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Opinión

La lucha de Joe Biden por la “democracia”

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El presidente estadounidense Joe Biden anuncia la próxima creación de una organización internacional de democracias… ante el avance de los regímenes totalitarios de Rusia y China. A pesar de lo que afirma la retórica oficial, su objetivo no es defender las democracias sino promover el imperialismo de Estados Unidos. Pero se trata de una lucha inútil porque no ha encontrado el adversario correcto.

 

 

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El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, anunció que está convocando, para el 9 y el 10 de diciembre de 2021, una cumbre virtual en defensa de la«Democracia».   

Esa   reunión abordaría 3 temas principales:

«la defensa contra el autoritarismo, la lucha contra la corrupción y la promoción del respeto de los derechos humanos». Durante ese encuentro, los dirigentes participantes se comprometerían «a mejorar la vida de su propia población y a responder a los mayores problemas que confronta el mundo». Posteriormente, en 2022, habría una segunda cumbre donde los dirigentes presentarían los progresos realizados en relación con los compromisos contraídos.

Biden ya había anunciado esas reuniones durante su campaña electoral. En aquel momento decía que se trataba de contrarrestar a Rusia y a China. Eso quiere decir que su verdadero objetivo es definir un criterio que diferencie entre sí los dos bloques   actualmente   en   formación… como antes, cuando se argumentaba sobre la existencia de un mundo capitalista y la de un mundo comunista.

 

 

LA DEMOCRACIA COMO RÉGIMEN POLÍTICO

Si bien en el siglo XIX se vio a Estados Unidos como un nuevo modelo democrático (ver el libro De la démocratie en Amérique, del político francés Alexis de Tocqueville), los Estados Unidos de América de nuestra época no son más que una oligarquía: el poder político está en manos de un grupúsculo de hipermultimillonarios que lo ejercen fuera de las instituciones públicas establecidas mientras que los políticos se ven reducidos al papel de simples comparsas.

En la práctica, Estados Unidos no ha reconocido nunca la soberanía popular, lo cual implica que nunca reconoció la democracia.

A pesar de la existencia de un sistema electoral que se instauró con el paso del tiempo, la Constitución estadounidense se basa –al contrario de lo que preconiza la democracia– en la soberanía de los gobernadores de los diferentes Estados. Por ejemplo, durante la elección presidencial estadounidense del año 2000, el mundo asistió a la disputa entre los dos candidatos a la presidencia –George W. Bush y Al Gore– alrededor del conteo de los votos en el Estado de la Florida. Y la Corte Suprema –o sea, la máxima instancia del poder judicial estadounidense– dirimió el pleito decidiendo que, constitucionalmente, no le interesaba el resultado del conteo de votos en la Florida sino únicamente la opinión del gobernador de aquel Estado… un tal Jeb Bush… hermano del candidato George W. Bush. Así que George W. Bush fue declarado vencedor de la elección… aunque el nuevo conteo de los votos reales emitidos por los electores en la Florida confirmaba que Al Gore había ganado la elección en ese Estado.

La democracia como régimen político se ve cuestionada hoy por la ideología woke proclamada por el presidente Biden. La equidad entre los diferentes grupos étnicos –que fue el caballo de batalla de Biden en la elección presidencial– se opone a la igualdad entre todos los ciudadanos 1. Las instituciones democráticas estadounidenses se ven cuestionadas en la práctica por los conteos de votos realizados en secreto, lo cual hizo resurgir la hipótesis, justificada, de la existencia de un fraude electoral masivo. Finalmente, el hecho que una multitud de estadounidenses tratara de tomar el Capitolio demuestra que en Estados Unidos las instituciones democráticas han perdido su aureola de cosa sagrada.

 

 

TODOS LOS REGÍMENES POLÍTICOS SON PERECEDEROS

En el siglo XVIII, las monarquías occidentales estaban exhaustas, habían perdido la legitimidad que antes se les reconocía. Por supuesto, aquellas monarquías seguían afirmando que tenían a su favor lo que llamaban el «derecho divino», pero sus súbditos ya no creían en tal cosa. Aparecieron entonces regímenes que basaban su legitimidad en la «soberanía popular»: las democracias. Las monarquías que lograron sobrevivir se adaptaron, sin renunciar al «derecho divino» pero combinándolo con el nuevo principio de la «soberanía popular».

En el siglo XX, al producirse la crisis económica de 1929, la prensa occidental afirmó que el capitalismo había muerto y que había que inventar un nuevo   sistema   político.   Así   aparecieron   primeramente el comunismo y después el fascismo –Benito Mussolini había sido el representante de   Lenin   en   Italia   antes   de   concebir   el   fascismo. En Estados Unidos, el presidente Franklin Roosevelt reformó profundamente el capitalismo, el fascismo terminó derrotado en Europa, el comunismo se derrumbó con la URSS y sobrevivió eso que aún llamamos «democracia».

