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A Fondo

La eliminación de la libertad personal y social en las democracias liberales

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Por José Martín Brocos Fernández (R).- La democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social.

1. La absolutización de la democracia

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En política, la absolutización de la democracia liberal partitocrática como forma de gobierno, y como su consecuencia lógica lo que en época presente se ha dado en llamar la república procedimental, en la que los valores se generan en esferas que escapan al control del pueblo, conlleva la pretensión de extensión a todos los estamentos sociales e instituciones del modelo, las reglas y la praxis democrática, siempre en su vertiente liberal. Las instituciones no regidas por reglas puramente democráticas, son consideradas caducas, propias de tiempos ya periclitados, y deben amoldarse a la democracia como forma de gobierno institucional e universalmente institucionalizada. Esta uniformidad democrática de la sociedad civil e instituciones sociales, culturales y económicas, no es buena para la libertad ya que cuando todo es democracia nos encontramos más cerca de la dictadura que de otra cosa.

De suerte que ampliando la intervención de los políticos o de las reglas de la democracia a la diversidad de instituciones, entendiendo institución como término genérico que agrupa todo el cuerpo asociativo de asociaciones, bien comunidades naturales o asociaciones libres, corporaciones, fundaciones, patronatos, etc., se consigue, por un lado, apropiarse de todo el espectro social, participar de todo el entramado que genera actividad y por otro sofocar la libertad de la propia sociedad civil, dirigiéndola, manipulándola, maniatándola e interviniéndola.

Se ha llegado hasta la identificación mimética de la democracia liberal con el progreso humano y social, y con el bien común integral, inmanente y trascendente, de la persona, la familia y la sociedad. Es más, la democracia liberal forma parte ya de la idiosincrasia del hombre ilustrado y moderno, ergo, es bueno.

Pero la democracia liberal partitocrática únicamente es una forma de gobierno donde el factor cuantitativo prima siempre sobre lo cualitativo, la masa sobre lo egregio, la mediocridad por encima de lo superior y excelso. Así, la absolutización global de la democracia, conduce a la deriva natural en la dictadura de la mayoría, y a la eliminación de la libertad personal y social. Y todo ello por propia dinámica degenerativa de la democracia liberal encamina a la crisis del sistema. Las naturales consecuencias del sistema liberal, siempre disolvente, parecen sucederse en los últimos decenios a un ritmo cada vez más rápido: decadencia moral sin precedentes, quiebra del Estado de Derecho y la disgregación social.

El resquebrajamiento del sistema deriva tanto de la crisis de los partidos, como de las ideologías germinadas tras la revolución francesa, que se diluyen. La partitocracia es el cáncer de la democracia. Asfixia la representatividad popular y se confunde mimetizándose en el propio Estado por la extensa y tupida red de intereses creados. Las crisis de los partidos en la actualidad derivan bien hacia el totalitarismo hegemónico camuflado jurídica, educativa, e informativamente de hiperdemocracia liberal, o bien hacia el indigenismo etnocéntrico populista, que trata de sustituir al mismo sistema, pero que se quedan en meras democracias formales que igualmente degeneran en totalitarismo, y que tiene como rasgos definitorios el chovinismo acrítico extremo, la desvinculación de la cultura occidental y el racismo en su genuina definición racial.

La fe religiosa, antaño forjadora de civilizaciones e Imperios, ha sido globalmente sustituida por una superstición ciega en las posibilidades de sistema democrático. La sacralización de la democracia, números más estadísticas asentadas en la probabilidad y que sirven para el control social, contribuye a desvirtuarla.

La democracia es la nueva religión cívica con visos de universalidad monopolizando lo políticamente correcto, tanto en enjuiciamiento de la realidad que debe pasar el tamiz democrático, siempre en su vertiente liberal, como la globalidad del proyecto y su extensión a todos los campos de la convivencia social, para toda clase de asuntos e instituciones, para todos los pueblos y naciones del mundo, y de manera permanente y definitiva.

2. El secuestro de la democracia por los mainstream

La opinión pública no existe. Simplemente es creada, conformada y dirigida en cada momento por los medios de comunicación en base a intereses casi siempre inconfesados y no conformes con el bien común. Dentro de los medios de comunicación, la televisión es, sin duda, el instrumento más eficaz para llegar a inculcar reflejos condicionados en la mayoría de la gente (…). Y así se va formando una masa sometida al embrutecimiento cotidiano de los media, acostumbrada a reaccionar pasionalmente, sin el menor espíritu crítico, plenamente sumisa a todo tipo de manipulaciones. Se pretende expresar y seguir la opinión, cuando en realidad ella ha sido fabricada por los media.

De ahí la sólida alianza, traducida en estrechas imbricaciones, que el poder político mantiene con los medios de comunicación por medio de un complejo entramado de influencias, dependencias, y mecanismos para asegurarse el apoyo mutuo: publicidad institucional, subvenciones a fondo perdido o concesión de licencias.

La democracia no existe. Ha sido secuestrada y sustituida por una partitocracia, que es la que nos rige y gobierna. El poder, desequilibrado y sin control, es ejercido por los partidos políticos, dos o tres a lo sumo, máquinas férreas de control al servicio del mantenimiento del establishment, y por los medios de comunicación comprados o silenciados que ejercen un poder omnímodo en la modelación de la masa social; masa integrada por el hombre del siglo XXI, un hombre mayoritariamente débil, inconstante, voluble, superficial, volcado hacia lo exterior, pusilánime y presuntuoso de si mismo y de sus propias fuerzas, lo que le ofusca e impide ser consciente de la espiral hacia una profunda sima en la que se encuentra inmerso, donde no hay más que vacío, desesperación y soledad.

La libertad de elección en las urnas en democracia no existe. Hace años que asistimos a un monumental y generalizado engaño, nos venden que somos libres y que podemos decidir nuestro destino. El sistema ha engullido la libertad y convertido ésta en una quimera. La plutocracia empresarial-financiera y sus redes tejidas y superpuestas con el poder mediático y el poder político deciden, por lo menos en sus líneas generales y siempre en consonancia con poderosas organizaciones supranacionales, cómo se ha de vivir, qué tenemos que pensar, y cómo debemos actuar. El ciudadano-masa ha perdido su participación y el dominio del sistema. Se ha convertido en su rehén y paradójicamente en su principal defensor, explicable por el lavado de cerebro ideológico a que está siendo sometido a hora y deshora.

3. La educación en la democracia

La propia democracia liberal es caldo de cultivo de la mediocridad, preteriendo un injusto igualitarismo social sobre la exaltación de lo virtuoso, lo noble y lo excelso. De tal modo que en nuestra sociedad se han ido paulatinamente perdiendo valores como el sentido trascendente de la vida, del honor, de la honra, del espíritu de servicio, del sacrificio y de la disciplina. Ideales como heroísmo, santidad, generosidad, renuncia, compromiso y militancia, antaño transmitidos de generación en generación, hoy yacen arrumbados y semejan como pura utopía.

Se educa sin sentido del límite, con una inicial tolerancia del mal, en su vertiente ética, que por su propia dinámica, inserta en la naturaleza humana inclinada al mal y siempre tendente a los honores y a los placeres, degenera en permisividad moral y de ahí pronto esa tendencia o comportamiento que constituye intrínsecamente un desorden antinatural es planteada como un derecho exigiéndose su ratificación legal; finalmente acaba viéndose como un derecho, un bien conseguido democráticamente, y objeto de protección jurídica, v.gr. aborto, homosexualidad, divorcio o eutanasia.

Esta educación permisiva, sin referentes en la defensa del orden natural y sobre la base del mecanicismo y pragmatismo filosófico, y del totalitarismo relativista axiológico, excepto los valores inherentes a la propia democracia liberal que sobre éstos no cabe disenso posible, conduce a una mentalidad hedonista que cifra el placer y bienestar como fin supremo, y a una cultura vital del consumo desaforado. La afectividad y el sentimiento fundamentan las relaciones familiares y matrimoniales por encima del amor sacrificado y gozoso, que se desvanece, al igual que el esfuerzo y la perseverancia de la lista de virtudes que procuramos cultivar.

La libertad se concibe, y defiende jurídicamente, como la pura autonomía sin ningún tipo de limitación a lo que agrada o se apetece. La libertad propuesta es una libertad alienante, -puesto que la verdadera liberación del hombre es de su miseria moral,- vigilada y encauzada hacia modelos de vida presentados como exitosos por la máquina propagandística y publicitaria de las grandes empresas de la comunicación y del ocio, a la par que imbuidos educativamente desde una ética laica anclada en un pensamiento racionalista y en el naturalismo pedagógico, tendente al laicismo radical; y defendidos y propagados desde un derecho que rota su vinculación con el orden moral objetivo, niega el conocimiento jurídico como saber prestatario de los grandes principios axiológicos de validez universal e inmutable que debe ser el fin último de la ley, e informando socialmente comportamientos negativos moralmente dañinos y destructores de la persona y del bien común. Nos encontramos con la derivación totalitaria de la democracia liberal.

