Sociedad
La Real Academia Española (RAE) vuelve a calificar de «idiotismo» al «lenguaje inclusivo». Las progres braman
Una vez más, la Real Academia Española se manifestó en contra de la utilización de la «e» para hacer referencia a una supuesta neutralidad de género.
Hasta la irrupción de las redes sociales, la gran mayoría de la gente tenía la idea que la Real Academia Española (RAE) era algo conservador, casi vetusto. Sin embargo, la entidad supo comprender la era de Twitter y se convirtió en una de las más claras referencias de adaptación exitosa a los tiempos que corren.
Hace varios años que, desde su cuenta oficial, la RAE se dedica a responder de forma oficial las inquietudes de los usuarios que tienen alguna duda y deciden consultar directamente a la fuente principal.
En más de una oportunidad, las preguntas han sido en claro tono de broma, pero lejos de ignorar los comentarios, desde el Twitter de la máxima autoridad de nuestra lengua, se ha respondido con sentido del humor, generando viralizaciones que no hicieron otra cosa que popularizar la cuenta.
El «lenguaje inclusivo» y la RAE
No han sido pocas las veces que se ha consultado sobre la legitimidad del llamado “lenguaje inclusivo” y las respuestas han sido siempre inapelables. La RAE no admite las variaciones con finalidades político ideológicas vinculadas a la cuestión de género. En reiteradas oportunidades, la entidad dejó en claro que no lo hace con la finalidad que nada cambie.
Recientemente, el gran listado de palabras reconocidas, se les dio la bienvenida a términos como la “beatlemanía”, para reconocer el fanatismo por los cuatro de Liverpool, o el “brunch”, que describe la comida que unifica desayuno y almuerzo. Pero con respecto al lenguaje inclusivo, fundamentos mediante, la RAE no deja de reiterar su negativa.
Ante la pregunta de un usuario que consultó si decir “chiques” o “todes” en lugar de “chicos” o “todos” es un idiotismo, la RAE respondió:
“El uso de la letra «e» como supuesta marca de género inclusivo es ajeno a la morfología del español, además de innecesario, pues el masculino gramatical («chicos») ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género”.
Como era de esperar, el dictamen, en sintonía con todos los anteriores, volvió a ser discutido en las redes sociales y celebrado por los que se oponen a la implementación del absurdo, que busca imponerse por la fuerza desde el progresismo de habla hispana.
@RAEinforma #dudaRAE Decir chiques o todes a cambio de chicos y todas es un idiotismo?
— (@madre_inferiora) December 11, 2020
España
El Papa León XIV ama a España. Y España vuelve a ser católica con León XIV. ¡Viva Cristo Rey!
Una marea blanca que llegaba a donde acababa la vista: casi millón y medio de fieles en la Misa
La diosa flotaba en un mar de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando sobre el cielo añil de Madrid
Suele ser queja habitual de los sacerdotes el retraso con el que algunos feligreses llegan a misa. No ha sido el caso en la eucaristía multitudinaria que ha celebrado esta mañana el Papa León XIV en la madrileña plaza de Cibeles. Cuatro horas antes de su inicio –y comenzaba a las diez de la mañana–, los accesos ya estaban llenos de gente. Numerosos jóvenes ataviados con sus polos de voluntarios o con las camisetas que sus parroquias habían confeccionado para la ocasión se cruzaban con otros chicos de su edad con señales evidentes de regresar de fiesta. No quedaba del todo claro qué grupo contemplaba al otro con más sorpresa.
Mientras unos iban a misa y los otros se recogían, los primeros rayos de la mañana comenzaban a despuntar sobre los tejados de Madrid. Centenares de sacerdotes bajaban desde el parque del Retiro en dirección a Cibeles. Pocas misas se habrán celebrado esta mañana en la capital y alrededores: prácticamente todo el clero madrileño se encontraba, desde las seis de la mañana, en las inmediaciones de la icónica plaza.
Para uno que dejó de salir de fiesta hace tiempo, ver amanecer en Madrid constituye una experiencia extraordinaria, que evoca andanzas nocturnas ya casi postergadas en el desván de la memoria y permite apreciar la sobresaliente arquitectura capitalina bañada con unas tonalidades cromáticas únicas.
Aunque pueda parecer lo contrario, no es la Cibeles una plaza especialmente adecuada para acoger grandes multitudes. Se alegará que la diosa es la primera tributaria de los trofeos del Real Madrid –cuando los conquistaba, al menos–, y que centenares de miles de aficionados acuden –acudían– a esos baños de masas. Y es cierto. Pero la propia centralidad en la plaza de su figura y su carro tirado por leones la convierte en un cierto estorbo cuando se pretende focalizar la atención en otro punto que no sea ella.
Ese era el caso esta mañana, con el gigantesco escenario instalado –a modo de presbiterio– ante la imponente fachada del Palacio de Telecomunicaciones, que se transformó, por unas horas, en un extraordinario retablo pétreo y refulgente.
Y, frente a él, la multitud. Cerca de millón y medio de personas, puntualizaron las autoridades. ¿Fueron más; acaso algo menos? Hasta donde alcanzaba la vista, una muchedumbre incontable abarrotaba todas las calles aledañas. La diosa flotaba en una marea blanca de albas y paraguas que amortiguaban el sol que se iba elevando implacable sobre el cielo añil de Madrid.
Llegó León XIV cuando faltaba algo menos de media hora para comenzar la misa, y su paso con el papamóvil elevaba oleadas de gritos, aplausos y teléfonos móviles que buscaban inmortalizar el momento.
Este Papa quiere a España, y se le nota. Que un Pontífice elija nuestro país como el primero que visita de Europa, y que lo haga durante siete días, es una prueba irrefutable de ello. Y, a la vista de la reacción de las multitudes, España quiere al Papa. Las palabras que ha dedicado a nuestro país denotan un interés y un conocimiento profundo de nuestra nación, que ya había visitado en, al menos, una docena de sus ciudades.
La «encomienda» –qué palabra tan nuestra– que ha dejado en la misa de esta mañana pasará a formar parte de nuestro acervo: «He aquí una encomienda para la España de hoy y de mañana: que la religiosidad que desde hace siglos anima a este país no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe desde la que beber también hoy». Pongámonos a ello.