En el siglo XXI, sobre todo a partir de la epidemia de Covid-19, estamos viendo la brutal aparición de una quincena de grupos informáticos particularmente grandes alrededor de las compañías identificadas como GAFAM (Google, Apple, Facebook, Amazon y Microsoft). El poderío de esos grupos ya es superior al de la mayoría de los Estados nacionales, tanto que no vacilan en censurar las ideas y personas que les desagradan, incluyendo las informaciones de los Estados sobre tratamientos médicos para el Covid-19 y hasta los mensajes del presidente en funciones de Estados Unidos. Ningún político se atreve hoy a hacer esperar a Bill Gates (el fundador de Microsoft) o a Jeff Bezos (el dueño de Amazon) si estos últimos lo llaman por teléfono, mientras que ellos pueden darse el lujo de posponer o rechazar una llamada del presidente de Estados Unidos. Estos personajes imponen al mundo su propia agenda –el transhumanismo–, tendiente a convertirnos en animales informatizados mientras que los dirigentes de las grandes compañías tecnológicas pasan a ser considerados seres “superiores” que parten a la conquista del espacio.

En tales condiciones, se hace imposible el ejercicio de la democracia. Los electores occidentales asisten cada vez menos a las urnas porque así lo han entendido. En Francia, sólo un tercio de los electores inscritos participaron en las últimas elecciones. Las instituciones todavía son democráticas pero la democracia es una práctica y los franceses se han separado de ella.

Esta situación es totalmente nueva. Es cierto que la desaparición de la clase media comenzó con la disolución de la Unión Soviética y que la transformación del Mercado Común Europeo en una entidad supranacional data de esa misma época, pero nada permitía prever entonces lo que hoy está sucediendo.

Según la fórmula de Abraham Lincoln, la democracia es «el gobierno del Pueblo, por el Pueblo y para el Pueblo». Pero no existe absolutamente ningún país donde el pueblo se gobierne a sí mismo. Aunque algunos, como Islandia y Suiza, se resisten a seguir la tendencia general, el hecho es que el ideal democrático se ha hecho imposible ante el poder de las GAFAM. Y sin democracia –o sea, sin participación del pueblo en la vida política– lo más importante es garantizar que las decisiones tomadas vayan en el sentido del interés general, lo que llamamos “República”.

Esta situación va evolucionando con el paso de los meses y es de temer que se produzcan cambios terribles para nuestras libertades y nuestros medios de vida. En todo caso, los cambios más recientes ya son inaceptables.

Si nos aferramos a nuestros regímenes antiguamente democráticos es porque no sabemos con qué reemplazarlos. Pero, cuando rechazamos lo que ya es evidente, estamos agravando nuestro problema. Además, al igual que antes, cuando prolongamos la vida de las monarquías más allá de la época del llamado «derecho divino», ahora estamos prolongando la vida de nuestras democracias más allá del fracaso de la «soberanía popular». Sin embargo, no son situaciones idénticas: ya nadie cree en el poder del «derecho divino»… pero todos hemos experimentado la validez del principio de la soberanía popular. Hoy no se trata de hacer una revolución contra las GAFAM sino de hacerles la guerra para obligarlas hay devolver el Poder que nos robaron. Ya no se trata de imaginar un nuevo tipo de régimen político sino de definir reglas que harían que la democracia volviese a ser posible.

Henri de Navarre, quien reinó sobre Francia como Henri IV (de 1589 a 1610), intervino en la guerra civil que se desarrollaba en ese país. Logró que los católicos y los protestantes vivieran juntos y no se presentaba a sí mismo como un monarca por “derecho divino” sino como un hombre dedicado a servir el interés general.  Siguiendo los consejos del jurista Jean Bodin, Henri IV fue el primer soberano francés en declararse “republicano”.
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Henri de Navarre, quien reinó sobre Francia como Henri IV (de 1589 a 1610), intervino en la guerra civil que se desarrollaba en ese país. Logró que los católicos y los protestantes vivieran juntos y no se presentaba a sí mismo como un monarca por “derecho divino” sino como un hombre dedicado a servir el interés general.
Siguiendo los consejos del jurista Jean Bodin, Henri IV fue el primer soberano francés en declararse “republicano”.

LA DEMOCRACIA COMO ARMA POLÍTICA

Inmediatamente después de la disolución de la URSS, el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, se planteó la misma pregunta que el actual presidente Joe Biden: ¿Cómo establecer una diferencia entre el bloque occidental y los demás? Bill Clinton concibió entonces una «Estrategia para una Democracia Global» (Global Democracy Strategy) y creó en la Casa Blanca un grupo secreto que se encargaría de instaurar tal estrategia.