Configuramos así las sociedades light, donde descuella lo huero, lo fútil, imponiéndose el facilismo. El problema es que este hombre light, dócil, con actitud pasiva e indolente, hijo y engendro de la democracia liberal ilustrada, interesa al poder mundial, de ahí el dominio directo que se pretende ejercer sobre la educación de la persona, violando tanto la libertad de educación como la propia patria potestad, con el adoctrinamiento obligatorio de los menores en un modelo ético-moral enrejado en el relativismo axiológico, axioma éste absolutista, en la moral de situación, y en la permisividad sexual. La intervención estatalizadora de la educación, cada vez más en aumento, es uno de los métodos que los diversos totalitarismos, entre ellos el democrático, emplean para el control de la sociedad y para el desarrollo de sus futuras masas borreguiles y amodorradas, que no pueblo.

Así las escuelas trasmiten cultura y valores y pueden canalizar a los niños hacia diversos papeles sociales. Contribuyen a mantener el orden social [neutralizando las revoluciones]. Es difícil concebir la eliminación de la escuela en la distribución de papeles sin cambios en la misma estructura económica y social. Las escuelas tienen que ayudar a convencer a los niños o reforzar su creencia de que el sistema es básicamente sano y el papel que les ha asignado [de perpetuar la estructura social,] es el que deben desempeñar. Mediante esa “colonización”, la sociedad evita tener que redistribuir los aumentos del producto nacional y reduce la necesidad de reprimir directamente al populacho (…) reformar las escuelas para que se enseñara a los niños a interiorizar la autoridad externa y convertirse en individuos que seguirían las reglas.

El Estado fabrica la masa social entrando directamente en competencias, antes exclusivo de los padres, como la formación de la personalidad en planos como el sexual, emocional, moral, espiritual o religioso, cara a una uniformización del ciudadano, siempre manipulable y dócil al poder. Creación de las masas favorecido por la cosmovisión dominante ofrecida por los medios de comunicación, servidores, mantenedores y beneficiarios del sistema, a los cuales sólo importa los criterios empresariales de supervivencia en el tiempo y rentabilidad, y por una concepción laicista de la política, la única que tiene cabida real en una democracia liberal, según la cual tanto el orden social como el derecho son totalmente independientes del orden moral.

Para la creación de la masa y su embrutecimiento gradual debe destruirse las estructuras que vertebran la sociedad y para ello es necesario demoler los principios que garantizan su cohesión y armonía; debe, por tanto, conquerirse un adoctrinamiento del pensamiento único, una programación educativa radicalmente inmanentista, librepensadora, para borrar del entendimiento toda huella de Dios y minar la prosperidad espiritual y moral del hombre, e implantar en las conciencias ideas tan erróneas y dañinas que degradando al hombre lo alienen de su más profunda realidad, dedicándose tan sólo a satisfacer las primitivas necesidades del hombre animal.

En el fondo subyace una negativa al propio conocimiento y combate interior que deriva de la ausencia de valores espirituales y la falta de un sentido pleno de propia vida.

La libertad, el bienestar y la grandeza de un Estado están en razón directa al desarrollo del bien común trascendente, que tiene presente la moral de sus hombres y que “depende del cultivo y exquisitez de la vivencia axiológica. En este sentido el bien común no coincide con el interés general, público o político, dice referencia al bien integral de la persona, de la familia y de la sociedad; y éste exige una firme y sólida instrucción y educación religiosa.

4. La destrucción de la justicia y la prevaricación de los encargados de hacerla

Empecemos por definir conceptos. Cuando hablamos de ley positiva, derecho positivo u ordenamiento jurídico positivo quiere decir que está plasmado en un código estatal vigente. Aquí positivo no se contrapone a negativo, sino que es factible, que se puede hacer; lisa y llanamente que es una ley emanada por los órganos competentes del Estado y como tal, es legal.

Por ley natural, según definición clásica tomista, entendemos “la concepción naturalmente ínsita en el hombre, por la cual se dirige éste a obrar de modo conveniente en sus acciones propias” determinando lo bueno y lo malo. El derecho natural, que es la misma ley natural en cuanto regula las relaciones interhumanas, se funda en la misma naturaleza de la persona, en su doble dimensión cognoscitiva y volitiva. V. gr. el hombre, por su naturaleza, está connaturalmente propenso a conservar y prolongar su vida, y de ahí nace el derecho a la vida y a la legítima defensa de la misma, así como el derecho a proveerse de los medios de subsistencia; el hombre, también por su naturaleza, está esencialmente inclinado a la propagación y conservación de su especie, y de ahí nace el derecho al matrimonio, y a la crianza y educación de los hijos.

El ius humanum es lo que tradicionalmente, en la época medieval se denominó como derecho de gentes, y que constituye el antecedente de los modernos derechos del hombre, que no brotan de la nada. En un principio los derechos humanos surgen como aplicación de esa moral objetiva, de esa ley natural, al funcionamiento del ser humano, para ir progresivamente trasmutando tras la revolución francesa a una visión más antropocéntrica y racionalista de los mismos, a la par que se produce la ruptura del derecho y de la moral, del derecho positivo con la naturaleza de la persona.

La concepción moderna y contemporánea del derecho se fundamenta principalmente en el consenso de las mayorías o en el subjetivismo irracionalista del gobernante de turno. El ius naturale asentado filosóficamente en el realismo metafísico y ético deja de orientar al derecho positivo, y la justicia ya no es una categoría moral donde prima las ideas de verdad y de bien a la luz de las eternas verdades que subyacen en el modo del ser y del obrar, sino una categoría meramente jurídica.

El derecho pasa a convertirse así un poderoso instrumento de reingeniería social con la finalidad de favorecer, plasmar y asentar en la sociedad los comportamientos y actitudes que los poderes dominantes deciden arbitrariamente para constituir conceptualmente el orden jurídico. De forma que nos encontramos en la práctica un Estado dictatorial, que figura una democracia, pero en realidad es una tiranía legal controlada directamente, y recíprocamente sometida, por los poderes ejecutivo y legislativo-parlamentario, y de forma indirecta por el poder judicial, el económico y el informativo.

El derecho se vuelve corruptor y disuelve la sociedad, tanto respecto a su fin, que es la perfección de la sociedad, como a sus elementos esenciales ya que el fundar el poder sobre la autoridad social, que consiste en la suma del número y fuerzas materiales, es carecer de fundamento, que ha de ser moral, o sea la ley natural, de la que todas las leyes han de ser su proclamación o determinación.

Surgen de esta guisa nuevos derechos humanos fundamentales consensuados, cuando no tiránicamente impuestos desde los núcleos de poder al vulgo, al que previamente se ha adoctrinado ideológicamente a través de los mass media y de la educación. Son derechos sin arraigo en la índole propia del hombre, exponente y exacerbación del positivismo jurídico, en el que sólo valen las normas emanadas del Parlamento y no existen principios universales de justicia; derechos como aborto, eutanasia, infanticidio, ideología de género, matrimonio homosexual, multiculturalismo, o a la libertad sexual, ergo, sexo animal sin compromiso. La democracia no sólo consagra estos nuevos derechos humanos laicos y democráticos, al servicio del poder y quien lo detenta, sino que los unilateralmente los publicita e impone coactivamente desde las Naciones Unidas. La realidad es que vivimos en una cada vez más férrea dictadura silenciosa, muy peligrosa, porque no se ve, y cuyas principales fuerzas que la dirigen se mueven entre bambalinas.

El problema se ve agravado por una doble perversión. Por un lado el mayor problema radica cuando a través de estos derechos inexistentes, denominados de tercera generación, se tamiza y reinterpreta perversamente los llamados derechos de primera generación, pilares de la convivencia civil, modificando así su sentido y extensión originaria, de tal forma que podemos aseverar que los derechos de primera generación han dejado de existir; y por otro lado, se disuelven conceptualmente los prístinos conceptos jurídicos a fuerza de definiciones legales e introduciendo anfibologías en los propios términos que se asientan en lo contrario que dice que garante.

Estos derechos de nueva generación transmutados y entronizados en leyes, leyes asumidas, sustentadas, defendidas, propagadas e impuestas por la agenda globalista de la ONU, y utilizadas para implantar estatalmente un sistema centralizador e intervencionista, haciendo pedagogía y difusión de la ideología de género, y para adoctrinar instrumentalizando el sistema educativo con una visión mecanicista y utilitarista del hombre propia del materialismo darwiniano. De tal manera que en nombre de los derechos humanos se está eliminando la persona y destruyendo la humanidad. La ONU se ha convertido en depredadora de aquello para lo que fue creado: los derechos humanos.

La crisis de libertades actual va pareja a la de los derechos humanos, que son previos al orden político. Hay una restricción de la libertad a nivel personal y a nivel social fruto de la concepción de libertad irrestricta desligada de la ley moral natural y de la verdad objetiva sobre la misma persona humana, lo que deriva en la imposibilidad de cimentar los derechos de la persona sobre un firme asiento racional, y la misma imposibilidad de gestación y cimentación de un ordenamiento jurídico intrínsecamente justo, porque es la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios y en unidad de alma y cuerpo, el fundamento y el fin de la vida socio-política, a la que el derecho, desde los postulados dictados por la recta ratio, debe servir.

