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Opinión

La magia de la Navidad

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Desde que comenzó el Adviento este 27 de noviembre, que fue el primer sábado, la liturgia cristiana, católica por más señas, sana, milenaria y positiva, marca nuestras vidas de un modo muy especial, paso a paso, día a día y le pese a quien le pese. Nos produce alegría, mira tú y nos inunda de gozo, nos anega y nos hace mejores, nos suaviza los contornos perimetrales, nos ahueca y nos presta una confianza y una luz conmovedora. Quieras que no –velis nolis- barruntas algo que nos supera y trasciende a la mayoría ecuménica, un no se qué, que queda en nosotros y eso reconforta mucho.

La Navidad, la conmemoración histórica de la venida de Cristo a la Tierra, cumple exactamente 2017 años en estos días del 2016. La era cristiana se introdujo más bien tarde y lo fue por el abad Dionisio el Exiguo, que murió en el año 540 después de Cristo. Estábamos en el año 753 de la era romana –ab urbe condita se decía según Tito Livio- cuando nace Jesús, año que considera este abad como año uno de la era cristiana, debiendo ser el cero de esta era, por lo que Cristo parecía nacer antes de Cristo, por culpa, según dicen, de esta omisión del 0 en una cuenta de sistema decimal.

Error de este Dionisio, el matemático monje escita y enano, del siglo V, que inventó lo del anno dómini, iniciando la era cristiana, que vivimos en occidente, antes de tiempo porque se olvidó del año cero. Vete a saber. Yo lo apunto con la mejor voluntad y he añadido un año jubilar. Es todo lo más que ocurre y no es para tanto ¿Pasa algo?

La conmemoración entre los primeros cristianos, perseguidos y azacanados, sin duda, no pasaría de una tierna liturgia. Poco a poco se fue revistiendo como la conmemoración fundamental que es y que llenó el bajo medievo de poesía. San Francisco, inventor del belén en la intimidad de las familias, a finales del XII y principios del XIII, que no es ninguna futesa, sacó la Navidad de aquella celebración monacal preñada de liturgias gregorianas y la extendió hacia los sencillos villancicos familiares en torno a la lumbre de los hogares.

Festejamos con alborozo el concepto y la estética navideña, que caló en nuestra civilización cristiana desde finales del XVIII y a lo largo del XIX y que procede de los románticos, la modernidad de entonces, gentes de la talla de Goethe, Schiller, Shelley, Keats y muy especialmente Irving y Dickens, nada menos, a caballo del victorianísmo inglés, que va, en su largo reinado desde 1837 a 1901, dando una nueva estética propia y que armoniza todos estos hábitos y liturgias, hacia una fiesta muy familiar, que mantiene el belén y el portal, en el catolicismo de la contrarreforma, con la escena más realista posible de lo que suponemos que fue e inserta costumbres centroeuropeas, como la del árbol de Navidad, el Tannenbaum, el abeto –Abies nordmanniana o Picea excelsa- que en su origen es una adaptación que hace el inglés san Bonifacio -el apóstol de los germanos- allá por los siglos VII y VIII, que adopta un árbol de hoja perenne –como lo es el amor de Dios- en sustitución del caducifolio con el que conmemoraban los aborígenes al Dios sol. A esto hay que sumar lo que supuso desde 1818 el Stille Nacht, heilige Nacht, de los autríacos Mohr y Gruber, de Oberdorf, y a partir de cierto momento del XIX, la oleada marketiniana, en coronas y guirnaldas de pino, y acebo, verdes intensos y rojos brillantes- del Bon Marché, Woolworth, Marks&Spencer, Thietz, Lafayette, que en España significa El Corte Inglés. Añádanse Bing Crosby y su White Christmas y para qué quieres más.

Hacen falta muchos jafetitas, y con mucho más cuajo y sustancia de la que dice tener el pobre Echenique y más activos que ratas almizcleras con escocedura inguinal, para apagar la Pascua de Navidad y darnos la tarde a los creyentes, que, insisto, somos mayoría muy cualificada. Los jacobinos comunistas, con culottes, los que intentan privarnos de lo que pueden, e imponer su caspa, como es el caso del belén de la puerta de Alcalá, que les quema el sucio trasero, marxista y en el que se encuentran de frente con el pueblo soberano pertinaz, lo tienen difícil. Las Navidad es mucho, demasiado para ellos. En su deriva, no advierten, que tienen enfrente no solamente al Vaticano y a nosotros, sino al Corte Inglés, nada menos y por tanto la batalla perdida. Si no son absorbidos es, sencillamente, porque carecen de valor.