Aunque no se sabe quiénes eran los miembros de ese grupo, hemos logrado identificar su evolución bajo el mandato de George W. Bush. Durante la administración de Bush hijo, el grupo estuvo bajo la dirección de Liz Cheney –la hija del vicepresidente   Dick   Cheney–   y   de Elliot Abrams –organizador de la intentona golpista contra el presidente venezolano Hugo Chávez a finales del mandato de George W. Bush 2. Desde el Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, ese grupo secreto supervisó varios golpes de Estado, como el derrocamiento en Honduras del presidente constitucional Manuel Zelaya. Este grupo no recurrió a los métodos militares de la CIA, ni a los seudorevolucionarios de la National Endowment for Democracy (NED), sino que inventó los golpes de Estado “parlamentarios”… y de inmediato se produjo en Latinoamérica una “epidemia” de derrocamientos de gobiernos por los parlamentos.

Lo anterior demuestra que la democracia sigue siendo actualmente una visión y no una realidad. Hoy sigue siendo posible pisotear la Constitución y derrocar un gobierno de forma “democrática”… a condición de poner a un parlamentario en lugar del jefe de Estado o de gobierno derrocado.

Nosotros no dudamos que aquel grupo encargado de la «Estrategia para la Democracia Global» siga existiendo hoy y que es muy posible que vuelva a dar que hablar próximamente.

Ya en este momento esa Estrategia está retomando el proyecto de crear una «Alianza de democracias», proyecto que tuvo como promotor al ensayista Francis Fukuyama y que la administración Bush quiso utilizar para suplantar la ONU. Siendo secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, llegó a crear en 2017 una «Fundación para la Alianza de las Democracias» (Alliance of Democracies Foundation).

 

NUESTRO FUTURO POLÍTICO

Las sociedades occidentales tendrían que comenzar por reconocer que Rusia y China no son peores que los regímenes que existen en Occidente sino que enfrentan los mismos problemas con una cultura diferente.

En realidad, necesitamos la ayuda de esas dos naciones, tanto como ellas necesitan la nuestra.

Juntos o por separado, lo cierto es que no encontraremos la solución en un futuro inmediato. Tenemos que comenzar a luchar aunque no sepamos aún qué forma tendrá nuestra victoria. Sin embargo, ya conocemos sus bases, así que debemos precisar el principio sobre el cual queremos basarnos –nosotros o nuestros hijos– para construir nuevas democracias. Ese principio es la República.

 

 

Resumen

  • Los Estados de hoy se ven desbordados por el enorme poder de nuevas compañías gigantes: las GAFAM. Por consiguiente, los gobiernos –todos los gobiernos– ya no logran responder a lo que esperamos de ellos. Es erróneo hablar de «crisis de la democracia» cuando en realidad se trata de una crisis de todos los regímenes políticos.
  • Los esfuerzos del presidente estadounidense Joe Biden en defensa de la democracia están condenados al fracaso porque ya no corresponden a los problemas del mundo contemporáneo. Lo más que podrá hacer es servirse de esa bandera falsa para seguir promoviendo el imperialismo
  • Podemos rechazar el poder ilegítimo de las GAFAM y defendernos mediante la promoción no de un régimen político sino de un criterio para la adopción de decisiones: la República.

 

 

Thierry Meyssan

  1. «Joe Biden reinventa el racismo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 11 ‎de mayo de 2021.[]
  2. «Implicación de las redes secretas de la CIA para derribar a Chávez», por ‎Thierry Meyssan, Red Voltaire, 18 de mayo de 2002.[]

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Opinión

El insoportable autoritarismo marxista del inefable y hediondo Gobierno de España

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La exministra de Exteriores, Arantxa González Laya, está siendo investigada por la entrada, presuntamente ilegal, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, en España para, supuestamente, ser sometido a un tratamiento por una enfermedad que padece. Esta entrada fue detectada por Marruecos y degeneró en un conflicto internacional y un proceso judicial que ha terminado con la imputación de ella. A las preguntas del magistrado Rafael Lasala y en calidad de investigada, ambos tuvieron el siguiente diálogo:

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R.L.: “¿Se lo dijo usted a alguien o se tramitó directamente a través del Ministerio de Exteriores?”.

A. G. L. “Esto sigue los cauces propios en nuestro país de una decisión que es, recordemos, política; una decisión de ejercicio de soberanía de nuestro país. Es una decisión política, que pertenece al ámbito político y, como tal, sigue el cauce que se sigue en las cuestiones políticas”.