El respeto y acatamiento a la ley moral natural camina paralelo a la instauración de un orden social justo y a la plenitud de la libertad humana. Una noción puramente subjetiva del derecho separada de la referencia a la verdad de la naturaleza humana, cerrada a su dimensión trascendente, subvierte los principios morales básicos del orden social, deslegitima en la medida que lo haga al propio derecho positivo, y convierte la libertad en imposible al contravenir el orden natural. Así las democracias liberales actuales, ancladas en la dictadura partitocrática del Estado liberal de puro derecho positivo, corrompen moralmente por el inherente deterioro espiritual y la elevación del relativismo ético a punto de referencia de la propia democracia, acabando con la verdadera libertad y desembocando de facto en el totalitarismo y la tiranía de los partidos políticos en tanto pueden decidir sobre lo fundamental e intangible afirmando en funesta utopía naturalista que el hombre y la sociedad pueden prescindir de la Verdad revelada, del Derecho natural y de la Moral objetiva; preconizando, en definitiva, un antiteísmo frontal y formal.

Uno de los aspectos más serios de la situación histórica actual, es la mengua de respeto hacia los valores esenciales que rigen la vida humana.

5. La destrucción programada de las bases de la sociedad. La batalla decisiva

Los ataques son a los pilares de la sociedad, de la persona y de la convivencia social: al matrimonio, a la familia, a la sexualidad, a la cultura, a la religión y a la patria.

5.1. Ataque al Matrimonio

El matrimonio, unión indisoluble hasta la muerte de un hombre y una mujer, aceptando como un don los hijos que Dios mande, es la fórmula insustituible para la familia, célula básica de nuestra sociedad, que hay que proteger para que se salvaguarde nuestra civilización, y que no puede ser alterada ni cambiada sin poner en serio peligro todo el entramado social y moral de la nación.

La buena salud del matrimonio es determinante para el bien común de los pueblos. A nivel global, aunque a diferentes velocidades, constatamos una disolución conceptual, la primigenia se produce con la ley del divorcio, llevándose a su paroxismo con el divorcio express que conduce a la banalización de la institución del matrimonio, para proseguir su disolución a base de definiciones y artificios legales, como el abuso de derecho y referido al cambio de régimen jurídico, de la institución de derecho natural que es el matrimonio. Al recoger en un concepto varias realidades legales heterogéneas, lo desvirtuamos falsificándolo legalmente, lo desvalorizamos, lo convertimos en etéreo y subjetivo, y corrompemos la propia institución del matrimonio.

Coadyuvante a esta desnaturalización del matrimonio tenemos la implementación transversal de la ideología de género, sustentada y propagada desde agencias de la ONU.

5.2. Ataque a la familia

La unidad de la familia es libre, voluntaria y la raíz de toda organización social, económica, cultural o política, desde el comienzo de la historia. La recta familia, fundada por hombre y mujer en el ámbito del matrimonio y con vocación de permanencia y procreación, es igualmente el parapeto de la persona frente a la violencia social y el lugar natural donde los hijos pueden alcanzar su plena madurez humana y espiritual.

El ataque a tumba abierta contra la familia responde a una oscura estrategia externa programada desde poderosas instancias multilaterales de cuño masónico en abyecto servilismo al mundialismo, y cuyos objetivos son coincidentes en la eliminación de la persona y la deconstrucción de la familia, que en la práctica supone su aniquilación al desvirtuar su misión, función y fines, y que pasa: a nivel jurídico, por su paulatina desnaturalización y disgregación mediante la subversiva legislación moral en el campo de la familia implantando el divorcio, suplantando el favor iuris por la neutralidad sofística, igualando en injusta extensión de derechos la familia a las más variopintas coyundas, subvirtiendo el principio de subsidiaridad, penando social e impositivamente las familias numerosas, y legislando permisivamente el asesinato intrauterino; a nivel económico, por la comprensión del hombre y de la familia como instancias esencialmente económicas que hay que conquistar, de ahí la cosificación capitalista-utilitarista del hombre, homo faber, hecho para producir, o homo consumiens, para poseer y consumir bienes materiales, mercantilizando incluso el propio cuerpo humano, v.gr. con la pura eugenesia prenatal; a nivel ético, la crisis viene por la prevalencia del materialismo, la obsesión por el dinero, que hace que se valore más el tener que la persona, y tiene como resultado el vacío e insatisfacción que produce concebir la felicidad como posesión y comodidad, el frenesí de la productividad que absorbe la vida y en realidad convierte los hogares en pensiones, y los consiguientes desequilibrios afectivos entre los propios esposos y en los hijos, que sufren la incomunicación y la marginación; a nivel cultural, la hegemonía del relativismo ético que impregna la cultura actual, que tiene efecto boomerang tanto en la permisividad educativa de los padres como en la mentalidad hedonista, la ausencia de espíritu de sacrificio y la incapacidad para adquirir y mantener compromisos; a nivel educativo, por la deseducación continua y despersonalizadora transmitida a través de planes de estudio obligatorios transidos, en clara violación de la patria potestad, de adoctrinamiento ideológico y aborregamiento colectivo por su anclaje en el absolutismo laicista y en el naturalismo pedagógico, y por los medios de comunicación, por medio de los que se insta a los jóvenes a rebelarse contra la institución familiar, lo que socava el propio hogar familiar.

¿Ustedes creen, por ejemplo, que las series de televisión son producto de la casualidad? Muy al contrario. Están perfectamente diseñadas para hacer del personal almas vacías, sin criterio, eternos adolescentes consentidos. Eso si, todo con buen humor. Los mensajes que se transmiten van socavando nuestra dignidad, en pro de una manipulación despreciable. La familia se tiene como una inquisición. Y como me decía un buen amigo, ¿ustedes han visto alguna vez que en dichas series los chavales estudien? Ni los verán. Todo queda en francachelas sexuales de todo tipo y condición.

El fruto de estas políticas conspiradoras, en definitiva el objetivo conquerido, no es otro que la crisis antropológica de la naturaleza de la persona desarraigada de su religación metafísica, la destrucción de la familia y su instrumentalización dentro una sociedad narcotizada racionalista tutelada por la velada dialéctica del egoísmo ególatra y la atomización.

5.3. Ataque a la sexualidad

Banalización de la sexualidad con agresivas políticas de “educación sexual” y “salud reproductiva”, traducido en román paladino como “sexo sin compromiso”; campañas que degradan y cosifican la persona humana, desvaloran su dignidad, incrementan en realidad el número de enfermedades de transmisión sexual, facilitan el acceso a anticonceptivos, la mayoría abortivos, y encierran el holocausto del aborto, quirúrgico y químico.

El maridaje de la iniciación sexual precoz y promiscua con la mentalidad anticonceptiva disfrazada de derecho humano embrutece a la sociedad reduciendo la vida sexual a un placer egoísta socialmente autodestructivo, e impidiendo a la persona crecer y madurar en el auténtico amor.

Por la mentada ideología de género, el sexo desligado de su dimensión personal unitaria pasa a convertirse en un producto cultural siendo “una realidad biológica indiferente y género una construcción social”.

Contribuye a la degradación de la sexualidad la difusión de un modelo de vida muy individualista y pragmático en la que el amor prácticamente reducido a la genitalidad se concibe como un negocio comerciándose con los afectos. Favorece potencialmente la reducción del sentido de la sexualidad la epidemia de erotismo inserta en la subcultura dominante que todo lo invade y difundida por doquier por los grandes conglomerados mediáticos.

La sexualidad debe integrarse en el cuerpo que tiene una forma esponsal, precisamente para ser dado, para vivir la vocación primordial de la persona al amor.

5.4. Ataque a la Cultura

La cultura, entendida genéricamente por tal las letras y las ciencias, las artes y la información, constituye expresión de un modo de acercamiento a Dios, al universo y a la propia realidad del hombre mismo, y a la vez el termómetro de la vida de un pueblo, de modo que la degradación cultural camina concomitante con la decadencia moral, y a la inversa, alcanzando la riada subversiva a la metamorfosis del orden socio-político-económico.

La misma obra de arte no es en absoluto aséptica, tiene un trasfondo, referencia, base y asiento en la cultura dominante. Eso significa que “toda realización artística tiene, en forma implícita o explícita, una concepción filosófica o antifilosófica, religiosa o antirreligiosa, o combinaciones de ambos extremos”.

La dictadura cultural existente tiene diversas caras, pero hay algunos denominadores comunes conexos: la masificación de la vulgaridad, la creación de una nueva cultura intramundana condicionante de la política, la decadencia de los lenguajes artísticos que naufragan en la ininteligibilidad de la subjetividad de lo privado y muchas veces con pretensiones de gnosis iniciática, y la soberbia pretensión de forjar una cosmogonía. Esta cultura desligada del cultivo de la interioridad apaga la vida interior de la persona, de forma que sutilmente limita su libertad por su desvinculación con la verdad, y siempre masificándola por someter a la razón a la preeminencia de los instintos inferiores.