Tan sólo tienen en sus caletres odio visceral y meconio y eso, sin infantería de marina e inversores, no va a ningún sitio coherente. En suma, hacen el canelo marxistamente, como tantas veces, hasta que prohíban este partido anticonstitucional, totalitario y rancio que es, por malignidad e insostenibilidad y que no sirve para nada o, todo lo más, para conseguir la carestía de papel higiénico y otros logros similares, que antes, al menos, era el partido extranjero, el de la bandera roja, pasada de fecha, porque la de Rusia ahora es la tricolor zarista ¿Qué ventajas tiene esto para el común?

Se obstinan en disolver lo indisoluble, intentando apagar unas luces y encender otras, en hablar de solsticios y equinoccios paganos, en colgar regletas y escobillones de W.C., en vez de campanitas y ramas de abeto románticas y todo ello con la inestimable ayuda del PP, abducido, que sobrevive en la manga del mal menor, porque se ha desdibujado y descomprometido. Permitir el imperio de la sodomía, la inconsistencia y la vacuidad moral no conduce a nada bueno.

Pues no y que se bajen del carro, que es nuestro. La Navidad sigue sin tener comparación alguna y debe campar por sus respetos en la Europa civilizada, la que todos desean, pese a que nos asesinen los musulmaníacos, que permitimos invadirnos estúpidamente, subvencionándoles y amoldándonos como idiotas del culo, pensando en la imposible emulsión, hasta que aparezca un Truman -o un Trumpman- en esta guerra.

Ya me contarán dónde está el truco.

 

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Cutre sanchismo bolivariano, corrupto y caprichoso. Por Jesús Salamanca Alonso

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«Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone…»

 

Ya no lo pueden ocultar. Se les ha visto enseguida el pelo de la dehesa y han mostrado un alto grado de chulería, bandolerismo e inusual acomodo sin importarles la ciudadanía. Con muy mala fe y peores intenciones, el sanchismo de bragueta caliente ha penetrado en las instituciones como elefante en cacharrería. Y lo han hecho con la colaboración y aquiescencia de esos pequeños partidos asalvajados, sin perspectiva, sin futuro y con miedo a quedar fuera del parlamento; me refiero a los socios del sanchismo, hoy corrompido por los cuatro costados, sin nada que ofrecer y mucho que penar por sus desmanes, presuntos delitos, comisiones ilegales, mordidas brutales, enriquecimiento ilícito, contrabando de joyas y cuentas opacas entre otras gracietas. Ayer decíamos que «el que paga por llegar, llega para robar». Y así ha sido. ¿Ha cambiado algo de ayer a hoy?

Esa penetración en las instituciones se ha hecho de forma cutre, rácana y con intención de engorde de bolsillos, a pesar del desprestigio que ello supone, el riesgo de ser juzgado y la garantía de ser un pasante más de centro penitenciario. Solo apreciaremos una brisa de esperanza cuando el castigo de la prisión acoja a los comisionistas, golpistas, francotiradores del deshonor, corruptos, titulares de «offshore» y abusadores aprovechados del Erario Público. Tranquilos que en Hacienda también se refugian algunos, como se ha podido comprobar. ¿Acaso creen que la cúpula del ministerio de Hacienda, recién dimitida, ha dado el paso por deporte? «Átate los machos, María Jesús, que empiezan a sonar esquilas, vociferar denunciantes y llegar documentación a quien debe basarse en ella y después condenar».

La situación política de corruptos, acosadores y jueces responsables se pone interesante. No hay más que fijarse en la judicialización del sobre de Víctor de Aldama. En este sentido, Donald Trump se ha comprometido a que, de no decir la verdad la «cacatúa» venezolana, acabará en prisión. Pero ha ido más lejos el «amenazador» presidente, de ahí que haya comprometido su palabra. Antes o después, y tras ser buenos amigos, Aldama y Delcy han acabado como el rosario de la Aurora. Para quien no lo sepa, o no lo recuerde, Delcy Rodr´guez ha sido la primera responsable de asesinatos, abundante narcotráfico, procuradora de presuntas riquezas con destino a Rodríguez Zapatero y ha saqueado el petróleo venezolano para dárselo a Cuba, lo que ha supuesto un incontable enriquecimiento para ella. Con ese petróleo no se podía traficar.