Sin ánimo, por mi parte, de entrar en el asunto judicial, ya que no tengo suficientes conocimientos para para dar una opinión significativa, me llama mucho la atención la forma de defenderse de la exministra, al invocar que la decisión tomada es una “decisión política” que, nada más y nada menos, forma parte del ejercicio de la soberanía de nuestro país. Las decisiones políticas deberían estar dentro del marco de la Ley, como las de cualquier otro ciudadano. Es decir que, independientemente de quién haya tomado esta decisión —González Laya o los que estén por encima de ella— debe ser conforme a derecho. La entrada de Ghali en España podría hacerse, siempre y cuando cumpliera con la legislación.

Lo cierto es que hay una tendencia de acción política de hacer y tomar decisiones cercanas a esas zonas difusas, algunas veces muy amplias, que distinguen lo legal de lo ilegal y que tanto juego dan en los medios de comunicación y tanto tiempo quitan a los jueces, que podrían estar más centrados en casos importantes para la ciudadanía.

La razón política es esgrimida con mucha frecuencia para justificar una acción sospechosa de ser ilegal, una especie de comodín que da invulnerabilidad. Al final, no deja de ser sino una versión de la ley del más fuerte, solo que esta vez el más fuerte es el que tiene votos, propios o en coalición, que lo “legitiman” para saltarse la Ley. En aquellas ideologías que huyen de los valores liberales que pretenden impregnar los sistemas políticos occidentales, es parte de su estrategia política habitual.

Así, una fuerza comunista como Unidas Podemos usa muchas veces como fuente de legitimidad la condición de cargo electo para dar validez a normas que se saltan la legalidad. Los ataques a decisiones judiciales que han condenado a varios de sus líderes (Pablo Echenique, Isabel Serra o Alberto Rodríguez) estarían en esta línea, pero van más allá cuando legitiman opiniones frente a las de otros que no han sido sometidos a cargos electos, como empresarios o ciudadanos poco relevantes a los que desprecian. Sus ataques a la Monarquía también van por estos derroteros, aunque esta institución sea tan constitucional y legal como lo son los congresistas. No son los únicos y el “usted no sabe con quién está hablando” es más habitual de lo deseable en personas que se sienten investidas con poder (real o ficticio) y se comportan de manera despótica.

Desgraciadamente, hay mucha gente (no sólo los seguidores acérrimos de comunistas, socialistas, nacionalistas y otros “istas” totalitarios), para la que un cargo electo tiene un poder superior sobre el resto de la ciudadanía. Se le suele otorgar a los que son de su cuerda ideológica y se les niega o limita a los que no lo son o se consideran enemigos. Es como si, de alguna manera, la visión autoritaria del poder estuviera emergiendo en el contexto actual, a costa de cargarse lentamente ciertos principios básicos que han estado en las democracias occidentales casi desde el principio.

Esta visión política del que ejerce el poder caminando hacia la tiranía aparece en tres ocasiones. La primera es cuando unas circunstancias externas obligan al régimen a ejercer medidas que limitan los derechos de sus ciudadanos. Las grandes catástrofes, las pandemias o las guerras nos limitan de forma circunstancial, pero también preocupante. Tal situación no implica que el político pueda hacer lo que le venga en gana, más bien que el ciudadano se vea obligado a limitar el ejercicio de su libertad. La segunda ocasión es cuando el régimen se convierte en una tiranía por la acción represora del que se impone. Los dictadores pueden llegar al poder de muchas maneras, algunas veces de manera democrática, otras por la fuerza de las armas y, las menos, por vacíos de poder que se generan, aunque también suelen ser acompañados de actos violentos.

La tercera es la más preocupante: cuando los ciudadanos así lo quieren, es decir, cuando una mayoría o una minoría significativa e influyente apoya este tipo de medidas contrarias a las ideas de la libertad. En España, no solo son los partidos más extremistas los que empiezan a actuar de esta manera, sino también los que se supone que están en posiciones más moderadas.

Tengo la sensación de que nos estamos abandonando a esta peligrosa deriva, no sólo en España, sino también en el ámbito más internacional. El próximo artículo lo dedicaré a la Unión Europea y su preocupante deriva autoritaria.

 

Alberto Illán Oviedo


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Opinión

¿Bipartidismo político o mamporrerismo de la derechita cobarde?

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El bipartidismo se reparte las instituciones… y presume de ello.

Bombo y platillo al acuerdo PP y PSOE para el reparto de las instituciones. Hay acuerdo en la renovación del Defensor del Pueblo, el Tribunal de Cuentas y el Tribunal Constitucional. No es un acuerdo del Parlamento. Es un acuerdo del bipartidismo. Y esto es lo grave. Ellos se lo han guisado y ellos se lo han comido ignorando al resto de fuerzas políticas, entre ellas al tercer partido del hemiciclo, Vox, absolutamente ausente del ‘tejemaneje’.