Nos encontramos insertos en una tendencia a la globalización cultural, imponiendo el imperio de la homogeneización cultural y de la uniformidad identitaria conducente al mismo estilo de vida y al mismo modo de pensar, diluyendo las identidades nacionales e insertando a la persona en artificiales y voluntariosas superestructuras político-económicas globales, siempre funcional a la estrategia gramsciana y satélite de la aldea global, con la persona desarraigada y desprovista de un sentido de la vida trascendente que responda al hombre completo, no unidimensional.

La cultura consumista ofertada acaba por aniquilarse en su propio vacío, pero mientras tanto esas corrientes culturales subversivas, que mayormente crean, sostienen y difunden una cultura de masas que soslaya reiteradamente los aspectos morales y espirituales de la vida humana, utilizan la propia cultura para desintegrar la cultura de los maiores y como arma contra la educación y la familia. En la línea de la penetración constructivista del gramscismo cultural su finalidad pasa por la sistemática destrucción del orden objetivo del ser ocultando la dignidad espiritual del ser humano y su transmutación en una sociedad mecanicista y maquinal.

Si analizamos el arte, como paradigma de la cultura, vemos que los modelos pasados ligados a normas y a referencias sólidas para el horizonte del arte quedan arrumbados. Para el hombre postmoderno nada hay perenne en el mundo ni nuclear en el arte. Comprendemos entonces que el arte no es un compartimiento estanco que pueda analizarse separadamente de la historia, y que la evolución del arte como modo de interacción del hombre con lo circundante discurre paralelo a la evolución existencial del individuo. Así explicamos que “hasta el advenimiento de la edad moderna, el arte y los artistas siempre estuvieron imbuidos de una misión cuasi religiosa a la vez que moral y social, y el arte vivía en armonía con el orden espiritual y social”. La modernidad trajo la crisis del hombre y el arte, privado de toda función salvo la estética, ya “no surge de la virtud moral; no se pretende que salve almas”. Ahora el yo, en la soledad de un radical individualismo, es concebido como principio y como fin, pasando también a transmutarse el arte por el desmoronamiento de la realidad común como relación individual, y primero con el yo, de ahí que “la mística del arte moderno ha consistido siempre en que (…) no es un arte comprensible, salvo para una pequeña élite”. Un yo deshumanizado aprisionado en los límites del humanismo inmanentista se muestra confundido e incapaz de traspasar la barrera en que se halla sumido el arte moderno olvidándose “de algo importantísimo dentro de la función artística de todos los tiempos: salvar al hombre por elevación”.

En el ideologizado arte actual el individuo carente de imperativos morales objetivos, carece igualmente de esa visión de participación en una realidad trascendente y de con-creación redentora por los acaecimientos meramente humanos, el arte por ejemplo. Es el propio individuo en su finitud arrogante el que busca fervientemente la autodeificación, de ahí el constante abrazo de las vanguardias artísticas –v.gr. Modrian, Kandinsky o Malevich, o Julio Cortázar en literatura- a la gnosis, fundamentalmente teosófica, enclavada en Madame Blavatsky y en la filosofía ocultista de Ouspenski, en un intento de alcanzar por desvelamiento perfectivo en el yo la tradición primordial. El arte vanguardista es reflejo de su propia ruptura interior, de la índole solipsista que lo caracteriza y de la desazón vital, pareciendo que fuera arrastrado en una permanente revolución cósmica “cada vez más deprisa, a su pesar, hacia ese punto de ruptura como hacia una catarata sin fondo”.

Además de propugnar las delicuescentes vanguardias, -desde la carencia “de teorías consistentes sobre el conocimiento, o sobre la semántica, o sobre las condiciones que hacen viable la comunicación por medio de la palabra” -, la “muerte de su pasado, así como la toma de consciencia del papel decisivo del arte en el advenimiento de una nueva sociedad, de una nueva civilización”, pretende dentro del absurdo que la caracteriza y en su radical individualismo, que juntamente con “el antitradicionalismo son una misma fuerza psicológica”, la multiplicidad para la conciencia penetrada de un querer divinizarse inmortalizándose, dando entrada así tanto al degenerado narcisismo estético representado por la performance, como al voluntarismo nihilista de el arte por el arte con objetivo revolucionario, transgresor y transido de escepticismo. Pero el arte es siempre reflejo del amor humano, y el amor se encuentra relacionado estrechamente con el bien y la Verdad.

5.5. Ataque a la religión

Feministas de Femen arrojan agua bendita al presidente de la Conferencia Episcopal belga, un acto que, según las leyes españolas, sería considerado de "agresión" y no un delito de odio.

Feministas de Femen arrojan agua bendita al presidente de la Conferencia Episcopal belga, un acto que, según las leyes españolas, sería considerado de «agresión» y no un delito de odio.

Tras la progresiva exaltación antropocéntrica caracterizada en el ámbito religioso tanto por la reivindicación de una radical libertad autonomía sin asumir la existencia de un orden de heteronomía y en connivencia con la soberbia intelectual del estrecho cientificismo y del feroz individualismo racionalista, como por el nomadismo y la subjetividad espiritual, y siempre presentando la religión de modo aceptable para el hombre moderno, [que] parece equivaler en la práctica a prescindir poco a poco de Dios, sustituyéndole por el hombre, hasta llegar a afirmar, como de hecho algunos hacen, que ‘la esencia de la religión es el servicio del hombre’”; entramos en una nueva era religiosa donde manteniéndose el primado de la subjetividad nos retrotraemos a una era paleolítica de divinización del cosmos entrelazada con el deseo y búsqueda de dominio y posesión del mundo y de las fuerzas de la naturaleza. Una religión neopagana civil y uniformizada, tiránica y totalizadora, sin dogma y sin moral, impuesta desde una tecnocracia global dirigida por los organismos multilaterales de la ONU. Esta nueva espiritualidad cósmica y arcaica con arquetipo en la filosofía panteísta de la Carta de la Tierra y la filantropía universal, vinculada directamente con el New Age, es más sinuosa, peligrosa y siniestra que las tres ideologías triunfantes en nuestra postmodernidad nihilista, el ateísmo marxista en el campo del pensamiento, el relativismo ético-cultural y el consumismo capitalista en lo económico, por cuanto disuelve plenamente el orden natural y destruye el orden objetivo del ser.

El presente laicismo integral de impronta y cuño masónico concuerda en fines con la Nueva Era, además de contribuir a su implantación, por cuanto en la práctica propugna un hombre autosuficiente y poderoso, olvidándose de que es criatura radicalmente dependiente de Dios.

5.6. Ataque a la Patria

La desintegración física, moral y espiritual de las Patrias es algo perfectamente planificado, estudiado al detalle y ejecutado con maestría. Sus fautores no actúan inocentemente, tienen la perfidia como norma de conducta.

Todos los ataques anteriores se encuentran entreverados y convergen en el ataque a la Patria y a la Religión. Tanto la unidad del matrimonio como la familia sólidamente constituida son expresión, y se encuentran en proporción directa, de la fortaleza y pujanza estatal. Y sensu contrario, la degradación personal va pareja a la degradación familiar y ésta en correlación al aumento de insania social, pues la unidad y armonía familiar, además de ser la escuela adecuada de desarrollo de virtudes naturales y sobrenaturales, y de su necesario efecto cauterizador, tiene resonancias saludables en los planos personal, familiar y social. La Fe Católica no sólo es expresión y reflejo del ser y sentir nacional, sino esencialmente configuradora de la esencia, misión y destino de España y la Hispanidad, que perpetúa la Cristiandad política, con respecto al mundo y que pasa por la defensa, conservación y propagación de la Fe Católica.

De ahí que la defensa de la Fe Católica y la restauración de la Patria en Cristo sea la forma más pura y plena de servir a la Patria. La impiedad masónica, por el contrario, es causa de indiferencia, desprecio y deslealtad a la Patria.

Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Badajoz)

Estatua de Hernán Cortés en Medellín (Badajoz)

La destrucción de la memoria es nuclear en esta guerra abierta contra la esencia de los pueblos. Blanco de este ataque son los principios genesíacos civilizadores en exigencia permanente en la verdadera expansión imperial de un orden de valores superiores, las gestas heroicas, y la desvinculación moral y espiritual de toda realización política; en definitiva, la tradición cristiana como la savia nutricia que ha configurado mayormente a lo largo de los siglos el ser nacional de España, de parte de Europa, y de Hispanoamérica.

La instauración del Gobierno Mundial sigue un plan perfectamente elaborado cuyas etapas son: paulatina desintegración de las naciones sustituidas por una superestructura jurídico-política netamente administrativa y ajena a ideales trascendentes configuradores y vertebradores de una misión y un destino capaz de elevar almas, y levantar personas aunando esfuerzos comunes en pro de su consecución; lenta pero progresiva desaparición de los ejércitos nacionales, por castración de las virtudes castrenses, de los valores patrios, por reducción drástica de capacidad operativa, y por su inserción en un supraejército mundial al servicio de intereses globalistas; debilitación extrema, de facto eliminación de la vida social, del cristianismo por constante inoculación del liberalismo descristianizando las naciones y orillando o pervirtiendo en todo momento a nivel religioso y educativo las ideas básicas de Dios, Patria y Justicia; y finalmente cesión de todos los poderes soberanos de las naciones a los grandes organismos supranacionales: ONU, FMI, UNESCO, UE … para dar el salto al Gobierno Único Mundial.

