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La RFEF confirma que la Supercopa de España se disputará los próximos tres años… ¡en Arabia Saudí!

Redacción

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Imagen de archivo del estadio Rey Abdullah de Yeda, en Arabia Saudí. wikipedia.org

El estadio Rey Abdullah de Yeda en Arabia Saudí será el escenario de la Supercopa, la primera que se jugará en enero con formato de final a cuatro, y las mujeres podrán acceder a los partidos libremente y sin restricciones, de forma que no habrá zonas limitadas para ellas.

Fuentes de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) han confirmado la elección de Yeda, antes de la celebración del sorteo de la competición, que se jugará entre el miércoles 8 y el domingo 12 de enero, por suponer una fuerte oferta económica y también una oportunidad de utilizar el fútbol «como efecto de cambio».

La Supercopa es la única competición española que puede disputarse fuera del país, de acuerdo a las directrices de la FIFA, y la RFEF ya aprobó modificar el formato de la misma y que se jugara en el extranjero.

Barcelona y Atlético de Madrid participarán por ser los dos primeros clasificados de la Liga 2018-19, el Valencia, como campeón de la Copa del Rey, y el Real Madrid por ser el semifinalista de Copa con mejor historial, al ser el conjunto azulgrana el actual subcampeón del torneo copero. «Era una competición obsoleta, generaba pérdidas y se había convertido en un problema. Era esto o que desapareciera», sostuvieron las mismas fuentes para defender los cambios.

Esta decisión «meditada» implica un acuerdo por tres temporadas con la Federación de Arabia Saudí, que será beneficioso tanto para los clubes participantes como para el resto del fútbol no profesional, ya que lo que la RFEF ingrese se destinará a éstos.

Sin facilitar las cifras concretas, por el acuerdo de confidencialidad entre el organismo español y la Federación de Arabia, el traslado de la Supercopa a Yeda puede reportar unos 120 millones de euros en tres años al fútbol español. La mitad para la RFEF y la otra mitad para los clubes, aunque las cifras de éstos se harán según un ránking elaborado por méritos deportivos históricos en competiciones nacionales y continentales.

La diferencia horaria -dos horas actualmente-, la duración del viaje que tendrán que hacer los equipos y también su público y el hecho de que todos hayan jugado en Arabia han sido otros dos factores que han pesado en la elección del estadio de Yeda.

El recinto tiene capacidad para 62.000 espectadores, la previsión es que la temperatura en esas fechas sea de unos 20 o 22 grados y la RFEF ha pedido «condiciones de Liga de Campeones» para la estancia y entrenamientos de los equipos, además de esperar buena afluencia de público.

Sobrepasar las fronteras nacionales, en un momento en el que el fútbol español va a optar organizar el Mundial de 2030, ha sido otro argumento de peso para llevar la Supercopa a Arabia, decisión que no va contra las recomendaciones de la FIFA y la UEFA. «La UEFA insistió en que si se iba a un país con limitaciones se usara el fútbol como integración. Desde Arabia Saudí se nos da la posibilidad de participar en una transformación social», precisaron fuentes federativas que insistieron en el acuerdo cerrado también con la Federación de Arabia para supervisar la puesta en marcha de una competición íntegramente femenina» en este país, sede hace un año de la Supercopa de Italia, de otros amistosos de fútbol y de competiciones de otros deportes como tenis o el Rally Dakar.

«Hoy puedo asegurar que mujeres y hombres acudirán en igualdad. Casi todo el interés a nivel económico ha sido similar pero para nosotros representaba un reto. Vamos a liderar un plan formativo muy ambicioso y el comienzo de una competición domestica femenina», explicó Rubiales.

El acuerdo entre las dos federaciones se prolongará durante tres años y la RFEF defendió que tuvo en cuenta para llevarla allí que «la lejanía y el cambio horario fueran la menor posible» y «también la viabilidad económica en algún momento en el que alguna institución no le interesaba que la Federación estuviera boyante».

«Pero es finalista. Nuestra opinión es no dar la espalda a la gente e Arabia Saudí para servir de herramienta de cambio social. Se van a beneficiar mujeres y hombre que viven allí y nuestros clubes más modestos también», añadió Rubiales.

El príncipe saudí consideró un privilegio que la Supercopa española se dispute en Yeda y aventuró «un gran momento en la transformación» de su país, donde el fútbol es un elemento de «unión, que enriquece a la sociedad y mejora la comprensión mutua».

«Queremos aprender de los mejores y profundizar nuestra relación con los que comparten nuestra pasión. España es un aliado natural, una nación que ama al fútbol, la admiramos, tiene los mejores equipos y los mas grandes estadios e instalaciones», indicó antes de destacar que en su país la tasa de quienes practican deporte es del 23% y un 30% son mujeres.

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    Ramsés

    12/11/2019 at 02:17

    Lamentable.

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Zapatillas: comodidad, moda y decisiones de compra en el Perú de hoy

Redacción

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zapatillas: la palabra suena cotidiana, pero en el Perú de hoy concentra una discusión más grande sobre consumo, identidad y hasta salud pública, porque lo que nos ponemos en los pies dice mucho de cómo vivimos y de lo que priorizamos. En Lima y en regiones, la escena se repite: gente que se mueve más, que combina trabajo con trayectos largos y que, en medio de un ritmo acelerado, busca algo que aguante el trote sin castigar la espalda ni el bolsillo.