 El acuerdo además, tiene dos importantes peajes. El primero, la salida de Margarita Mariscal de Gante del Tribunal de Cuentas. Era el azote de los independentistas, la que había exigido avales por la malversación de fondos del mal llamado referéndum. Fue la voz de la ley y la justicia frente a la permanente impunidad. Logró helar la sangre de los ‘separatas’ cuando sintieron el peso de la ley sobre sus patrimonios. Ya no estará. Y es caso seguro que quien le sustituya no será tan firme. 

¿Era necesario que el PP pagase este peaje?, ¿se trata del precio que los populares pagan por la enésima ‘operación diálogo’?

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Otro de los nombramientos con regalo envenenado es de la magistrada Espejel en el Tribunal Constitucional. Desde el punto de vista profesional y personal para Espejel quizás sea un ascenso. Pero la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional se pierde una presidenta que se había convertido en el azote de los terroristas, en el cerrojo del trato de favor.

Pero es que además, es más que probable que acusen a Espejel de estar contaminada y que la obliguen a quedar fuera de muchos asuntos, así que el PP ha hecho un pan con unas tortas. Y además, tropieza por enésima vez en la misma piedra: el juez nombrado es tan afín y tan evidentemente afín que no podrá pronunciarse sobre nada que de verdad le interese al PP. Y si no tiene pudor los de enfrente se lo harán tener por la vía rápida.

De esta forma tan torpe PP y PSOE se reparten las instituciones de todos. Se irrespeta la autonomía de la Fiscalía nombrando a la que había sido ministra de Justicia antes de ayer. Se ningunea al Supremo desde la presidencia del Congreso. Se minimiza la condena del Constitucional por el ilegal e ilegítimo estado de alarma. Se retuerce el Consejo de Estado, se prostituye el Consejo de RTVE. Y ahora se pretenden repartir los jueces como cromos.

Y todavía hay quien se pregunta por qué el pueblo español ha estallado buscando una alternativa real y no una alternancia.

 

El anzuelo del pescador

  • Pluses antiETA. Según The Objetive, 10 años después del fin de ETA, Interior sigue repartiendo 43 millones sigue repartiendo de pluses antiETA en País Vasco y Navarra.
  • Sánchez rescata a Uribes. Quien fuera ministro de Cultura, José Manuel Rodríguez Uribes, ha sido nombrado embajador de la delegación permanente de España ante la UNESCO
  • Presión fiscal. España es el país occidental donde más ha crecido la presión fiscal durante la pandemia. Matando la gallina de los huevos de oro. ¡Si se puede!

 

 

 


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Cantabria

1937. El año en que el nuevo orden mundial perdió a España

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El Gobierno del Frente Popular perdió la guerra en el verano de 1937

Todas las guerras, como los partidos de fútbol, se luchan hasta el último minuto, pero menudo ocurre que se sabe va a ganar desde mucho tiempo antes de que el árbitro pite el final.

En el caso de la guerra de España, por ejemplo, se puede decir con total autoridad que el Gobierno del Frente Popular la perdió en el verano de 1937, con la doble derrota de Brunete y Santander. Porque hay que entender que la sangrienta batalla de Brunete fue lanzada por el Gobierno del Frente Popular para evitar precisamente en la conquista de Santander, lo que sucedió de todos modos, cuando ambas batallas las ganaron los nacionales. Y después de estos dos episodios decisivos, que resultaron en la pérdida del Norte para el Frente Popular, vendrían muchas más derrotas importantes para ellos como Teruel o el Ebro, pero la victoria de Franco ya estaba sellada mucho antes.

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Contrariamente a lo que muchos piensan, la batalla del Ebro no fue la de que determinó la victoria del Ejército Nacional en la Guerra Civil Española, igual que tampoco la batalla de Gettysburg fue el turning point de la Guerra de Secesión estadounidense. Ambas grandes batallas fueron realmente la consolidación de la victoria del bando que realmente se haría con el triunfo final, pero hubo otras batallas que anticiparon ese desenlace mucho antes. Para la Guerra de Secesión estadounidense, ese momento decisivo se produjo con la Batalla de Antietam, primera victoria indiscutible del Norte, que desanimó la potencia es como Francia o Reino Unido de intervenir a favor del Sur.