Del olvido que llevamos sobre nuestros hombros el fideicomiso de los santos, mártires y héroes que murieron por Dios y por la Patria en causa justa, de la deliberada omisión de la Tradición, la Fe y la memoria edificante del combate de los mejores, de la pérdida de los valores cristianos, surge la hecatombe, la destrucción del matrimonio, de la familia y de toda la sociedad con el divorcio, el aborto, las leyes contra-natura y la perversión cultural y educativa que conduce a la anomia social, la atonía civil, al crecimiento de los factores de insolidaridad en el orden social y al general agostamiento de la caridad.

6. La universalización de la democracia liberal como preludio del Anticristo

Lo sostiene nada menos que Castellani, Doctor Sacro Universal, cun licentia ubique docendi, que escribe que la democracia liberal es una herejía que posiblemente preludie el anticristo.

El democratismo liberal, en el cual somos nacidos, uno puede considerarlo como una herejía, pero también por suerte como un carnaval o payasada: con eso uno se libra de llorar demasiado, aunque tampoco le es lícito reír mucho. Ahora está entre nosotros en su desarrollo último, y una especie de gozo maligno es la tentación del pensador, que ve cumplirse todas sus predicciones, y desenvolverse por orden casi automático todos los preanuncios de los profetas y sabios antiguos que, empezando por Aristóteles, lo vieron venir y lo miraron acabar … como está acabando entre nosotros. De suyo debería morir, si la humanidad debe seguir viviendo; pero no se excluye la posibilidad que siga existiendo y aun se refuerce nefastamente, si es que la humanidad debiera morir pronto, conforme el dogma cristiano. Más eso no será sino respaldado por una religión, sacado a la luz el fermento religioso que encierra en sí, y que lo hace estrictamente una herejía cristiana: la última herejía quizás, preñada del Anticristo.

El férreo ensamblaje del liberalismo partitocrático con la masonería y su ligazón con el Anticristo aparece también en textos magisteriales de primer orden.

Todo español, pero principalmente la juventud, debe saber que Catolicismo y Masonería son términos que se contradicen y excluyen absolutamente, como el Cristo y el Anticristo. Y también debe saber que el liberalismo o laicismo, en todas sus formas, constituyen la expresión ideológica propia de la masonería.

Poco importa que muchos liberales no sean masones; hay instrumentos lúcidos e instrumentos ciegos. Lo importante es que unos y otros colaboran objetivamente en la destrucción de la Iglesia de Cristo y del orden católico de la República.

El sistema político actual en que todo se decide por mayoría, sin dejar nada al amparo de los juicios de esta, por otra parte tan manipulable, nos lleva, consciente o inconscientemente, a pensar que la razón y el futuro están del lado de la mayoría. Y puede que en algún caso sea así, pero no necesariamente: la única vez que Cristo fue presentado a unas elecciones democráticas las perdió. “¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús al que llaman Cristo?” Y la mayoría abrumadora pidió el indulto de Barrabás y la condena a muerte de Jesús. Ni la razón ni el futuro estaban del lado de la mayoría.

Los errores del liberalismo político tienen su génesis en dos negaciones supremas conducentes ambas a la negación de la verdad y de la índole propia de la libertad verdadera: “una relativa a Dios, y otra, relativa al hombre”: el deísmo y el naturalismo roussouniano. Bajo la férula de los subversivos principios liberales globalmente impuestos caminamos al Estado homogéneo universal destructor de las tradiciones y los cuerpos orgánicos sociales, consolidando los avances de la revolución.

Uno de los rasgos de de la presente guerra revolucionaria desencadenada a nivel mundial contra las patrias para erigir un supragobierno mundial masónico es la renuncia, el menosprecio a la ocupación del terreno físico, procurándose la ocupación mediante la corrupción ideológica y moral y la propaganda psicológica refinada de los dirigentes enemigos, lográndose así la inoperancia efectiva por deserción de deberes o corrupción. Frente a la minoría irreductible, un tanto por cierto minoritario de mentes que no dejan colonizar, la táctica es directa: terrorismo y chantaje.

Paso obligado para el cumplimiento de este sueño del gobierno mundial es la globalización, ergo la unificación a escala mundial de la economía, las finanzas, la política y la cultura; globalización que responde a un proceso de colonización ideológico en su vertiente liberal, y cuyos fautores visibles principales son la ONU y el G7. Los denominados alter-globalizadores de inspiración troskista y apátridas por esencia, convergen en la necesidad de la globalización aunque discrepan de su giro neoliberal. Pero en el fondo el resultado es el mismo y pasa por la supresión de las patrias, arruinando su concepto y desligándolo de la religión, la supresión de los ejércitos, y la supresión de las creencias, en particular el cristianismo, que no quiere decir adscripción a lo ateo, sino la sustitución de la creencia objetiva configuradora en lo íntimo y social de la persona por un vago evolucionismo cósmico y subjetivo, confesional de la tradición primordial. Así este supergobierno mundial postula continuamente e impone la democracia liberal como modelo de bien supremo, el relativismo ético inseparable a la democracia liberal como axioma indiscutible y verdad paradigmática, y el hedonismo como correlato vital del escepticismo sistemático y esquizoide, en gran medida derivado del relativismo ético, y de la ausencia de valores superiores dignos por sí mismos de ser buscados.

La soberanía parlamentaria, afirmada y sustentada en el imperio democrático de la ley, instituye y constituye el más grande de los totalitarismos que jamás haya existido en la historia. La democracia liberal partitocrática se ha mostrado como el instrumento más eficaz para corromper la sociedad, paganizar los pueblos, deshumanizar y destruir la persona humana, y aniquilar la civilización cristiana.

Vivimos un terrorismo democrático sustentado en el montaje de supuesto pluralismo, libertad, legalidad y derechos humanos. Este totalitarismo iluminista fundado en un laicismo radical crea a través de sus instrumentos operativos, medios de comunicación social, educación y positivismo jurídico en el derecho, una sosegada tiranía consensuada, y que para más inri, ignorante de su lacaya servidumbre se mantiene con el aplauso de las almas sibilinamente persuadidas y convencidas, no soliviantadas. Como en “La guerra de las galaxias”: Así termina la libertad, con una sonora ovación.

La dictadura mundial liberal auspiciada por los poderes fácticos visibles globalizadores, y por poderes ocultos, crea a una sociedad desestructurada, laica y nihilista, conforme sus intereses hegemónicos y de uniformidad social, mientras el vulgo mayoritario, necio por su propia definición e incapacitado para percibir su propia situación, se muestra convencido de alcanzar el paraíso de la plena libertad en la espléndida democracia. Pero ni el Evangelio, ni la Tradición, ni los Romanos Pontífices ponen su esperanza en la extensión universal de la democracia liberal a todas las naciones, sino en la restauración de éstas en Nuestro Señor Jesucristo. Y la realidad de la democracia liberal, en definitiva de expulsar a Dios de la vida pública y del ámbito privado, la muestra Joseph Ratzinger: “una sociedad en la que Dios está absolutamente ausente se autodestruye”. Marchamos así al suicidio lento, silencioso, progresivo e inexorable de nuestra civilización.

Ver video: «Simiocracia», de Aleix Saló.


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Internacional

¡MUY GRAVE! El COVID-19 ES UN ARMA, HA SIDO CREADO EN UN LABORATORIO Y TENEMOS LAS PRUEBAS: Documentos filtrados del Banco Mundial indican que el Covid fue creado en 2018 en laboratorios y que durará hasta el año 2025

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Informes filtrados del Banco Mundial indican que la propagación del Covid forma parte de un plan diseñado en 2018 y que se prolongará hasta 2025. De acuerdo a las mismas fuentes, el Banco Mundial previó la compra masiva de test en el año 2018, lo que reforzaría los argumentos de quienes sostienen que la pandemia surgió deliberadamente.

Según los informes, el virus surgió de la mezcla y selección de genes virales de murciélagos y cerdos. Entre 2016 y 2017, se identificó un coronavirus en los murciélagos de herradura y confirmó que fue el responsable de la muerte de unos 25.000 lechones en el país asiático, utilizados presumiblemente como cobayas.

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Entre 2016 y 2017, miles de cerdos recién nacidos en numerosas granjas de la provincia meridional de Guangdong empezaron a morir misteriosamente, padeciendo síntomas como diarrea y vómito.

En principio los investigadores sospecharon que el culpable era el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV, siglas en inglés), pero nuevos exámenes, basados en análisis genéticos, les permitieron comprobar que se trataba del SADS, o síndrome diarrea aguda porcina.

«Cuando pusimos este germen bajo el microscopio, confirmamos que era un virus nuevo de la misma familia del PEDV y el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo y Severo). Los murciélagos son reconocidos como depositarios de un gran número de patógenos, por lo tanto empezamos a rastrear el virus en muestras de murciélagos», dijo Shi Zhengli, un virólogo del Instituto de Virología de Wuhan, subordinado a la Academia de Ciencias de China.

