España
La marcha de Ángel Garrido a Ciudadanos o la traición de Rivera para acabar con Casado siguiendo las órdenes de Soros
Albert Rivera, como buen catalán, si no te la da a la entrada te la da a la salida. El instinto traicionero de esta gente es proverbial. Rivera es un charnego acomplejado y eso le hace menos fiable aún. Rivera es lo más camaleónico que ha tenido la política española desde el conde de Motrico. Es un Don Pipeón con menos luces y peor fondo moral. Rivera es basura política y nadería intelectual. Rivera es escoria disfrazada de jefe de planta del Corte Inglés. Rivera es un tipejo sin principios que sobreactúa para camuflar al mierda que lleva dentro. Rivera se arrima siempre al sol que más caliente. Solo desde la máxima candidez monjil se le puede otorgar a este traicionero un átomo de fiabilidad. Rivera es una cosa repugnante y despreciable. Rivera pertenece al estrato más bajo de la indignidad política.
Rivera se la ha jugado al PP en la recta final de las elecciones. Rivera es como estos estafadores taimados que se ganan tu confianza para hincarte la faca cuando más confiado estás. Se ha pasado la campaña reclamando una coalición con el PP para traicionar a los de Casado en el último minuto. Ciudadanos ha fichado a Ángel Garrido, el presidente de la Comunidad de Madrid designado a dedo por Rajoy tras la salida de la cleptómana Cristina Cifuentes. En circunstancias normales, la marcha de Ángel Garrido a otro partido no tendría que haber sido noticia, sobre todo porque Ángel Garrido es un político insustancial y hueco, un don nadie, un mediocre muy conocido en su casa y entre los suyos. Lo que da notoriedad a la noticia es que Ciudadanos haya logrado arrebatarle al PP un presidente autonómico a tres días de las elecciones más importantes de la historia de España. Y lo ha hecho con nocturnidad y malas artes, intentando infringir al PP de Casado el mayor daño posible.
Ángel Garrido comenzó a pergeñar su venganza contra el PP el mismo día que Casado le anunció que no sería el candidato de los populares a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Ángel Garrido es de la clase de políticos que anteponen sus intereses particulares a regla moral alguna. Ha dicho hoy el canalla que la suya ha sido una decisión largamente meditada. El canalla ha mentido porque el canalla estuvo la tarde del lunes en la sede nacional del PP firmando la aceptación para ir de número 4 de la candidatura del PP al Parlamento Europeo. El canalla ni siquiera ha tenido la valentía de anunciar a Pablo Casado su decisión, filtrada a LaSexta por Ciudadanos. Ni siquiera ha tenido el valor de atender la llamada de Casado. El canalla tampoco ha explicado por qué hace unos días calificó a Casado como el mejor candidato, por qué insistió hace un mes en la escasa fiabilidad de Ciudadanos y por qué hoy mismo tenía previsto participar en un mitin de su ya ex partido. ¿Qué es lo que ha cambiado tanto en tan escasas jornada para que el canalla haya dado el paso que ha dado? Con su marcha, la sede de Génova tiene una rata menos.
La maniobra ruin de Ciudadanos y Garrido debería servir al menos para que los dirigentes del PP se dejen de contemplaciones con Rivera. Es preferible perder las elecciones que estar al frente del Gobierno con el apoyo de ‘ciudadanos’ tan abyectos, tan traidores, tan falsos, tan merecedores de un castigo ejemplar en las urnas el próximo domingo. Rivera ha querido asestar un golpe mortal al partido con el que dice querer gobernar. Uno no se imagina a Florentino Pérez arrebatándole un jugador al Atléti un minuto antes de que se cierre el plazo de fichajes. Uno no se imagina a un jefe de la mafia arrebatándole un pistolero al jefe de otro grupo mafioso aparentemente amigo. Significa esto que hay más nobleza en el mundo del fútbol y más sentido del honor en el mundo de la mafia que la que haya conocido nunca Rivera. El asqueroso Rivera. El chaquetero Rivera. El ‘judas’ Rivera. El pútrido Rivera…
En AD nunca nos hemos inclinado por las conjeturas. Pero hay indicios lo suficientemente reveladores para sospechar que la salida de Garrido del PP tal vez tiene un calado más profundo. Numerosos medios informaron hace meses que Soros y Rivera podrían haber mantenido un encuentro en el chalé de Somosierra de un poderoso empresario. La noticia no fue desmentida por Ciudadanos. Los dos debates televisados han puesto al descubierto que Ciudadanos tiene entre ceja y ceja acabar con el PP y ocupar el espacio político conservador para ponerlo a disposición de la estrategia globalista.
No son nuevas las injerencias de la mafia globalista en la creación de un clima emocional que sirva a sus intereses. Sus miembros son los mismos que estuvieron detrás de los atentados del 11M de 2004, para desalojar al PP del Gobierno y provocar la victoria electoral de Zapatero. También han sido los promotores de la invasión masiva de inmigrantes desde el norte de África y de la implantación de normas favorecedoras de la ingeniería social. Rivera lo dejó claro en el debate de ayer: sí al aborto, sí al homosexismo, sí a la eutanasia, sí a los vientres subrogados…
George Soros mantiene una guerra global y sin cuartel contra las naciones europeas. Paga a cientos de ONG, partidos, bandas antifascistas, diarios digitales y páginas y blogs en todo el mundo para sus campañas. Tiene mucha nómina en España y hoy parece sentir predilección por España. A quien odia Soros es a Viktor Orban, el líder húngaro aliado de Casado y que gobierna con inmenso apoyo popular. No como Sánchez. Su parlamento aprobó leyes por las cuales quien intenta ilegal y violentamente entrar en Hungría es expulsado de inmediato tras ser procesado por lo que jamás puede aspirar a regularizar su situación en aquel país. Hungría es una nación que resiste a Soros y tiene fronteras que todos respetan. Nosotros por el contrario nos habíamos convertido ya con Sánchez en su juguete favorito.
Dijimos el 21 de febrero que ahora teme perderlo y que habría que estar atentos a los próximos acontecimientos. Las maniobras de Ciudadanos contra el PP son una maniobra de Soros, que necesita adueñarse del espacio político que hoy ocupa el PP. Con Vox ya tiene controlada la disidencia identitaria. Fue bastante elocuente el viaje a Londres de Iván Espinosa de los Monteros para que los principales bancos de la Citi validaran el programa económico del partido verde. Ahora solo falta liquidar al PP.
La forma en que los grandes grupos mediáticos progresistas están arremetiendo contra el PP, utilizando a Vox para promover la dispersión el voto de la derecha, no deja lugar a las dudas. Soros cuenta también con importantes complicidades dentro del mismo PP. Son los mismos que no le perdonan a Casado que haya prescindido de los corruptos ‘rajoyistas’ que provocaron la desbandada de votantes hacia Vox o que defienda cosas que han sido anatemizadas por las mismas logias a las que pertenecen muchos de ellos. Lo que se juega España el próximo domingo es mucho más que su futuro económico. Nos jugamos que felones como Rivera, que tránsfugas como Garrido, que partidos tan fraudulentos como Ciudadanos, que enmascarados como Bardají, dejen de estar al servicio de las élites globalistas para acabar con nuestra patria.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