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Cómo se desarrolló realmente la Guerra Civil Española

Este artículo tal vez pueda ayudar a mucha gente a entender cómo se desarrolló realmente la Guerra Civil Española, aunque sea de forma resumida, pues hay un gran interés desde el poder para confundirnos y que no vemos las cosas como técnicamente fueron. Al margen de filosofía barata y pajas mentales, tanto políticas como pseudo militares.

Para empezar, hay un concepto que conviene siempre tener en cuenta y es el de romper el frente, qu significa ni más ni menos que las líneas enemigas en un punto en concreto y poder internarse en el territorio contrario. Esto significa una gran ventaja la estratégica que nos puede permitir hasta embolsar grandes formaciones enemigas y para conseguirlo suele hacer falta concentrar muchas fuerzas y de gran calidad en ese punto en concreto. En nuestra Guerra Civil Española, por ejemplo, en la primera mitad del 37, se produjo una gran concentración de fuerzas nacionales en el Norte, para acabar de tomar Vascongadas y Santander, antes de continuar la conquista hacia Asturias. Y por supuesto que estaban allí reunidas las mejores tropas del Ejército Nacional con toda la artillería, carros y aviación posible.

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Un Gobierno de corruptos al servicio del Nuevo Orden Mundial

El Frente Popular entendió entonces que la suerte del Norte estaba echada y con ella la de todo su Gobierno de políticos corruptos al servicio del Nuevo Orden Mundial. Y por eso intentó ayudar a sus alejadas provincias del Norte y al Gobierno de Euskadi, que se había independizado incluso de ellos, mediante una gran operación en torno a Madrid. La campaña que luego sería conocida como la Batalla de Brunete y cuyo objetivo no era otro que distraer fuerzas del Norte para retrasar o impedir esa gran ofensiva nacional. Sin embargo, la política de Franco de no ceder ni un palmo de tierra dio sus frutos una vez más. Y envió a las mejores tropas a Madrid para combatir ese ataque del Frente Popular por la zona de Brunete, Quijorna, Villanueva de la Cañada y otras poblaciones cercanas.

La División 13 Mano Negra: ¿quién ganó la batalla?

El resultado de la batalla de Brunete fue discutido, pero estratégicamente no hay duda de que fue una victoria nacional. Para este bando, sólo se perdieron algunos pueblos y por un tiempo, mientras que la campaña del Norte se pudo reanudar con toda normalidad. Fue evidentemente un nuevo fracaso del Frente Popular, que ni con todo el apoyo de todo el Nuevo Orden Mundial pudo conseguir esa victoria estratégica que necesitaban. Y hartos de que sus enemigos se apropiaron victorias que eran suyas, las fuerzas nacionales bautizaron a su mejor dirección con este lema en árabe:

 

¿Quién ganó la batalla?

Se trataba de la mejor división del Ejército Nacional, la División 13 Mano Negra, cuyo emblema era una mano de Fátima sobre fondo rojo y con ese lema en árabe.

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La batalla de Santander fue el evento decisivo de la Guerra Civil Española

Una División compuesta por las mejores tropas marroquíes, falangistas, legionarias, etc. Una división que nace precisamente en esta Batalla de Brunete y que seguirá ganando batallas para el Ejército Nacional durante mucho tiempo, hasta el final de la Guerra. Un conflicto que quedó sentenciado cuando el Ejército Popular frentepopulista quedó derrotado bajo el sol del ardiente verano en Madrid en 1937. El anticipo de la embestida decisiva del Ejército Nacional contra el Norte, llevada a cabo a continuación, siendo la Batalla de Santander su evento más decisivo, yo diría que de toda la Guerra Civil Española. De hecho, la prensa nacional celebró con increíble la victoria, inclusive con titulares como éstos:

La vida es milicia y hay que vivirla con acendrado espíritu de patriotismo y sacrificio.

Tropas regulares de santanderinos mezclados con independentistas vascos: aquello no podía funcionar

En la Batalla de Santander se observaron con toda crudeza los vicios que lastraban al Ejército Popular (con sus facciones independientes de Euzkadi y Cataluña) desde el principio de la Guerra. Problemas iniciales que en todo un año de guerra no supieron corregir y que les costaron la victoria. En concreto, la falta de unidad de mando incluso con respecto a Madrid, pues el del Norte fue un Ejército que se desenvolvió prácticamente a sus expensas, prácticamente sin el apoyo de aviación que tanto necesitaban. Y tampoco se entendieron entre ellos, cómo podrían, cuando estaban juntándose tropas regulares de santanderinos mezclados con independentistas vascos, cada uno con su partido e ideología propios. Un auténtico maremagno del que solo podían salir derrotados frente al entusiasmo y unidad del Ejército que tenían enfrente, no menos dividido entre carlistas, liberales o fascistas, entre los cuales destacaban las numerosas tropas italianas. También había muchos contingentes marroquíes, pero todos ellos sabían que había una jerarquía única y un objetivo muy claro: ganar la Guerra cuanto antes para evitar que el conflicto europeo por venir se concatenara con nuestro propio conflicto civil. Y fue un objetivo que se cumplió.