De acuerdo con Shi, los investigadores recolectaron 591 muestras de murciélagos, mayoritariamente de aquellos de la familia de herradura, entre 2013 y 2016. De todas ellas, el 10 por ciento resultó positivo.

La investigación fue desarrollada de manera conjunta por científicos de China, Singapur y Estados Unidos, y los descubrimientos fueron publicados la semana pasada en la prestigiosa revista Nature.

«El estudio subraya la importancia de identificar la diversidad y la distribución de los coronavirus en los murciélagos para mitigar futuros brotes que podrían amenazar al ganado, la salud pública y el crecimiento económico», de acuerdo con los investigadores.

Los expertos manifestaron sentirse «aliviados» de comprobar que el virus no es transmisible a los seres humanos, después de examinar a los trabajadores que habían entrado en contacto con los cerdos contagiados en Guangdong.

«Muchas enfermedades infecciosas en los humanos, como el SARS, son de origen animal. Es posible que en el futuro el SADS se transmita de los murciélagos a los animales domésticos y, luego, de estos a los seres humanos», advirtió Ma Jingyun, investigador de la Universidad Agrícola del Sur de China, y uno de los coautores del artículo de investigación.

El trabajo fue una colaboración entre científicos de EcoHealth Alliance, Duke-NUS Medical School, Wuhan Institute of Virology y otras organizaciones, y fue financiado por el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas, un componente de los Institutos Nacionales de Salud.

Por consiguiente, la noticia ya no es tanto la conspiración en sí misma, sino que «alguien» ha filtrado esos documentos para que no quede ninguna duda de que nos hallamos ante una pandemia creada por el hombre, confirmando así los argumentos defendidos por militares franceses hace sólo unos días.

 

 

DOCUMENTO COMPLETO EN FORMATO PDF. PUEDE SER DESCARGADO. DEJE QUE CARGUE COMPLETAMENTE. SON 64 PÁGINAS.

 

 


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El despertar de la derecha española

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Por C.S. Fitzbottom.-

La derecha española lleva dormida, al menos, 56 años. Es mi teoría de filatélico. En 1964 hubo una extraordinaria emisión de sellos, conmemorando los XXV años de paz.

La guerra civil había concluido hacía casi una generación, y el régimen de Franco, en vez de su victoria, hablaba ya de lo construido en común, de reconciliación, con el mismo espíritu con el que se acababa de inaugurar apenas unos años antes el Valle de los Caídos, recogiendo los restos de las víctimas de uno y otro bando.

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Puede que de aquellos sellos arranque mi amor a España. Quizás por eso tenga más presente aquel aniversario. Puede que fuera antes o después. De lo que estoy seguro es que, a diferencia de la derecha británica o la francesa, la portuguesa o la italiana, la norteamericana o la japonesa, la derecha española está presa de un terrible complejo, que puede que esté concluyendo en esta extraña época de reclusión.

En las últimas elecciones, hace apenas unos meses, casi la mitad de los votos en España fueron ido a opciones de centro, centro-derecha y derecha; y casi la otra mitad, a partidos de centro-izquierda, izquierda y extrema izquierda. Curioso. Fue casi lo mismo en las anteriores. Y en las previas. Y en las de 1977. Y en las de 1936. Y siempre que se llamó a los españoles a votar en libertad. Casi igual que en el resto del mundo. Porque en todas partes la mitad de la población cree que es bueno que los que corren mejor la carrera tengan un premio y que el sistema se base en eso. Y la otra mitad cree que no se puede privilegiar a los hijos de los que corrieron mejor la anterior carrera, y que el sistema produce esas injusticias, que hay que corregir. Esa podría ser una simplificación de qué significa ser de derechas y de izquierdas. Existe esa discrepancia en todo el mundo. Peter Jordan tiene magníficas charlas y conferencias en YouTube que les recomiendo y que explican muy bien la cuestión. Para todo el mundo. Pero el caso de España es distinto. A mí al menos siempre me lo ha parecido.

La izquierda, desde su control de los medios de comunicación, imperante desde 1968 en todo el mundo, y en España desde 1977, ejerce una increíble supremacía moral. Las causas que defiende son siempre justas, sensatas, razonables, morales, superiores y llevan a una evolución imparable hacia un bien mayor. Para ellos, la derecha es lo que incomprensiblemente se opone a tanta bondad, y por tanto es injusta, insensata, irracional, hipócrita y un fósil del pasado. Si encima sus ideas las expresan personajes como Donald Trump, se explica por sí misma en su peligro intelectual y real. Esta es la doctrina oficial en todo Occidente, especialmente en Europa.

Pero no quiero hablar hoy de la derecha en el mundo, especialmente porque en el mundo anglosajón, no es la parte débil del debate, y aún hay muchos foros en los que la izquierda puede ver mostradas sus vergüenzas en público. El caso español, para cualquier observador extranjero, llama la atención como un raro espécimen. Y permítanme una brevísima excursión por la historia reciente de su país, a quien tanto quiero y admiro.

Después de más de sesenta años de turbulencias civiles, la derecha española decidió organizarse y moderarse para darle a España medio siglo de estabilidad, desde 1874 a 1923. La derecha española se avergonzó finalmente de la aventura militar de Marruecos y entendió el drama del problema obrero en las capitales y de los jornaleros del campo. La derecha dio una oportunidad a la modernidad en 1931, aceptando con optimismo una república, que se imponía a pesar de haber perdido las elecciones municipales, y cuyo control asumió una izquierda que desde el primer día atacó sus valores y decidió destruir todo cuanto la mayor parte de España consideraba importante.

Ardieron templos, se expropió –por tercera vez- a la Iglesia, se desmanteló el ejército, se vulneró la propiedad y se legisló una Constitución sectaria. Todo se aceptó. La derecha ganó las elecciones de 1933. El régimen republicano, la casta de entonces, se negó la permitirles el acceso al gobierno. La derecha lo aceptó. Y cuando ese gobierno no tuvo más remedio que incluir tres ministros del partido ganador de las elecciones libres –la CEDA-, entonces, en octubre de 1934, el PSOE, el PCE, la ERC, el PNV y los anarquistas –curioso, ¿les suenan esas siglas a los españoles de 2020?- se sublevaron violentamente, en un golpe de estado con ánimo de guerra civil, contra el gobierno legítimo y democrático de la república… ¡porque tenía tres ministros de derechas! En 1936, la derecha ganó las elecciones, pero la izquierda se hizo con el control del proceso electoral, y consecuentemente, del parlamento y después del gobierno. Ilegalmente nombraron a la mayoría diputados y con más ilegalidad aún, destituyeron al presidente de la república, Niceto Alcalá-Zamora. Ya lo había avisado el líder el PSOE, Largo Caballero, autoproclamado “el Lenin español”: “Si no ganamos el poder en las urnas, lo haremos en las calles”. Militantes socialistas y comunistas comenzaron a asesinar a vendedores de prensa de la oposición y a organizar grupos paramilitares.

El entrenador de uno de ellos, un conocido policía del PSOE, que había disparado sobre un falangista en una manifestación, fue asesinado en represalia en uno de los enfrentamientos callejeros que él alentaba. Sus compañeros, policías y guardias civiles del PSOE, salieron en venganza a matar al líder de la oposición. No encontraron al más votado, así que liquidaron al que más hablaba en el Congreso. Dos balazos en la cabeza acabaron con la vida de José Calvo Sotelo, como le había sentenciado Dolores Ibárruri unos días antes en el Congreso de los Diputados, cuando él había denunciado sus desmanes: “Es la última vez que hablas en esta cámara”.

Cuando se descubrió el cadáver del líder carismático de la oposición –como si hoy fuera el de Santiago Abascal- tirado en el cementerio, y se supo que se sabía pero que no se podía decir que habían sido oficiales de la policía, toda la derecha, la mitad de España, supo que tenía que pelear para sobrevivir. Luchar con la misma agresividad con la que había sido atacada en 1931, en 1934 y en ese mismo instante. Y comenzó la terrible guerra civil española. Ese conflicto tan intenso, tan terrible, tan inhumano y tan místico, que ha suscitado más libros escritos que la segunda guerra mundial. No fue una lucha entre democracia y fascismo, y sólo desde la ignorancia o el sectarismo más embustero se pueden contar las cosas de otra forma. Asesinaron los rojos, como venían haciendo, y ¡ay!, también asesinaron los azules.

Hubo misas de acción de gracias en plazas con el suelo aún lleno de sangre de los jornaleros recién fusilados. Se asesinó a maestros, a socialistas, a gentes bien intencionadas que creían en la república y en valores morales que veían tras ella. Y la “derecha”, que no es una doctrina, sino un forma de vivir, supo que había pecado. Era justo luchar por sobrevivir, y pareció un milagro de justicia ganar. Pero en 1945 se supo –no se sabía antes- que los aliados nazis habían sido aún más vesánicos que los comunistas. Y en 1950 aún se fusilaba o, peor aún, se mataba de miseria a los prisioneros en campos de concentración. Miguel Hernández no moría siquiera con la dignidad de Lorca, de un balazo en el pecho, sino en la indigencia, el hambre y el abandono sórdido de cárceles inmisericordes. La derecha supo que, en la victoria, había pecado.

