España
La exhumación de Franco del Valle de los Caídos será el jueves 24 de octubre
El próximo jueves 24 de octubre se procederá a la exhumación y reinhumación de Francisco Franco, según informa el Gobierno.
Desde el Ejecutivo añaden que «tanto la exhumación como la reinhumación se llevarán a cabo en la intimidad, en presencia de sus allegados».
Ha sido imposible que el traslado pueda realizarse este mismo lunes, como era el plan inicial en La Moncloa. La fecha elegida en principio para la exhumación era el 21 de octubre –como adelantó este diario– , sin descartar que por cuestiones técnicas pudiera retrasarse al día siguiente.
La semana pasada, la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, acotó la operación a los «primeros días» de esta semana.
El Gobierno se comprometió a que antes del día 25 de octubre los restos del ex jefe del Estado saldrían de Cuelgamuros y todo indica que no piensa agotar ese plazo. Con el recinto cerrado al público desde el pasado día 12, las instalaciones están bajo vigilancia de la Guardia Civil, que protege el complejo de cualquier incidencia –un reportero fue detenido con una cámara a las 20:00 horas del sábado– a la espera del día señalado. Y ese momento ha llegado.
Como indicio de que se acerca el desenlace, la maquinaria que previsiblemente se usará para exhumar los restos de Franco y el material necesario para desarrollar la operación entró ayer por la tarde en el Valle de los Caídos, según reveló la Hospedería de la Santa Cruz del Valle en Twitter, donde alertaba de que la «maquinaria pesada para proceder a la profanación» llegó a las 14:50 horas. Desde el complejo anexo a la basílica se subió un vídeo en el que se ve un camión portando una manipuladora telescópica de color naranja de la marca Caterpillar, referencia en el sector de la construcción e infraestructuras.
En otro vídeo se explicaba que «más de 300 personas que tenían reserva para comer en la Hospedería del Valle» se quedaron «sin poder acceder al recinto», con imágenes de una larga fila de coches en el exterior.
Otro de los vehículos que llegó ayer al lugar transportaba, entre otras cosas, un palé de ladrillos, según informaron a Servimedia fuentes presentes en el Valle de los Caídos.
Para poder recuperar los restos de Franco, los operarios deberán retirar primero la losa de piedra de 1.500 kilos que cubre la tumba junto al altar de la Basílica del Valle de los Caídos. En el lugar estará instalada una carpa o un biombo para preservar el momento de la extracción del cuerpo. El hueco donde ha estado el ataúd desde el 23 de noviembre de 1975 será rellenado con ladrillo y hormigón, y tapado el suelo con baldosas de mármol negro iguales a las que cubren el pavimento en esa zona.
El féretro será trasladado en helicóptero –si la meteorología lo permite– hasta El Pardo para su inhumación en el cementerio de Mingorrubio, donde descansan desde 1988 los restos de Carmen Polo, mujer de Franco.
No habrá honores militares para el dictador ni su ataúd será cubierto con la bandera de España. Ni la constitucional ni la que la familia pidió llevar, precisamente la misma que se utilizó durante el funeral de Estado de 1975 y que guardaron Carmen Polo en primer lugar; luego su hija Carmen, y sus nietos hasta el día de hoy.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
