A Fondo
El Apocalipsis de los niños (o la conspiración del Thelema)
Por Laureano Benítez Grande-Caballero.-
En aquella mañana de verano del año 28, una multitud se arremolinaba en la plaza principal de Betsaida, una aldea arracimada en el nordeste del Mar de Galilea, que destellaba con el sol del mediodía.
Entre esa multitud, destacaba un grupo nutrido de niños, que se apretujaban en torno a un hombre que, sentado bajo un emparrado, hablaba a la gente con ademanes pausados.
En un momento de su discurso, refiriéndose a los niños que le rodeaban, aquel hombre dijo:
«Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar». (Mateo 18, 6)
Tremendas palabras, terroríficas, y más si se tiene en cuenta que fueron pronunciadas por el ser más misericordioso que se ha encarnado en nuestro Planeta, un ser extraordinario lleno de compasión por los descarriados, que abrazaba a los publicanos, que perdonaba a las prostitutas, que se rodeaba de toda suerte de pecadores; pero, que, sin embargo, no dudó en anatematizar con una horrenda tortura a los corruptores de niños, a los que pervierten la inocencia infantil.
Infantes devorados por los heidelbergensis en incontables Atapuercas caníbales, sacrificados en números incontables a Moloch, a siniestras Minervas con cara de lechuza, bajo ardientes esfinges; abortados sin misericordia en Suburras infectas, en Tenochtitlanes emplumados, en gélidos Holodomores, en republikanos Paracuellos , en hecatombes de jemeres y revoluciones culturales; niños masacrados en razzias devastadoras de feroces guerreros, de soldados ebrios de sangre; niños abusados por seres perversos, agentes de Bafomet, degollados en sus ceremonias negras; niños alienados por Hamelines perroflautados, torturados y masacrados en las orgías devastadoras de los abortorios… después de todo ese horror, de milenios de apocalipsis infanticida, el globalismo malvado que domina el mundo viene a por los hijos que han sobrevivido a carniceros y hechiceros, y nos dicen que los hijos no nos pertenecen, que los padres no tienen derecho a educar a sus hijos según sus convicciones morales, que en nombre de la libertad y la democracia el Estado debe enseñarles sus perversas ideologías mundialistas. Bondad graciosa, que los hijos son de las madres para que los asesinen en sus vientres, pero luego, si tienen la suerte de venir al mundo, ya no les pertenecen, sino al Estado; bondad graciosa la de las feministas que claman contra la violencia machista, pero luego justifican la violencia mediante la cual se despedazan los fetos en los vientres maternos.
Aquí vienen las Circes, las horripilantes brujas que convierten a los hombres en cerdos, y a los niños también… aquí pululan las Cruelas de Vil, que, no satisfechas con reventar fetos mientras claman por las focas, no contentas con despellejar dálmatas y niños, ahora vienen a por la infancia, enseñándoles cómo masturbarse, cómo abortar sin pedir permiso, cómo disfrutar de la analidad, cómo denunciar a los padres si ejercen su patrian potestad.
Skola, Skolae… jueguecitos eróticos para los más tiernos infantes… tocamientos, tallercitos supermodernos y chiripitifláutikos donde los nenes son adoctrinados en lo que el ínclito Aleister Crowley (1875-1947) llamó Thelema, filosofía luciferina cuyo lema es «haz tu voluntad: será toda la ley», y «amor es la ley, amor bajo voluntad»… Crowley creía que para descubrir la Verdadera Voluntad, uno debe liberarse de toda restricción sexual, y a fe que ese personaje cumplió lo que filosofaba, hasta el punto de que ha sido proclamado por unanimidad como el ser más maligno que ha habitado en nuestro mundo ―por cierto, aparece en el disco ese tan famoso de los Beatles de la «Lonely Hearts Club Band» del Sargento Pepper (traducido: Sargento Pimienta… por qué este nombre… ¿lo adivina?)―. Da arcadas y vómitos conocer el horrendo historial de crímenes de este ser luciferino.