Los veinticinco años de paz de 1964 parecían suficientes. Ya todos tenían o aspiraban al Seiscientos, al piso en propiedad, a las vacaciones de verano, al ventilador en el dormitorio y, por fin, la lavadora automática. La clase media fue igual para todos, y dejó de exigirse el certificado de adhesión al régimen para poder opositar a un puesto público. Ya, al fin, se dejaba de cargar a los hijos por los pecados de los padres. Y todo iba a mejor. Así fue también en 1965, y en todos los años siguientes.

La derecha se liberó de Franco, es la verdad. Sólo sus más adeptos aguantaban ya su cantinela con la masonería y el comunismo. La derecha quería Europa y democracia. ¿Cómo pedirles cuentas a Carrillo y a la Pasionaria de sus asesinatos en 1939? Perdón, reconciliación. Paso de página. Un régimen nuevo, un rey joven, elecciones, partidos, políticos nuevos, hombres guapos, como Suárez y González. Democracia, transición, progreso, Europa, mantras que todos los españoles aceptaban en común.

No fue exactamente como se soñaba. Y la derecha aguantó de todo. La ETA y sus mil asesinatos y sus decenas de miles de exiliados, huidos del País Vasco por la extorsión y el miedo. La expropiación de Rumasa. El laicismo del Estado y de sus medios de comunicación, copados por la izquierda. El permanente acoso amenazante a la Iglesia y sus colegios; la burla sistemática a sus creencias. La derecha se dedicó a sus estudios, sus negocios, sus empresas… y hubo una nueva oleada de bienestar económico y se renovó la promesa de la clase media española.

Pero ocurrieron Zapatero y Lehman Brothers. Un irresponsable, indocumentado y sectario, tras un misterioso asesinato colectivo –aún no ha sido explicado el atentado del 11 de marzo de 2004- llegó a la presidencia del gobierno hablando de una extraña “memoria histórica”, que más se parecía a las campañas de Goebbels o Lenin. Y una nueva crisis económica, en 2008, dio alas a una nueva izquierda, nueva en las personas, aunque con el mismo discurso de siempre y, curiosamente, con la misma aversión al gel de baño y al buen gusto.

Hubo cambio de caras en esos años. Hasta la del Rey cambió. Y nadie se dio cuenta de que muchas cosas estaban rotas. Esencialmente, los consensos de la Transición. Los comunistas, que habían “acogido de corazón” –dijo el Secretario General del PCE, Santiago Carrillo, el asesino de Paracuellos, en 1977- la bandera de España, volvían a ondear sólo la triste tricolor de la triste segunda república. Los socialistas, enfangados en una generación de corrupción, pensaban que la cura era controlar los medios de comunicación para que no se hablase de ello –y casi lo consiguieron-. Y la derecha… la derecha se identificó con unas únicas siglas, que, resignadamente, englobaban a conservadores, liberales y democristianos, y a las que votaban, con mayor resignación aún, los escasos nostálgicos del franquismo y todos aquellos, mayores aún en número, que simplemente no querían a la izquierda en el poder.

La verdad es que la derecha española -y ahora, déjenme que hable el extranjero- ella sabrá por qué, decidió, hace dos generaciones, vivir de prestado en su propio país, y considerar que su régimen político era propiedad moral de otros. Y ese préstamo, esa cesión, esa rendición, señoras y señores, ha llegado a su fin. La derecha española ha despertado.

La derecha española despierta por varias razones:

– Porque el Gobierno está formado por una coalición de comunistas y socialistas, apoyada parlamentariamente por secesionistas y filoterroristas, liderada por un Presidente que se presentó a las elecciones prometiendo que no haría precisamente ese pacto.

– Porque desde ese Gobierno, se amenaza a la propiedad privada, se insulta a la Iglesia, se cuestiona la patria potestad y se ataca a todas las instituciones básicas del Estado, desde el Rey hasta el Consejo General de Poder Judicial.

– Porque no es lógico que traten de gobernar España aquellos que sueñan con destruirla en vez de ofrecer un gran pacto nacional a la oposición, cuando ésta está dispuesta a aceptarlo.

– Porque esa alianza del señor Sánchez, contra su promesa electoral, con los enemigos declarados de España, hiere en sus sentimientos más íntimos a la mayoría de los propios votantes socialistas, que, no obstante, son los que más inermes quedan para expresar sus ideas políticas y su frustración con la situación actual.

– Porque la sensatez no tolera más pantomimas con esa falsa memoria histórica, que sólo es una falsificación sectaria de la historia real y un insulto a la voluntad de reconciliación que preside las relaciones reales y cotidianas de los españoles, desde antes incluso de la Transición, y afortunadamente, hasta nuestros días.

– Porque la violencia que sufren muchas mujeres, y las otras formas de violencia que se viven en los hogares, en todo el mundo, no caben ser encorsetadas en la manida ideología de género, y menos justificar el encarcelamiento sin pruebas y el fin de la presunción de inocencia y del habeas corpus.

– Porque del mismo modo que ese feminismo sectario, la izquierda ha tomado la bandera del animalismo y de las visiones apocalípticas del cambio climático, para desde la autoridad intelectual de personas que no sabrían diferenciar una vaca de un buey, imponer una nueva dictadura de pensamiento, que sólo busca dividir el mundo en buenos y malos, a decisión de los líderes totalitarios de esa rancia secta marxista.

– Porque la derecha, hace mucho tiempo que aceptó que, aunque uno crea en Dios y en lo que su Iglesia enseña, hay que respetar, como esa misma Iglesia manda, a aquellos que piensan distinto. Y esa derecha está cansada de esos nuevos dogmas feminazis, hembristas, animalistas, estatistas y antiempresariales, que pretenden ser enseñados obligatoriamente en las escuelas, como nueva religión laica y única verdad que todo el mundo tiene que aceptar.

– Porque la derecha se ha cansado de la burla impune y con el aplauso de los bufones televisivos, a costa de la religión, de la bandera, del Rey, de la patria, del himno, del ejército, de la Guardia Civil, de las tradiciones y de las creencias de los demás- Y que encima los detractores de ese “pensamiento” –por llamarle algo- único, tengan que sufrir las amenazas, los “escraches” y las exclusiones de los medios de comunicación que la izquierda impone.

– Porque da vergüenza el sectarismo izquierdista de la inmensa mayoría de esos medios de comunicación. Y la derecha está indignada de que sus líderes y prohombres sean incapaces de promover y sostener canales de televisión donde no se insulte su visión del mundo y se puedan contar las noticias desde su punto de vista también.

– Y porque la primera nación de Europa, que incorporó a la civilización cristiana occidental a medio mundo, no merece perecer en manos de analfabetos funcionales, que sólo quieren condenar a sus compatriotas a la miseria de Cuba y Venezuela y al control político de Corea del Norte, para que como allí, el líder carismático viva en mansiones pagadas con los impuestos que pretende controlar, como la vida de sus conciudadanos a los que antes ha hundido en la miseria.

Es muy posible que sin 29.000 muertos oficiales y posiblemente otros 20.000 ignorados, sin esa ocultación, sin tanta incompetencia, sin tantas mentiras, sin la sospecha de tantos robos, sin tanto sectarismo, sin tanta manipulación, sin tanta improvisación, sin tanta torpeza, y sin haber tenido a la gente encerrada durante dos meses, la derecha hubiera seguido dormida, conformándose como siempre con lo menos malo, resignándose a ser, como en los últimos cincuenta años, lo que sus enemigos de la izquierda habían decidido que eran: algo despreciable.

Pero la torpeza de la izquierda, esa que nace de la soberbia incontrolable, la ha hecho excederse y perder pie. Y ha despertado a la derecha. Que no parece que ahora tenga intención de volverse a dormir.

Bienvenida, España, a la normalidad democrática.


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Así manipula el canalla SOROS la educación mundial: ¡Ideología de género para todos!

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Por Javier Arias.

Ya hemos visto como ese proceso de destrucción, de las sociedades democráticas organizadas, pretende reducirnos a individuos aislados, sin raíces familiares, espirituales, nacionales, convirtiendo a las personas en masa informe, adicta y miedosa porque eso nos hace más manipulables.

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Ese proyecto, cuenta con el sustrato de un difuso pensamiento, supuestamente izquierdista, y los miles de tontos útiles que creen estar sirviendo a causas de liberación y bondad, cuando colaboran en un plan contra la humanidad y la libertad.

Hemos visto el esfuerzo ingente, por parte de los magnates, en la creación y financiación de miles de organizaciones, con lemas bienintencionados que sirven a sus intereses, a veces sin saberlo. Ese monto millonario encuentra eco en los miles de medios de comunicación y periodistas, financiados y serviles que ocultan y blanquean esos crímenes.

