Sociedad
La indignidad de Cs no tiene límite: acuden al 8M y tienen que irse escoltados por la policía
Ciudadanos es un diseño de laboratorio. Punta de lanza del globalismo, el partido naranja fue creado con el propósito de propiciar el cambio sostenido y planificado de los sectores conservadores del electorado, modificando sus puntos de vista en cuestiones donde la ingeniería social se bate a fondo.
El último ejemplo lo han ofrecido los dirigentes de Ciudadanos que acudieron al 8M de Madrid. El partido de la masonería francesa hizo acto de presencia en el guirigay hembrista y el resultado fue el que se esperaba.
Los representantes políticos de Ciudadanos que han acudido a la marcha del 8 de marzo (8M) de Madrid han abandonado la manifestación por consejo de la Policía después de haber sido increpados por algunos manifestantes.
Antes de abandonar la marcha, los políticos de Ciudadanos marcharon entre gritos de «fuera, fascistas» y tuvieron que esquivar una barrera de personas sentadas en la calzada para cortarles el paso.
«En esta situación uno se siente sobrepasado porque esto no hace callo, yo ya sé que nos viene pasando y que nos pidieron que no viniésemos, a nosotros no nos van a echar de ningún lado: estas calles son de todos, esta causa es la nuestra, de todas las mujeres que estamos aquí», ha denunciado la vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís.
«Nos han discriminado»
La política de Ciudadanos ha asegurado, tras abandonar la marcha a la altura de la Plaza de Neptuno, que «nadie que defienda el feminismo puede hacerlo echando a mujeres de la manifestación».
«Están echando a mujeres que defendemos el feminismo igual que ellas, pero si me apuráis, ellas no defienden el feminismo porque ellas nos han echado, nos han excluido, nos han discriminado. El feminismo es la causa de la libertad, de la igualdad y del respeto», ha aseverado.
«Merecemos estar aquí. (…) El año que viene volvemos. Nos da mucha pena porque la sensación que uno tiene cuando sale de aquí expulsada por gente intolerante, agresiva, violenta, que insulta, me parece que lo que están siendo es unos déspotas», ha añadido.
Junto a Villacís han acudido a la manifestación la portavoz de la Comisión Gestora de Ciudadanos, Lorena Roldán, los diputados Sara Giménez y Marcos de Quinto y la consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid, Marta Rivera de la Cruz.
Rifirrafe entre Errejón y Villacís
A cuenta del incidente sufrido por Ciudadanos durante la manifestación, el secretario general de Más País, Íñigo Errejón, ha publicado un mensaje en su cuenta de Twitter criticando a la formación naranja. Tirando de Ironía, Errejón ha señalado que es «incomprensible» que los manifestantes hayan reprochado a Ciudadanos que «le entregue los gobiernos de Madrid, Andalucía o Murcia a los reaccionarios machistas».
Por su parte, Begoña Villacís ha respondido tachando de «impresentables» las palabras de Errejón y acusándole de «justificar que se nos insulte y expulse». «A diferencia de tí yo no acepto que se le aplique vuestro ‘jarabe democrático’ a nadie, ni a vosotros», ha señalado la vicealcaldesa de Madrid.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
