Economía
La excusa del virus y el contagio de la decadencia

Salvador Sostres (R) La lenta decadencia de Barcelona, de Cataluña y también de España no tiene una sola causa ni es solo atribuible a los desmanes, al agotamiento y a la pérdida de tiempo de procés, aunque lógicamente no ha sido menor su peso. Ha habido un largo camino entre Aznar, Pujol y Maragall; y Sánchez, Torra y Colau. Lo admite desde el constitucionalista más irritado hasta el más furibundo independentista. Las causas de la suspensión han sido diversas, coincidentes, y todas ellas unidas en la acumulación –más que en la orquestación– han acabado con el Mobile, con el coronavirus como punta de lanza, como pretexto o como agente provocador, pero de ninguna manera porque nadie realmente pensara que iba a producirse en Barcelona un devastador contagio mundial.
En el aspecto fiscal –de muchísima más importancia de la que en general se le ha concedido– los EE. UU. han aprovechado unas décimas de fiebre para mandar el mensaje de que no van a tolerar la tasa Google. No es ajeno a la crisis de identidad y de proyecto europeo el afán regulador e impositivo de la UE, ni el rechazo a tales políticas del presidente Trump y de su socio preferente –tras el Brexit más preferente que nunca– que es el Reino Unido. La desbandada de marcas americanas no ha sido casual y aunque tenían previsto participar en el congreso, no han desaprovechado la ocasión que la contagiosa enfermedad les ha brindado.
La guerra comercial entre China y los Estados Unidos ha tenido también su capital importancia en la cancelación. Hace meses que norteamericanos y británicos pactaron tomar a Ericsson como marca tecnológica de referencia en detrimento de la china Huawei, que al entender de Trump, compite deslealmente en el mercado al no tener que observar ni el menor derecho humano de sus obreros, a la vez que con todos los demás productos chinos desequilibra onerosamente la balanza comercial entre ambos países. No estaba preparado pero tampoco fue casual que Ericsson fuera una de las primeras en marcharse.
De fondo, la lenta decadencia que Barcelona, Cataluña y el conjunto del Estado arrastran desde hace tiempo, ha tenido que ver con que el congreso ha sido cancelado sin apenas resistencia. Por supuesto, no es «culpa» del ayuntamiento de Barcelona, de la Generalitat o del Gobierno, pero no ha habido ninguna coordinación institucional para presionar por el mantenimiento del evento, no se ha sabido contrarrestar ni la parte alarmista del fatalismo, ni mucho menos la propaganda contraria de los que han tomado el coronavirus como excusa para insistir en su guerra comercial. Hay un paralelismo entre la importancia histórica que tuvo para Barcelona organizar los Juegos Olímpicos de 1992 y lo que el Mobile ha representado en los últimos años para la proyección internacional de la ciudad. Si el alcalde Maragall entendió entonces que, pese a cualquier pasado o discrepancia ideológica, Juan Antonio Samaranch era su principalísimo aliado, y lo cortejó y lo festejó y creó el lema de «Samaranch forever», Ada Colau hizo retirar una escultura que el expresidente del COI donó al ayuntamiento de Barcelona y en la reunión decisiva del miércoles de la semana pasada, celebrada entre Colau, Pau Relats, presidente de Fira de Barcelona y John Hoffman, presidente de la entidad organizadora del congreso, la alcaldesa, que por no entender no entendía ni el idioma, se levantó a media conversación, ante la incredulidad de los otros dos interlocutores y sin que ninguna decisión hubiera sido aún tomada, y se marchó diciéndole a Relats «ocúpate tú de esto, que yo tengo mucho trabajo».
Aunque no fuera más que retórica simbólica, el primer decreto que firmó Pujol como presidente de la Generalitat fue para reconocer al estado de Israel; su primer viaje oficial fue al Vaticano y no paró hasta que en 1990 le recibió el presidente de los Estados Unidos, Bush padre. Aunque no pudiera «realizarla» a través tenía una cierta idea del mundo, de dónde estaba el poder y de cómo se ejercía. Las relaciones que Puigdemont, Torra, Junqueras y ya no digamos la CUP han establecido con el mundo son totalmente otras. Han flirteado con Rusia en su intento de desestabilizar a la UE y ni Maduro les reconoció la declaración de independencia, a pesar de que era el único apoyo que creían haber cerrado.
El pasado lunes, el consejero de Políticas Digitales, Jordi Puigneró, a quien Carles Puigdemont ha ungido como su sucesor a la presidencia de la Generalitat, aseguró que el congreso iba a celebrarse «con normalidad». Ada Colau aseguró lo mismo. No solo no salvaron la solución, sino que ni siquiera estuvieron puntualmente informado de la información más sensible. Es cierto que ha habido mucha presión del lado contrario, diversa y muy difícil contrarrestar. Pero la sensación de analistas, empresarios y afectados por la cancelación es que España no ha sabido defenderse, ni apenas lo ha intentado. Los alarmistas y los que tenían algún interés espurio para cancelar el Mobile han podido hacerlo sin ninguna oposición, «por incomparecencia del contrario».