La educación es una parte esencial de la trama porque los individuos necesitan una estructura ideológica que les facilite integrar lo que sucede en sus vidas. Después del padre y la madre, la escuela es el primer vector de creencias, para la mayoría de la población. Al igual que con los medios de comunicación, hay un prejuicio positivo sobre la veracidad de lo que aprendes en la escuela.

Desde ese punto de partida, Soros y sus amigos, sus organizaciones y partidos, están condicionando nuestras escuelas en dos sentidos principales:

  • Por un lado, imponiendo a edades cada vez más tempranas su agenda de segmentación y división, centrada en la inclusión de las agendas LGTB y el pánico irracional que busca salvadores frente a amenazas que nos superan como el apocalipsis climático o las pandemias. Se sexualiza a los niños y su entorno, o se banalizan las drogas porque los adictos son más manejables, Al mismo tiempo se fomenta el desprecio y luego el odio al disidente, provocando su “muerte social”, o su expulsión del grupo.
  • Por otro, reduciendo la carga lectiva, despreciando hasta la eliminación el esfuerzo, el interés por aprender y el reconocimiento del saber. Su ideal es gente sin cultura, abandonada, cómoda en el rebaño y con envidia -que convierten en resentimiento frente al que destaca- haciendo todo lo posible porque se someta al montón. Las políticas educativas, de muchos países., ya han adoptado estos puntos de vista, con aprobados generales o planes de estudio adelgazados hasta el ridículo, la eliminación del valor de la memoria o la sustitución de la mente por el recurso a una máquina.

Universidades

Han hecho de las universidades otra de sus grandes bases de influencia. Ellas son, junto a los medios de comunicación y los aparatos culturales las grandes fábricas de ideas, de una sociedad como la nuestra. Por eso tienen que controlarlos.

Ya han encontrado decenas de facultades y cientos de departamentos lastrados por ese seudomarxismo de base, donde la influencia comunistoide todavía anima a muchos de nuestros “intelectuales”, incapaces de navegar por su cuenta. Algunos han hecho de sus problemas personales e incomodidades psicológicas materia de cátedra, con “estudios maricas” (que les gusta denominar Queer, por si les da una pátina de moda internacionalista) y desde la “perspectiva de género” que es trasladar el odio, de la fracasada lucha de clases, a las relaciones personales y a negar las realidades biológicas, en aras de que nadie pueda llamarte degenerado o enfermo mental, sin enfrentar el castigo al que disienta. El odio, la imposición de unas ideas y el aplastamiento de las demás, las están convirtiendo en leyes, en numerosos países.

George Soros anunciaba a principios de este año 2020- en el Foro Económico de Davos que patrocina él mismo- que donará 1.000 millones de dólares para crear una red mundial de universidades, a partir de la Universidad Centroeuropea (CEU) fundada por el magnate, inicialmente en Budapest y hoy en Viena ante los enfrentamientos con el gobierno húngaro de ViKtor Orban, uno de los más críticos con los planes de Soros.

Denominada “Red de Universidades de la Sociedad abierta” (OSUN por sus siglas en ingles) se justifica según su promotor como un arma “contra el autoritarismo”
cuando, precisamente una de sus características es no permitir la disidencia ni la libertad de cátedra. Hablan de promover los valores liberales,( individuos y sociedades , naciones y estados débiles) y el pensamiento crítico lo que quiere decir la imposición de sus estructuras ideológicas, “más allá de las fronteras geográficas y demográficas” en consonancia con sus planes de aniquilación de naciones y sociedades, impulsando además “el activismo cívico” , en lo que se integra con la Red Talloires(una asociación internacional de instituciones, bajo la dirección de la Universidad estadounidense de Tufts) cuyo objetivo es fomentar el compromiso cívico de la educación superior, también . para conseguir esa transformación, según el Bard College, uno de sus intentos previos y que forma parte de la estructura de la red. Muy ilustrativo que entre los signatarios fundadores de esta red figure, nada menos, que la Universidad de la Habana, bajo control directo de la dictadura.

 

La ofensiva final es ahora

El mismo Soros considera que OSUN es el proyecto más importante y duradero de su vida y querría “hacerlo realidad antes de morir”.

En realidad va a ser, si tiene éxito, el más importante y duradero porque se trata de conseguir la dirección mundial de la educación superior, de la formación de las élites y, en consecuencia, dirigir las sociedades que esas élites liderarán. Ningún dictador pudo soñar algo de tal amplitud y de tanta influencia directa, desde que la Iglesia Católica dejo de tener la hegemonía global.

Esa red va a ofrecer programas y titulaciones conjuntas, uniformando en extremos desconocidos, hasta hoy, el pensamiento mundial. Además, la élites necesitan conocerse y coordinarse y por ello la OSUN reunirá periódicamente a estudiantes y profesores de distintos países en debates presenciales y con más frecuencia en línea..

Como siempre, tales objetivos se enmascaran en una catarata de bonitas palabras y loables propósitos como “llegar a aquellos estudiantes que más lo necesitan”, principalmente en Asia, África y Latinoamérica, “y fomentar los valores de la sociedad abierta, incluidas la libertad de expresión y la diversidad de credos” en vez de confesar que es un plan globalista capaz de generar una masa critica suficiente para implementar, sociedades débiles y la imposición de esos gobiernos dóciles, bien penetrándolos (caso de España o Italia) o bien consiguiendo su destitución y posterior constitución de recambio como en las revueltas árabes, o de Chile .

Golpes de estado y revoluciones, desde arriba o desde abajo.

Controlando las universidades, controlan los “comités científicos” y los “comités de expertos” que validan, o desautorizan, lo que les convenga, en una situación de crisis como en la que estamos ahora, con el Covid19.

En OSUN y la Red Tallories ya hay acuerdos, con más de 300 universidades en casi 100 países. En España figuran la Autónoma de Madrid, la Oberta de Cataluña o la Politécnica de Valencia, entre otras.

Por áreas geográficas, los números son impresionantes:

• África (62)
• Europa y Asia Central (65)
• Asia Oriental y Pacifico (43)
• Latinoamerica (43)
• Oriente Medio y Norte África (19)
• Norteamérica (79)
• Asia del Sur (83)

Ya dominan cientos de campus, pero quieren avanzar porque creen que este es el inicio de su victoria definitiva y sienten que es ahora o nunca porque, si tu oprimes a una sociedad o la amenazas, antes o después surge la resistencia y no quieren dar tiempo a que esa resistencia se organice.


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A Fondo

Ayer, hoy, mañana y SIEMPRE: Pase lo que pase y ocurra lo que ocurra, Alerta Nacional con la GUARDIA CIVIL.

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Son tiempos oscuros.

Hay indeseables en los ministerios; hay delincuentes condenados en los partidos de Gobierno; hay imputados por delitos gravísimos en el Congreso de los DiPUTAdos; y hay miembros de este Gobierno comunista que han blasonado, negro sobre blanco, de su ascendencia terrorista. Sin más. Sin menos. Había que decirlo, y se ha dicho. Con un par, Cayetana: eso es hacer honor a tu apellido; y brindar un servicio a España que te iguala a tus mejores antepasados.

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Desde una posición de sometimiento indigna para un cuerpo como el de la Guardia Civil, su impecable e inmaculado Honor hace que este cuerpo sufra los más viles ataques del desquiciado, acomplejado y sovietizado poder gubernativo contra sus mandos, templados en el acero de las armas que en su celo de servicio demasiado pocas veces desenfundan porque se saben desprotegidos por ese poder rufianesco que les usa pero les impide defenderse.

Ese acero que ellos mismos han sentido mecanizar milisegundos antes de recibir el tiro en la nuca; la bomba en el coche: siempre a traición; siempre por la espalda: indefensos ante la hez del ser humano que tomó forma en los alrededores de Elgoibar y que se surtió de armas en la vecina Eibar.

A esos hombres, que exponiendo la vida para salvar la nuestra, junto con nuestros más banales y estúpidos estilos de vida y pasatiempos ordinarios, que se juegan el tipo ante borrachos atiborrados de drogas en las autovías, siguiendo un modo de vida despreciado por los mismos que nos gobiernan a todos, para los que el honor es algo casposo y ridículo, les debemos no solamente la vida, sino la existencia despreocupada y cretina que todos hemos llevado mientras ellos sangraban, morían, se quedaban parapléjicos mientras el ministrillo de turno abusaba de sus más altos oficiales, hombres en un sentido tan completo y admirable del término que la sola comparación con el político de turno hace palidecer de vergüenza a éste último.

Hombres, siendo humillados por rufianes. Presuntos criminales. «Castrati» con purgaciones; repugnantes ejemplos de cuan bajo cae el ser humano en la inmundicia comunista alienante, que destruye todo y nada bueno hace.

Por eso, hoy, les dejamos con un vídeo que expresa -debe expresar- con claridad, meridianamente, y sin la menor duda, de qué lado cae el Honor, el respeto y la caballerosidad, y de qué lado cae el deshonor, la abyecta vergüenza del salivazo convertido en político enfermo con cara de vicioso irredento comido por sus verguenzas íntimas y sus complejos histéricos.

 


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