Me gustaría saber qué ha tenido que ver Delcy Rodríguez en la muerte de Paco Suárez. Tal vez, todo. No lo puede negar. Quizá nada tuvo que ver Zapatero. Yo no le creo capaz, pero no pongo la mano por un sanchista ni para colgar su abrigo. Están empezando a recoger lo que han sembrado. La delincuencia sanchista me agobia, delinquen más deprisa de lo que puedo abarcar. Hoy me entero que PDVSA estaba defendida por Baltasar Garzón; conste que lo cuenta el «Pollo» Carvajal, el mismo que acusa a Garzón de haberse «llevado mucho dinero», pero ni da pruebas ni lo aclara ni lo explica, ¿será que esa información no me ha llegado o es que tira la piedra y disimula la mano?

Tras las fechorías de Delcy, se nota que ha ganado en inseguridad sobre su persona. ¿Venían las «joyas de Nefertiti» en alguna de las cuarenta maletas del aeropuerto? Ha demostrado que colaboró con el PSOE a tiempo total, desde callar trapacerías hasta ocultar las mentiras que se han dicho sobre la falsa liberación de presos por parte de Zapatero y el episodio de Edmundo González, pasando por la posible entrega de mina de otro y joyas sin controlar tras expropiarlas, al menos es lo que cuenta el «Pollo», que más tiene de gallo que de cobardica. Eso, sí, el expresidente, Rodríguez Zapatero, que no vuelva a hablar de liberación de presos bolivarianos porque no lo ha hecho.

Esa falsa liberación y sus amenazas a presos del helicoide, tan solo son palabras vacías del ministro Albares para tapar su propia inutilidad en el exterior. No coincide lo dicho por el «joyero» Zapatero con lo que cuentan los presos y la ciudadanía venezolana. Al «Zapa», como le llaman en Caracas, le consideran una de las personas que más ha colaborado con el régimen y más daño ha hecho a los venezolanos, de ahí su miedo a que hablen Corina Machado, Trump, Edmundo González, Diosdado Cabello y el «Pollo» Carvajal. Ya solo le falta decir a Rodríguez Zapatero que el helicoide y la tumba eran un «resort», un invento de la oposición y un chiringuito financiero para los presos políticos, con ahorro obligatorio.

¿De dónde venía el dinero de las comisiones y mordidas de Rodríguez Zapatero y sus hijas? Canta, canta, José Luis, que te va a arder la lengua. Se habla de unos trabajos, llevados a cabo por las «góticas», que no tenían el valor de lo que ingresaban. ¿Y pensaba ZP que no se iban a investigar esas cantidades astronómicas? Todos sanchistas y «zapateristas» nos toman por imbéciles hasta que alguien los orina en la oreja para que crean que llueve. José Luis estaba convencido que nadie le metería mano por haber sido presidente. Demostraba ser un chulo de estantería, sin más, como Patxi López ante las preguntas del considerado y profesional de la comunicación, Vito Quiles.

A la vista de lo sucedido, estamos ante un mentiroso compulsivo y lo hemos visto en el tema de las joyas: ha dado varias versiones diferentes y difíciles de creer. Es tan torpe que, con tal de que nos creamos sus inventados relatos, lo mismos le da planchar huevos que freír corbatas o arrastrar catedrales. Si bien es tan chapucero y mentiroso como Sánchez, también es falso, corrupto y zángano, además de irresponsable. ¿A quién se le ocurre pringar a sus hijas en su trama, sabiendo que pueden acabar en prisión como él? El tiempo dará fe de cuanto digo. De momento, la doy yo. Al «Bambi» se le ha caído el sombrajo. Hoy tiene menos credibilidad que la directora general de la Guardia Civil, el DAO y la fiscalía general del Estado juntos.

¿Tendrá Zapatero la hombría, categoría moral y dignidad de renunciar al doctorado que la Universidad de León (ULE) le regalo por desconocimiento de sus fechorías y abusos posteriores? ¿Qué mérito y merecimiento tenía este señor? ¿Tendrá dignidad Fernández Mañueco para exigir a la ULE que le retire el doctorado?

Supongo que algo tendrá que decir la Junta de Castilla y León de este caso y de las acusaciones de corrupción al todavía presunto, y tal vez futuro imputado por la UCO, exalcalde soriano.

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