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Sirva este artículo como homenaje a todos los combatientes honrados de ambos bandos y a la población civil, que sufrieron en sus carnes esta desgracia, y como un homenaje de desagravio a los que son hoy en día insultados después de haberlo dado todo por la Patria. Insultados, además, por políticos corruptos como son los del PP o el PSOE, con sus respectivas marcas blancas. Vergüenza para ellos y honor y gloria a los héroes. ¡Viva España!


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Opinión

Supremacismo indigenista: marxismo posmoderno y resentimiento social

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En todos los casos, intentan restaurar sus viejos imperios perdidos, o la grandeza de sus tribus, pero siempre mediante el rechazo o el ataque al legado de la Hispanidad.

 

Los indígenas son nuestros hermanos, sea cual sea su país de origen. Pero algo muy distinto es el supremacismo indigenista, que es una estrategia más del marxismo posmoderno para dividir y controlar a la sociedad, intentando enfrentar a los indígenas —o quienes se perciben como tales sin serlo— contra todo el que no lo es.

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Hemos escrito antes que el marxismo en su versión clásica enfrentaba a los proletarios contra los oligarcas, contra los propietarios de los medios de producción, para finalmente asesinarlos e imponer una dictadura de los “pobres” a sangre y fuego.

En su versión posmoderna, ese relato moderno fue deconstruído (Lyotard) y se pulverizó en relatos menores que enfrentaban ahora a unos sectores de la población contra otros. Para ello el marxismo posmoderno crea diversos supremacismos: el homosexual, el feminista, el negro, el ecologista y el indigenista.

El supremacismo indigenista es una estrategia del socialismo posmoderno que sostiene que todo lo que llegó a América de Europa es un abuso, porque los conquistadores no aportaron absolutamente nada bueno y sólo vinieron para despojar a los indígenas de sus tierras y sus riquezas naturales, además de violar a sus mujeres y diseminar enfermedades, como la viruela, causando millones de muertes.

El combustible que alimenta el supremacismo indigenista es el mismo que alimenta a todos los otros supremacismos socialistas: el resentimiento social. Es el culto al odio, al rechazo, a la mala sangre, que tanto promovía Karl Marx, el padre del odio social, y que usó como base para motivar el asesinato contra quienes consideró enemigos.

En la narrativa del supremacismo indigenista, los indígenas vivían en un paraíso fantástico antes de la llegada de los europeos. Disfrutaban de su convivencia armónica entre ellos y con la naturaleza, no había pobreza, enfermedades, ni problemas políticos, eran todos ricos, y gozaban de la mejor educación.

Pero nada más alejado de la realidad, como prueban los datos históricos que muestran que la conquista no la hicieron en realidad unos cuantos cientos de españoles, sino decenas de miles de tlaxcaltecas y de texcocanos que los acompañaron, ya que estaban hartos de los abusos del imperio azteca.

Por supuesto que había muchos problemas entre las poblaciones indígenas. Muchas etnias estaban dominadas por los aztecas, quienes les exigían tributos exagerados y los sacrificaban en sus altares a sus dioses, extrayéndoles el corazón aún latiendo, y con un cuchillo de pedernal. Incluso hay documentos de sacrificios de niños.

Antes de la Conquista la cultura y las tecnologías de los indígenas estaban atrasadas con respecto al promedio en el viejo continente, ya que no manejaban la metalurgia, ni los textiles, ni las armas de fuego, ni la pólvora, ni barcos, ni brújula, ni el papel, ni universidades, y se practicaba el canibalismo y el sacrificio humano.

Un plato típico mexicano que se consume sobre todo en fechas independentistas durante septiembre en México, el pozole, data de épocas precolombinas en las que se preparaba con la carne de seres humanos. Los españoles encontraron tal cosa como un signo de barbarie y sustituyeron la carne humana por la de cerdo.

Idealizar el pasado indígena como algo magnífico, armónico y muy avanzado no tiene sustento alguno en la antropología histórica, como tampoco asumir que todos los españoles eran delincuentes crueles, ignorantes y ambiciosos.

En México hay corrientes de pensamiento muy minoritarias y sectarias que desde hace décadas han promovido algo así como “la restauración” de la cultura azteca, del Gran Anáhuac, con prácticas que incluyen el culto a líderes aztecas como Cuauhtémoc.