Thelema puro el que se inocula a nuestros hijos, mientras los papás terracean cerveceramente, futbolean que da gusto, y se repantigan ante el Dios Netflix, porque no va con ellos, porque así es la modernidad, porque sus retoños les importan un pimiento. Y es de notar un 84% de los podemitas aprueban el adoctrinamiento de los niños en el Thelema LGTBI, lo cual me parece bien, siempre y cuando no pongan sus sucias manos en nuestros hijos ―bueno, nietos en mi caso―.
Porque este mundo empozoñado está sumido en un aluvión de lacras, de lepras apestosas, de escándalos sin cuento, pero los más hediondos, los más criminales, son aquellos que tienen como víctimas a los niños: el aborto, y el adoctrinamiento que busca cercenar su inocencia infantil.
Cuando suene el trompeterío celestial llamando a juicio, cuando las legiones angélicas desenfunden sus espadas flamígeras y una estampida de caballos blancos arrase los campamentos luciferinos, y el fin de este mundo atrone las esferas, ¿habrá suficientes piedras de molino para que los ángeles del Apocalipsis hagan justicia a todos los que durante toda la historia del mundo han escandalizado a nuestros hijos? ¿Se colmatarán las aguas enfurecidas por terremotos y erupciones con tantas piedras de molino, que posiblemente se encuentren en un futuro lejano, como quien encuentra ánforas romanas tapizadas de algas y corales en los fondos abisales?
Como no puedo desear mal a nadie, quiera Dios que esto no ocurra, que, antes de que todo esto suceda, los escandalizadores sientan un dardo luminoso que despierte sus conciencias, y se arrepientan de sus crímenes. Porque tened cuidado, escandalizadores: creéis que Dios no existe, que no hay otra vida, pero, como jamás tendréis la completa seguridad de la certeza de esas creencias, reflexionad, tomad conciencia de vuestros delitos… porque aquí podrá ser legal el escándalo, pero hay otros tribunales, hay una Corte celestial, y, si no cesáis en vuestros escándalos, allí será el llanto y crujir de dientes.
A Fondo
Pánico total en los sindicatos. Por Jesús Salamanca Alonso
«Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, …»
Dos insignes sindicalistas vallisoletanos me confiesan que los sindicatos mal llamados «obreros» han entrado en pánico ante futuros gobiernos de VOX y de la «derechita cobarde», que se ha tenido que amoldar al acuerdo para formar gobierno regional. Ya sucedió en Castilla y León la legislatura pasada hasta que la insigne derecha de VOX se rasgó las vestiduras, pero se dio un paso importante de legislatura como fue eliminar las subvenciones multimillonarias que recibían los sindicatos «comegambas» o «rebaña-ostras».
Aquel paso, que llevaba tiempo reclamando la ciudadanía, tuvo una vergonzosa retrocesión por parte del PP al verse desamparado, acobardado y sin apoyos, pero quedó patente que los ciudadanos exigen que ese paso se dé de forma permanente. Y ahora se debe hacer; los sindicatos clasistas de la izquierda ventajosa y fomentadora de odio y desigualdad no han hecho nada importante para ser mantenidos por papá Estado a toda costa y a lo grande. Hasta la ministra, Yolanda “Varufakis” Díaz o Yoli «cohete», alias «Tucán», ha hecho el más burdo ridículo con las subvenciones sindicales. Lo raro es que no los haya traicionado, que es su especialidad, aunque nunca es tarde. Está apartada del Consejo de ministros desde que se marchó a la entrega de los Óscar. Cada día despierta más desprecio y menos simpatías. Doy fe.
En los últimos siete años de izquierda presuntamente (y sin presunta) corrompida con apoyos golpistas, comunistas, independentistas y terroristas ha habido infinidad de motivos para convocar huelgas sectoriales y hasta generales, pero el dúo «comegambas» practica el famoso «do ut des». En pocas palabras: dame pan, llámame perro y lléname la faltriquera. ¡Manda huevos! Bien es verdad que han perdido la calle, se han hecho casta, incluso se creen con derecho de pernada con los trabajadores y hoy corren el riesgo de que se les echen encima esos trabajadores responsables, honrados y que no viven de un mundo subvencionado ni duermen hasta las doce de la mañana por estar liberados. Las movilizaciones contra esos sindicatos no se harán esperar y conocerán la horma de su zapato. Al tiempo.