«Es más fácil suspender un concierto en Narbona que en París», sostiene el presidente de una de las principales entidades financieras españolas. Ámsterdam no ha suspendido su congreso en curso ni Ginebra renunciará al Salón del Automóvil que tendrá lugar el mes que viene. «La lección que Barcelona tiene que aprender es que ya no le basta la inercia olímpica y el clima si quiere ser algo más que un mero destino turístico».
Más que la sede en la que el año próximo tenga lugar, es la propia existencia del Mobile –tal como hasta ahora lo hemos conocido– lo que realmente está en entredicho. «La UE no acaba de entender que la regulación no es un modo educado de relacionarse en un mundo libre», sostiene uno de los directivos de Ericsson que tomó la decisión de no acudir al Mobile, y no niega que los Estados Unidos se están planteando celebrar un salón parecido el año que viene en Miami, «y si China y Europa quieren venir, serán muy bienvenidas, pero jugaremos con nuestras normas».
Economía
El auge del juego online: claves para entender un sector en plena revolución

Introducción
El universo del juego digital vive un momento de transformación profunda. La combinación de nuevas tecnologías, métodos de pago más seguros y experiencias cada vez más inmersivas ha impulsado un crecimiento que no muestra señales de freno. En este artículo analizamos las tendencias que están marcando el ritmo del sector, con un enfoque profesional, informativo e intuitivo, muy en la línea del estilo periodístico de Marca.
La nueva era del entretenimiento digital
La experiencia en vivo como motor de crecimiento
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Tecnología al servicio del jugador
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Además, la llegada del 5G ha reducido los tiempos de carga y ha mejorado la estabilidad de las conexiones móviles, lo que facilita que los usuarios puedan jugar desde cualquier lugar sin perder calidad. Esta accesibilidad ha ampliado el público y ha impulsado la competitividad entre plataformas.
Métodos de pago: seguridad, rapidez y confianza
La importancia de elegir bien cómo depositar y retirar
En un entorno digital, la confianza es clave. Los jugadores buscan métodos de pago que les permitan operar con rapidez, seguridad y sin complicaciones. Entre las opciones más populares destaca PayPal, un sistema consolidado que ofrece protección al usuario y transacciones prácticamente instantáneas.
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PayPal como estándar de fiabilidad
La presencia de PayPal en plataformas de juego online ha marcado un antes y un después. Su política de protección al comprador, la ausencia de necesidad de compartir datos bancarios con terceros y su facilidad de uso lo han convertido en una herramienta imprescindible para muchos jugadores.
Además, su compatibilidad con dispositivos móviles y su integración con sistemas de verificación en dos pasos refuerzan la seguridad, un aspecto que los usuarios valoran cada vez más.
Tendencias que marcarán el futuro del sector
Gamificación y personalización
El jugador actual no solo busca ganar; quiere vivir una experiencia completa. Por eso, la gamificación —misiones, logros, niveles, recompensas— se ha convertido en una estrategia clave para fidelizar usuarios. Las plataformas que ofrecen contenidos personalizados, recomendaciones basadas en hábitos de juego y promociones adaptadas al perfil del jugador están ganando terreno.
Inteligencia artificial y análisis de datos
La IA ya no es ciencia ficción en el mundo del juego online. Se utiliza para detectar comportamientos sospechosos, prevenir fraudes, mejorar la atención al cliente y optimizar la experiencia del usuario. Gracias al análisis de datos, las plataformas pueden anticiparse a las necesidades del jugador y ofrecer un entorno más seguro y eficiente.
Realidad virtual y realidad aumentada
Aunque todavía en fase de expansión, la realidad virtual promete ser el próximo gran salto. Imagina entrar en un casino digital, caminar entre mesas, interactuar con otros jugadores y sentirte dentro de un entorno completamente inmersivo. La realidad aumentada, por su parte, permitirá integrar elementos digitales en el mundo real, abriendo la puerta a nuevas formas de entretenimiento.
Conclusión: un sector en constante evolución
El juego online vive un momento dorado. La combinación de experiencias en vivo, métodos de pago seguros como PayPal, avances tecnológicos y nuevas tendencias de interacción ha creado un ecosistema vibrante y competitivo. Los jugadores demandan calidad, transparencia y emoción, y las plataformas están respondiendo con propuestas cada vez más sofisticadas.
El futuro apunta a una mayor personalización, más inmersión y una integración tecnológica aún más profunda. Lo que está claro es que el sector seguirá evolucionando, y quienes sepan adaptarse marcarán el ritmo de esta revolución digital.