Para los adeptos a esta escuela, muchos de los cuales son socialistas y detestan a la Iglesia Católica, y a todo lo de origen español, incluido paradójicamente este idioma en el que se comunican, porque no lo hacen en náhuatl, es necesario destruir todo el legado europeo para imponer una cultura basada sólo en el imperio azteca, su modelo de vida perfecta.

Estos supremacistas indigenistas rechazan entre sus filas a todos los mestizos blancos, a quienes consideran inferiores en todo, y “descendientes de un pueblo de prostitutas”. Rechazan las empresas con capital español, y en especial los bancos, como el Santander y el BBVA, a los que atribuyen buscar que México y América Latina vuelvan a vivir bajo “el yugo” europeo.

El propio presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ha calificado a la empresa española Iberdrola como “corrupta”, y en el aniversario de la caída de Tenochtitlán, el 13 de agosto, montó una maqueta del Templo Mayor en pleno Zócalo, habló de “500 años de resistencia”, y sigue usando como logo del gobierno un “Quetzalcóatl”, uno de los dioses aztecas, con lo que queda en entredicho la laicidad del Estado.

Además, ha participado en rituales indígenas para “limpiarse” de mala energía o para la buena suerte, al tiempo que exige que España y el Rey pidan perdón por la Conquista.

Los supremacistas aztecas se rigen por el calendario azteca, al que no llaman así, sino “tonalámatl” o piedra solar, sistema que consta de 18 veintenas (equivalentes a meses), y 5 días y un cuarto, llamados “nemontemi” o días de reflexión.

Consideran su calendario como el más exacto del mundo, por empezar cada año en horario distinto, pasando de las 12 de la noche a las 6 de la mañana, a las 12 del día y a las 6 de la tarde, con lo que se evita un día extra y con ello el año bisiesto.

Para ellos la Iglesia Católica es “la gran prostituta”, idea que han retomado de algunos de sus miembros que asistieron a ciertos talleres dentro de algunos ritos de la masonería, que también consideran al catolicismo como “el mayor enemigo” del desarrollo de la humanidad.

Muchos de estos supremacistas organizan grupos de danzas prehispánicas cuyos miembros son altamente intolerantes a todo lo católico y en general a la hispanidad. Pueden regirse por jerarquías militares, siendo el máximo grado el “general” que los manda, y al que a menudo se le atribuyen “poderes” espirituales.

Este tipo de danzantes no aceptan el sincretismo religioso, a diferencia de los conocidos como “concheros”, que sí abrazaron la religión católica desde siempre, y celebran las mismas fiestas patronales que todo el 77% de la población católica que conforma a México.

Los danzantes “guerreros” de la restauración azteca son en realidad una escisión relativamente reciente de los “concheros”. Han ido sumando adeptos en las zonas marginales de las grandes urbes de México.

En el fondo, como hemos dicho, se alimentan del odio de los lumpen proletariados que, adoctrinados por sus allegados marxistas, culpan al hombre clase mediero blanco y culto de todos sus males, al que atribuyen en general su falta de oportunidades, su pobreza, sus desgracias.

De origen, de todo tienen la culpa los españoles, y desde ahí empezó todo a estar mal según su lectura de la historia. Por eso, si no hubieran venido a conquistar lo que hoy es México —dicen en sus delirios estos supremacistas indigenistas-, los descendientes de los indígenas vivirían aún en el paraíso terrenal, rodeados de oro, frutas, insectos y aves magníficas en tal abundancia que no sería necesario ni trabajar.

Por supuesto, la militancia de estos supremacistas en el indigenismo es un rostro más del marxismo posmoderno. Interrogados, no niegan ser de izquierda y acarician todos los mismos prejuicios que los miembros de otros supremacismos: el de los negros en Estados Unidos, el de los homosexuales, y sobre todo el de las feministas.

A todos juntos, no por casualidad, les repugna quien tiene una posición acomodada de la que ellos carecen, a todos les da asco el mestizo blanco y el descendiente de europeos, igual que los empresarios, los industriales, las universidades privadas, los partidos de derecha, y los sacerdotes católicos o pastores cristianos.

No sólo en México hay supremacismo indigenista, sino en muchos países de América que tuvieron antepasados indígenas, como Perú, Bolivia, Venezuela, Chile y Brasil.

En todos los casos, intentan restaurar sus viejos imperios perdidos, o la grandeza de sus tribus, pero siempre mediante el rechazo o el ataque al legado de la hispanidad.

Son los que han promovido que se retiren los monumentos de Cristóbal Colón en Estados Unidos, México y Venezuela y que se agrupan en movimientos de “resistencia” muy de la mano de partidos de ultra izquierda, gobiernos marxistas o el Foro de Sao Paulo.

 

Raúl Tortolero


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