al tiempo que, supuestamente para lograrlo, se esforzaban en acuchillarse con frenesí entre ellos, se unió la no menos clamorosa entrada de ayatolás mediáticos, gurús en el secreto de la receta milagrosa, autoproclamados expertos demoscópicos en red y, en general el electorado más tonto conocido, que lograron con la puntilla del famoso 1+1+1 la asombrosa hazaña de entregar el Senado, con mayoría absoluta, al PSOE y a los separatistas. Un éxito inconmensurable del que todos ellos han de sentirse profundamente ufanos y contentos.
La jugada le ha salido «redonda», y nunca mejor dicho a Sánchez. Si su asesor aúlico Iván supo ver la ventana de oportunidad en la moción de censura, ahora vieron y aprovecharon de inmediato la oportunidad que la derecha, rota en tres cachos, les ofrecía. Con su incontestable victoria, a leguas en votos y en escaños de sus competidores, se quedará muy ricamente en la Moncloa. Ahora ya nadie le podrá llamar okupa, y hasta tendrá posibilidad de ir eligiendo socios.
La oportunidad se la pintaron calva y la han aprovechado al máximo, contando además con el enternecedor apoyo de sus rivales en particular con el del «coco» Vox al que se han encargado de pintar, con su complacencia y apoyo, como la bicha del pantano, que ha resultado su talismán y un aliado maravilloso en las urnas. Les ha sumado escaños por doquier para Congreso y Senado. Porque si Vox ha sacado 24, son cerca de 50 diputados y casi 100 senadores los que ha arrebatado con su voto inútil al campo de la derecha. Pero vamos, que eso a Abascal y Ortega les parece ya no Covadonga sino las navas de Tolosa. Vamos que si están ellos en el ala derecha, allí ganan los moros.
El PP ha sufrido una derrota terrible, que puede tener consecuencia trascendentales para el liderazgo de la derecha. Ciudadanos les echa el aliento en la nuca, a menos de 250.000 votos y de un punto y habiéndoles pasado dado el sorpasso, amen del ya descontado en Cataluña, en Madrid, Aragón y Andalucía, lo que deja las espadas en el aire y la hegemonía en cuestión a falta de la nueva cita con las urnas en las municipales, autonómicas y europeas de dentro de un mes escaso.
Pablo Casado salvó con sorpresa y premio gordo las autonómicas andaluzas, pero ahora tiene pelota de partido en contra y está muy seriamente tocado. Ha cosechado el peor descalabro de la historia del PP, superando incluso en la hecatombe, los peores augurios.
Está por ver cual va a ser la reacción del electorado, ese que lo ha cogido en bocadillo y le ha pegado bocados desde ambos lados, desde el centro naranja y la derecha voceras. Desde luego por el lado de Rivera van a ir a por todas y ahora se ve con claridad su estrategia, que ha sido, sin duda exitosa, de disputar el liderazgo y hacerse con la cabecera de la oposición. La incógnita es por el lado de quienes han votado a Vox y a poco que desbrocen las exaltadas proclamas triunfales de los resultados obtenidos, donde han ido a parar y a quien ha beneficiado su voto decidan esta vez a quien se lo otorgan.
Porque a nada que se paren a pensarlo se darán cuenta que en muchas ocasiones a quien su voto perdido ha beneficiado ha sido dos terceras partes a Sánchez y el otro tercio a Rivera. A los escaños me remito.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