La “zapatilla” ya no es un objeto reservado para el deporte. Se metió en la oficina (cuando el código de vestimenta se relajó), en el campus, en la combi, en el mall, en la salida familiar del domingo y en la caminata improvisada por el malecón cuando el día se presta. Y, sobre todo, se instaló como una compra que no se hace a ciegas: se compara, se calcula y se decide con una mezcla de gusto, necesidad y presupuesto. Lo interesante es que el mercado lo entendió antes que muchos: el abanico de opciones se ha ampliado al punto de que, en una sola vitrina digital, conviven líneas urbanas, deportivas y “de uso diario”, con marcas globales y otras más accesibles que apuntan al volumen.

Ese crecimiento se nota en la oferta. En el catálogo de marcas de zapatillas de Ripley, por ejemplo, la variedad es tan amplia que el listado se cuenta por miles de resultados y reúne nombres que van desde Adidas, Nike y Puma hasta New Balance, Converse, Skechers, Reebok y Steve Madden, entre muchas otras marcas presentes en el mismo espacio de búsqueda. No es un detalle menor: cuando el consumidor encuentra tanta diversidad en un solo lugar, la competencia deja de ser únicamente “quién vende” y pasa a ser “quién orienta mejor”, “quién ofrece mejor experiencia” y “quién resuelve rápido” si algo no calza como uno esperaba.

También hay un componente económico que empuja la conversación. Las campañas de descuento, cupones y temporadas comerciales han convertido a las zapatillas en uno de los productos emblema del e‑commerce, con mensajes agresivos de precio y urgencia. En esa misma página se promocionan ofertas “hasta 30% OFF” y se menciona incluso la dinámica de cupón en app, un guiño directo al nuevo consumidor que compra desde el celular y caza promociones con paciencia. No estamos hablando solo de calzado: hablamos de un hábito de compra cada vez más sofisticado, donde la gente no solo busca “algo bonito”, sino “algo que rinda” y que, si puede, salga con descuento.

Pero la zapatilla no vive únicamente en la lógica del ahorro. Hay un fenómeno cultural, silencioso y persistente: el calzado se volvió una forma de pertenecer. En el Perú urbano, sobre todo entre jóvenes, la zapatilla comunica. Una silueta ancha o minimalista, un color sobrio o una combinación llamativa, un modelo clásico o uno más “tech”: todo eso funciona como lenguaje. No hace falta decirlo en voz alta. Se ve. Y esa lectura se ha normalizado tanto que hoy hay personas que planifican su outfit alrededor del par que tienen, no al revés.

En paralelo, la demanda de comodidad dejó de ser “un gusto” para convertirse en criterio principal. El ciudadano promedio camina más de lo que cree: para llegar al paradero, para atravesar centros comerciales, para hacer trámites, para moverse en jornadas largas. En ese escenario, la amortiguación, el soporte y la durabilidad pesan tanto como la apariencia. Por eso se ha vuelto común que una misma persona tenga distintos pares según uso: uno para entrenar, otro para calle y otro para el día a día, incluso si todos se llaman “zapatillas”. Y esa segmentación explica por qué los catálogos se han hecho tan extensos y detallados: no se compra lo mismo para correr que para caminar o para estar de pie ocho horas.

La otra cara de esta historia es la digitalización del consumo. Comprar zapatillas por internet —antes visto con desconfianza— hoy es rutina, especialmente cuando el usuario siente que puede filtrar por marca, talla, estilo y precio en segundos. Esa “sensación de control” es clave. La navegación por grandes listados, donde aparecen decenas de marcas y una cantidad muy alta de opciones, refleja que el consumidor peruano ya no quiere una tienda con pocas alternativas: quiere un buscador con muchas puertas. Y el retail ha respondido con páginas que organizan el caos: filtros, categorías y un lenguaje comercial que insiste en el beneficio inmediato (descuento, envío, cupón, campaña).

Ahora bien, en medio de tanta oferta, surge la pregunta que vale oro para cualquier comprador: ¿cómo elegir sin perderse? Aquí, más que recetas, hay criterios prácticos. Primero, tener claro el uso: no es lo mismo una zapatilla urbana, pensada para caminar y combinar, que una de entrenamiento, que debe priorizar estabilidad y soporte. Segundo, mirar el material: la promesa de “ligereza” puede ser buena, pero si el uso es intenso conviene revisar costuras, suela y ventilación. Tercero, no subestimar la talla: el pie cambia con el tiempo, con el calor y con el tipo de media; comprar por impulso suele ser el camino más corto a la incomodidad.

Al final, las zapatillas concentran un retrato bastante exacto del Perú contemporáneo: un país que se mueve, que mezcla lo formal con lo práctico, que compra con más información que antes y que, pese a las diferencias de ciudad y bolsillo, comparte una misma idea básica: caminar cómodo ya no es un lujo, es una necesidad. Y en esa necesidad caben muchas historias: la del estudiante que quiere durar todo el ciclo con un solo par, la del trabajador que prioriza salud y resistencia, la del padre o madre que busca calidad sin desbalancear el gasto, y la de quien —simplemente— encuentra en un buen par una pequeña certeza para enfrentar el día.

 

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