Sociedad
La milmillonaria pija de la que su padre no se fiaba. Ana Botín dice que «He bajado la calefacción de mi casa a 17 grados» ¿En cual de todas ellas, sinvergüenza?
La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, una de las mujeres más ricas de España, ha revelado en una entrevista este viernes que ha bajado la calefacción de su casa a 17 grados para responder a la invasión rusa de Ucrania.
Fue este mismo miércoles cuando Josep Borell, el Alto Representante de la Unión Europea para Política Exterior, pidió a los europeos ―luego matizó que no se refería a los españoles― que cortaran el gas en sus casas, disminuyeran la dependencia de quien ataca a Ucrania y se comprometieran más en una defensa colectiva. Botín, ni corta ni perezosa, se ha puesto manos a la obra cumpliendo las directrices de Bruselas.
“Yo he bajado la calefacción en mi casa a 17 grados. Son pequeñas cosas que los consumidores podemos hacer”, ha confesado la presidenta del Banco Santander en la entrevista que ofrece El Mundo este viernes.
Lo que no sabemos es si habrá bajado el calefactor de su casa en el Viso, uno de los barrios más exclusivos de Madrid, si lo habrá hecho en su finca de Cantabria o, quien sabe, en su vivienda londinense, a espaldas del palacio de Buckingham; descartamos que haya bajado la calefacción del chalé que posee en Gstaad, en los Alpes suizos, dadas las bajas temperaturas que, en esta época del año, afectan a esta exclusiva estación de esquí.
A Botín le podríamos recomendar que, además de bajar la calefacción, quizá podría ayudar más limitando los desplazamientos en su jet privado en aras de luchar contra Putin y la guerra por él iniciada el 24 de febrero; o mejor, ¿por qué no contribuir a la lucha contra Rusia con los más de 2.000 millones de euros que, según reveló El Confidencial, su familia tenía ocultos en Suiza?
Además, la máxima responsable de la entidad financiera española ha asegurado que, desde la invasión rusa, “estamos en un mundo nuevo” y que esta situación tiene “bastantes aspectos positivos”.
“El primero es que hemos sido unánimes, no sólo Europa, sino casi todo el mundo. Pero especialmente Europa ha demostrado que estamos unidos, que tenemos valores y los defendemos. El segundo, que hemos pasado de una Europa que ha sido conocida por ser muy lenta a una Europa que toma decisiones rápidamente”.
Entendemos que Botín no se refiere a las primeras medidas que tomaron las instituciones europeas, con la iluminación de edificios con la bandera de Ucrania, la expulsión de Rusia de Eurovisión, y demás medidas tomadas por Occidente en los primeros días tras la agresión, John Lenon incluido. Medidas que no parecieron hacerle temblar el pulso a Putin, a pesar de su contundencia. En efecto, la banquera debe referirse a las sanciones económicas de los días posteriores.
Las respuestas a las declaraciones de Botín no se han hecho esperar. “Lo que realmente has bajado desde que lo presides son las acciones del Banco Santander de 7,50 euros a 2,85 euros”, ha respondido VOX a través de su cuenta oficial de Twitter.
Santiago Abascal, presidente del partido verde, ha sido más categórico: “No se puede insultar de esta manera frívola a millones de españoles que están pasándolo realmente mal”.
Ésta no es la primera polémica que protagoniza la presidenta del Banco Santander esta semana. El martes, con motivo del Día Internacional de la Mujer, Botín se sumó a las reivindicaciones feministas y confesó haber tenido que enfrentarse a prejuicios en su carrera por ser mujer.
“A la pregunta de si durante mi carrera me he enfrentado a prejuicios. La respuesta es sí”,
aseguró Botín el martes. “La forma de superar esa situación (y se mantiene hasta hoy), es tener confianza en una misma, hacer los deberes y, muy importante, tener paciencia”, dijo en unas declaraciones que causaron revuelo. Creo que no miento si digo que el 99% de los españoles firmarían haber sufrido esos supuestos prejuicios, y muchos más, por estar en su privilegiada situación.
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