Hay sindicatos sectoriales que no reciben ni un euro, ¿por qué estos vividores sí las reciben? Nunca serán respetados mientras no se hagan cargo de las nóminas de sus propios liberados, ¿qué es eso de que sean las empresas quienes sigan pagándolos si no producen? ¿Qué es eso de que Yolanda y los dos sindicatos más denostados socialmente decidan las subidas salariales sin contar con la patronal? No estaría de más que alguna vez pagaran ellos con el dinero público que reciben. Ellos invitan y el Estado paga con dinero público. ¡Cuánta indignidad y descontrol tienen y cuánta acumulan cada día! ¡Joder, qué tropa!, repetiría incesante don Álvaro de Figueroa y Torres, conde de Romanones.
Este modelo sindical ya no sirve, nadie cree en ellos, son la mofa y el hazmerreír permanente y, cuando salen en TV los líderes de esas formaciones izquierdosas y ultra-izquierdosas, lo primero que se escucha en los bares, restaurantes y mesones es «¡ladrones!» y, además, se enfatiza, repite y contagia a los asistentes. Incluso calificativos, o descalificativos, muchos más gruesos. Y es que han hecho méritos para ello, llevan siete años holgando y presenciando la corrupción de varios miembros del Gobierno y aledaños, incluso viendo y comprobando como huye el galgo de Paiporta o se esconde, a la vez que miente o entorpece la acción judicial, el avestruz de Adamuz o cómo la UCO saca los colores a la «fontanera», «la Paqui», Ábalos, Koldo, Cerdán y demás parroquia, a veces amparados por las hojas parroquiales de izquierdas: las misma que acusan al juez Peinado de tener dos DNI o a Julio Iglesias en falso.
Hoy, los trabajadores ven unos sindicatos fundidos, acomplejados, vendidos al poder, lamerones de lo ajeno, aprovechados y con menos credibilidad que la Fiscalía general del Estado, el Tribunal Constitucional, el Ministerio de Transportes o la presidencia de las Cortes, por no añadir a Felisín Bolaños, Yolanda «Tucán» o Isabelita Rodríguez, más parada que un baile agarrado de los años setenta.
El gran logro sindical español se alcanzará cuando los sindicatos paguen la nómica de sus propios liberados y los gastos de mantenimiento del propio sindicato. Ese día llegará, doy fe de que llegará y tendrá el apoyo de los organismos europeos y de los propios trabajadores. Precisamente será el momento del nacimiento de la modernidad sindical en España y sospecho que Juanma Moreno será quien dé el primer paso junto con Castilla y León, que ya tiene práctica de ello.
Tras las elecciones andaluzas, y el futuro nuevo gobierno de Moreno, ha anunciado que revisará y recortará drásticamente las subvenciones públicas que reciben CC.OO. u UGT cada año. Hablamos de decenas de millones de euros que reciben esas formaciones y cuyo control deja mucho que desear. Ni siquiera sabemos si actúa el Tribunal de Cuentas al respecto ni cómo actúa. Lo del patrimonio sindical lo dedicaremos artículo aparte y en exclusiva.
Los líderes sindicales ya han salido en tromba y planean movilizaciones para seguir mangoneando y chupando del bote, aunque saben que no tienen apoyo de los trabajadores y menos de la ciudadanía en general, pero tranquilos, que llega el día grande de las gambas, el 1º de mayo.
Está claro que lo que proyectan esos sindicatos es «¡un ataque a los trabajadores!» y una amenaza a la Administración para seguir mangoneando y desprestigiándose, aunque ya no pueden desprestigiarse más.
Yo, como trabajador, sigo luchando para acabar con esos privilegios de señoritos y abusadores. Ni creo en ellos ni he creído nunca y jamás me han reportado nada. De ello, doy fe.

